• Mar. 9, 2017, media noche

Estimado lector, como ya lo hemos dicho, el valor y el precio no son la misma cosa y como alguien dijo: "el cínico es el que sabe el precio de todo y el valor de nada".  Por lo tanto, no es lo mismo "Chana que Juana".

En el largo plazo el valor y el precio deben llegar a coincidir, y existen ciertos hechos que tienden a acelerar ese proceso, como por ejemplo, cuando una empresa esta subvaluada y repentinamente varios posibles compradores, atraídos por la misma subvaluación, empiezan a pujar por adquirirla y muchas veces estos potenciales compradores llegan incluso a caer en “la maldición del ganador” y terminan pagando demasiado.  

En este sentido, recordemos que nunca un negocio es tan bueno como para pagar demasiado, ya que en el momento que lo hacemos estamos destruyendo la rentabilidad futura de la inversión que deseamos realizar.  Sin embargo, tampoco olvidemos que el valor está en el ojo del que lo descubre y lo aprecia y que un negocio no tiene el mismo valor potencial para todos sus “pretendientes”.

Lo mismo ocurre a la inversa, cuando un negocio, principalmente debido a la moda y a la locura de las multitudes llega a alcanzar precios irracionales, que nada tienen que ver con el valor intrínseco del mismo. Recordemos las burbujas de los tulipanes, de la empresa del mar del sur, de la fiebre con los conglomerados y con la sinergia, con las empresas dot-com y finalmente la burbuja inmobiliaria.  En resumen, recordemos que cada cierto tiempo y aunque digamos que no vamos a cometer el mismo pecado, volvemos a caer en la “exuberancia irracional”.  

¿Alguna vez usted ha querido comprar o le han ofrecido vender a precios elevadísimos negocios que no generan ganancias, pero que tienen un “maravilloso futuro”?  Ojalá que no y que nunca le ocurra, pero con frecuencia esto le ocurre incluso a inversionistas “profesionales” que con facilidad caen en esa trampa.  Si le interesa este tema, le recomiendo leer la última edición (2015) del clásico de Burton G. Malkiel “A random walk down Wall Street”.  Pues bien, también en estos casos, eventualmente esos precios elevadamente absurdos volverán a la realidad, la burbuja se desinflará, y los mismos se acercarán al valor intrínseco de dichos negocios.

Recordemos que los precios de los negocios tienden a ser mayores cuando mayor es el crecimiento esperado de los beneficios futuros, mayor es el período de esos beneficios crecientes, menor es el riesgo percibido por el inversionista potencial y menor es la tasa de interés que prevalece en el mercado. Sin embargo, la causa fundamental de que los precios sean excesivamente elevados, es decir, de las burbujas, es la expectativa de que los beneficios futuros crecerán a tasas exorbitantes, casi de forma indefinida, lo cual, como regla general es una mera ilusión.  Y por ello es que hay que tener mucho cuidado con las valuaciones realizadas por “expertos” interesados en vender sus recomendaciones, ya que simplemente ajustando esa tasa de crecimiento y el plazo de la misma, podrán llegar al valor que deseen alcanzar.    

Por lo tanto, para elevar el precio en el corto plazo normalmente lo único que debemos hacer es ponernos de moda, ser atractivos a varios potenciales compradores y organizar una subasta.

Sin embargo, lo importante es ver cómo elevamos el valor intrínseco de nuestro negocio, ya que ello si elevará el precio del mismo en el largo plazo y de una forma sostenible.

Y ¿Cómo lo logramos?

Lo hacemos de esta manera y en el siguiente orden:

Primero, desarrollando nuevos productos.

Segundo, expandiendo el mercado original.

Tercero, expandiendo la participación de mercado, en un mercado creciente.

Cuarto, expandiendo la participación de mercado en un mercado estable.

Quinto, por medio de adquisiciones “inteligentes”, es decir, que aumenten el mercado y

Sexto, reduciendo costos.

Y ¿por qué en ese orden?  Porque en ese orden el rendimiento sobre el capital invertido es mayor y viene decreciendo a medida que vamos pasado de una opción a otra.

Por otro lado, si una empresa goza de un alto rendimiento sobre el capital invertido y de un crecimiento extremadamente lento, la opción es prudentemente acelerar el crecimiento. Y, por el contrario, si el rendimiento sobre el capital invertido es muy bajo, la solución no es aumentar el crecimiento, sino primero resolver el problema del rendimiento, ya que el crecimiento no lo resolverá, sino que lo puede agravar, salvo en casos especialísimos como en el caso de negocios con “economías de escala”.  Y si desea leer más sobre este tema, además de leer “Reflexiones para la alta dirección empresarial”, lea “Valuation”, escrito por Koller, Dobbs y Huyett.  

nramirezs50@hotmail.com.

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