• Mar. 20, 2017, media noche

Somos seres sociales, hemos sido diseñados para establecer relaciones: con Dios, con nosotros mismos  y con nuestro prójimo. Desde siempre construimos vínculos de interdependencia.

Cada ser humano es único, cada quien tiene sus propias creencias, preferencias,  gustos, hábitos, costumbres, comportamientos etc.…, en la vida diaria se establecen relaciones con personas cuyos comportamientos pueden resultar inaceptables. Cuando esto ocurre, se corre el riesgo de ser atrapados por la intolerancia y sus consecuencias naturales: enojo, ira y hasta violencia.

Lidiar con personas intolerantes, iracundas y violentas es una situación que nadie debiera experimentar, en tanto, representan una amenaza a la salud psicológica y física de las personas.   

Dichas personas son aquellas que tienen por costumbre intimidar con gritos y con gestos. Son gente llena de rencor, de inseguridad, que para afirmarse necesitan dañar y menospreciar a los demás.  

Su hábitat natural es aquel en donde hay personas que soportan su desprecio y abuso, ya sea porque no les queda más remedio o porque tienen miedo de establecer límites.

Entendidos en el tema afirman que los comportamientos violentos son propios de personas con trastorno de la personalidad, que disfrutan con el sufrimiento ajeno y les estimula cruzar los límites. Son antisociales que carecen de empatía, no tienen sentimiento de culpa ni remordimiento cuando infringen dolor, son insensibles que abusan y no se sienten mal por ello.

También hay quienes en el transcurso de su vida aprenden a ser agresivos(as). Por lo general son personas impulsivas, irritables, negativas,  terribilizadoras, que son incapaces de controlar sus emociones o les cuesta mucho hacerlo. Su impulsividad puede ir acompañada de frustración y arrepentimiento. Cuando se controlan o apaciguan afirman no querer comportarse así, pero no saben hacerlo de otra manera.

En cualquier caso se debe establecer una diferencia entre enojo y violencia. El enojo es inherente a las relaciones sociales, es una emoción activada por una molestia o una discrepancia y se supera pidiendo o aceptando una disculpa. La violencia es un comportamiento que daña psicológica, verbal o físicamente al prójimo. La Biblia establece la diferencia en Efesios 4:26 que dice: Enójese pero no peque. Pecar es agredir a las personas.

La conducta social enseña a devolver mal por mal, a reaccionar violentamente cuando la persona se siente maltratado(a) o algo no le agrada; hay quienes creen que la dignidad se expresa mediante conductas violentas; se dice que alguien tiene “sangre de horchata” cuando no reacciona agresivamente ante la ofensa, real o supuesta.

Actuar con responsabilidad en situaciones conflictivas  implica luchar consciente y oportunamente contra la ira, y ello se puede lograr llenándose de dominio propio, este es uno de los frutos que el Espíritu Santo de Dios da.

El dominio propio equipa a las personas a tener carácter para no permitir que les agredan, así como, a no agredir a nadie. Ayuda a tolerar cualquier diferencia, molestia, incomodidad, insulto, traición, etc... a establecer límites a personas agresivas que hacen daño, e induce a iniciar un proceso de transformación de comportamientos: pasar de ser persona violenta a ser apacible; de ser intolerante a tolerante. Si se promueven y practican conductas tolerantes y apacibles, se estará contribuyendo a la disminución paulatina de la violencia social e intrafamiliar en nuestra sociedad.

Queremos saber de uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

 

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