• Mar. 7, 2017, media noche

El profesor Klaus Schwab, economista e ingeniero alemán, fundó el Foro Económico Mundial (World Economic Forum) después de haber pasado más de 30 años como académico de la Universidad de Geneva y como asesor de las Naciones Unidas en temas de crecimiento sostenible. El WEF se llamó European Managment Forum cuando inició operaciones en 1971 y su foco era promover la responsabilidad social empresarial. Hoy el WEF cuenta entre sus miembros a las 1,000 empresas más importantes e innovadoras del mundo y su misión es generar un diálogo permanente público-privado para establecer las agendas económicas y sociales del planeta.

El WEF reconoció hace poco los 10 retos más importantes que la humanidad encara en el futuro inmediato. Por razones de espacio, me enfocaré en los tres más complejos y por ende más importantes de resolver. El primero es el Calentamiento Global. Según la Nasa, en los últimos 650 mil años han existido 7 ciclos de avance y retroceso glaciar. La mayoría de estos cambios climáticos son atribuidos a variaciones pequeñas en la órbita terrestre, pero el reciente aumento sostenido de la temperatura global es visto por la mayoría de la comunidad científica como una de las mayores amenazas a la humanidad.

La temperatura terrestre ha venido aumentando desde 1880, con los 20 años más calientes ocurridos desde 1981 y los 10 más calientes desde el 2004. Según 18 asociaciones de científicos norteamericanos, la causa principal es el “efecto invernadero” originado por actividades humanas que van desde la quema de combustibles fósiles que generan dióxido de carbono, hasta la agricultura y la ganadería que además de reducir la población de árboles (los cuales absorben el dióxido de carbono y emiten oxígeno), generan grandes cantidades de metano (producido por el ganado), otro de los gases que producen el efecto invernadero.

Las consecuencias del calentamiento global son los aumentos en los niveles marítimos que amenaza poblaciones, las sequías profundas y los climas extremos que atentan contra la seguridad alimentaria y el acceso al agua potable.

El segundo reto es el económico, cuyas consecuencias se vislumbran en el corto plazo. Hay dos tendencias que pueden convertir el futuro social en un tema complicado. Primero, los gobiernos de los países desarrollados han seguido endeudándose a un ritmo alarmante y la deuda mundial ha alcanzado más de 200 trillones, casi tres veces el tamaño de la economía mundial. De las 10 economías más grandes, las cuales generan el 68% del PIB mundial, solo tres (India, China y Alemania) tienen un indicador de deuda sobre el PIB menor al 100%. Aun así, tienen altos niveles de endeudamiento. Obviamente, esto limita mucho la capacidad de los países desarrollados para dedicar recursos a los temas de seguridad social.

La segunda tendencia es la llamada “cuarta revolución industrial”; la tecnología está cambiando el mundo aceleradamente y al mismo tiempo tiene un impacto sobre los trabajos, creando nuevos, sí, pero destruyendo muchos y cambiando otros. Se estima que entre el 40% y el 50% de los trabajos actuales serán eliminados por la tecnología nueva en los próximos años.

Solo con ver los avances en los “self-driving cars” de Google nos damos una idea del futuro de los choferes y taxistas. El internet y Amazon se han encargado de golpear fuerte a tiendas como Walmart, Sears y JC Penney, obligándolas a cerrar cientos de locales y despedir a miles de empleados. En los países industrializados, el libre comercio y la tecnología han hecho desaparecer a las industrias intensivas en mano de obra. La globalización no es nueva, ni es una política, es un proceso que ha existido mientras el hombre miraba el horizonte, viajaba y comerciaba. Llegó a un frenazo en agosto de 1914 y el desvío marxista costó millones de vidas y la pérdida de oportunidad y esperanza a muchos países. Pero no debemos olvidar que en los últimos 60 años se ha creado más riqueza que en toda la historia y la población viviendo en pobreza extrema ha pasado del 55% al 23.7%.

El tercer reto global es el político. El voto del brexit y la elección de Donald Trump no son eventos excepcionales, sino más bien síntomas de un fenómeno global más generalizado; una desconfianza creciente sobre la clase política, una población rezagada por la globalización y la tecnología hoy desconfía del sistema.

Para Mary Klador, catedrática de gobernanza global del London School of Economics and Political Science (LSE), la paradoja es que en “el preciso momento en que necesitamos construir los pilares del sistema de gobernanza global, instituciones como la Unión Europea y las Naciones Unidas son atacadas por la creciente ola de populismo, reduciendo la democracia a un mero proceso cuyo resultado ya no importa, siempre y cuando se celebren elecciones.” Solíamos tener dictadores que llegaron al poder socavando las elecciones. Hoy tenemos dictadores que son entronizados y legitimados por las elecciones. La democracia ha perdido su camino y su esencia.

Los retos que se le presentan a la humanidad son importantes, pero no infranqueables.

En tiempos cuando la globalización y el avance tecnológico dividen a las poblaciones entre ganadores y perdedores, el reto político consiste en defender y cimentar los procesos democráticos en todo el mundo, pues, como advirtió John Adams, si la democracia no se administra “nunca dura mucho tiempo. Pronto se desangra, se agota y se asesina a sí misma”.

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