• Mar. 8, 2017, media noche

La convivencia entre los seres humanos no es fácil. Las personas tendemos a resolver con mayor facilidad conflictos con padres, hermanos, compañeros de trabajo, amigos y jefes, pero con nuestros cónyuges se hace más difícil. Si bien es cierto cuando uno está de novio se dan conflictos, cuando ya estamos casados y nos bajamos de la nube, ahí vienen los problemas. Cabe señalar que ni mi esposo ni yo somos personas conflictivas, pero han habido situaciones en que hemos venido aprendiendo a manejar de la forma más constructiva posible.  Cada persona tiene su manera de enfrentar conflictos, a continuación las más comunes:

1. Huir (buscar  vías de escape). Esto generalmente se da por temor a los sentimientos que acompañan el enfrentarlo, y a la reacción de la otra persona. Se postergan y se acumulan hasta que alguien explota. 

2. Ceder. Generalmente hay uno que suele ceder la mayor parte de las veces. Esto puede funcionar por un tiempo, cuando se trata de asuntos no muy importantes, pero eventualmente la persona que cede la mayoría de las veces se cansa. 

3. La política de “ni vos ni yo”. Ninguno consigue todo lo que quiere. Esto es parcialmente satisfactorio, en tanto las personas suelen sentir que siempre ambas están sacrificando algo; pero como todo ser humano, siempre vamos a cuantificar el “sacrificio”, entonces tarde o temprano esta forma de resolver se convierte en una lucha de poder “quién da más”, y el que siente que da más eventualmente explota.

4. Resolver. Esto implica poner sobre la mesa y con claridad los asuntos que están creando el conflicto. Trabajar en conjunto para encontrar soluciones: dos cabezas siempre van a producir más que una; surgirán nuevas posibilidades que ninguno de los dos de forma individual habría visto. Habrá una sensación de que “ambos ganaron”. Esta es la forma óptima de manejar los conflictos.

Hay conflictos que son más sencillos de resolver que otros y esto depende de cada pareja. Lo que sí puedo asegurar es que siempre habrá un tema complicado de manejar, y lo usual es no tocarlo hasta que alguien explota. Yo le escribía memorándums a mi esposo, porque me daba la oportunidad de borrar tantas veces fuera necesario, para no decir cosas que luego me iba a arrepentir.

Pero aún con la tecla “delete” de mi lado, eran unos memos bien duros que en la mayoría de los casos, solo servían para desahogarme y echarle la culpa de todo. Tenemos 27 años de estar juntos, hemos leído mucho y buscado ayuda para mejorar nuestra relación. Los encuentros matrimoniales le dan a uno excelentes herramientas para llevar una mejor relación. Lo peor en la vida es saber que algo no anda bien, y no hacer nada para resolverlo. Invertimos tiempo y dinero preparándonos académicamente: estudiando maestrías, posgrados y hasta doctorados para ser mejores profesionales, pero somos incapaces de buscar qué hacer para tener un buen matrimonio y a veces hasta para salvarlo. 

A continuación, les compartimos algunas técnicas que hemos puesto en práctica:

1. Identifiquen las áreas de conflicto y juntos busquen soluciones concretas 

2. Escojan el momento adecuado para hablar; no lo hagan cuando están enojados/estresados

3. Reconozcan sus errores 

4. Omitan las acusaciones

5. No traigan a colación errores del pasado cada vez que hay un conflicto

6. No juzguen, pregunten primero.

7. Respétense (no gritos, no violencia, no insultos)

8. No involucren a sus hijos

9. Busquen ayuda (psicólogo/terapeuta, guía espiritual y/o un matrimonio que sea ejemplo de una relación sana)

10. No se duerman enojados

11. Pidan perdón(70x7)

12. Perdonen (70x7)

Resolver conflictos dentro del matrimonio no es fácil, pero es posible. Toma tiempo, dedicación, disciplina, mucha paciencia, pero sobre todo amor incondicional. Vivamos bajo este principio: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.” 1 Corintios 13: 4-5.