• Mar. 23, 2017, media noche

Estimado lector, “reestructuración corporativa” es el término elegante que utilizan las escuelas de negocios y los consultores bien pagados, aunque el valor y el precio del servicio no tengan mucha relación, para hablar de cómo incrementar el “roi” o “return on investment”, es decir, el retorno sobre el capital invertido y la riqueza para el inversionista, que es el criterio fundamental en que se debe basar toda inversión.  

Este criterio es el que hará posible, de forma sostenible, los dividendos y ganancias de capital crecientes para los inversionistas, el empleo y las prestaciones laborales para los empleados, la generación de impuestos en favor del Estado y las obras de filantropía.  Si el “roi” no es superior al costo del capital invertido, en lugar de generar riqueza, la estaríamos destruyendo, independientemente de la ideología que tengamos.  Esto es así de simple.
En los años 60 y 70  y todavía en algunas empresas medianas y grandes, los que mandaban y mandan, es decir, “los jefes”, eran y son los miembros de la dirección superior y creían y creen que los inversionistas trabajan para ellos y no al contrario, y que su única función era o es aportar capital o permitir, sin derecho a la queja, la reinversión automática de las utilidades retenidas, para financiar las fusiones y adquisiciones para obtener una “sana diversificación” y todo para mantener un fuerte crecimiento, un crecimiento donde se crecía por crecer o para aumentarle el ego y bono al gerente general o director ejecutivo. Y casi siempre lo único que ocurría era lo último que hemos mencionado, ya que normalmente se terminaba destruyendo el valor de la empresa y con ello la inversión realizada por el accionista. 

Por eso, cuando la dirección superior le diga que por un buen tiempo no se distribuirán dividendos porque las utilidades retenidas se utilizarán para financiar las “excelentes” oportunidades de crecimiento que existen, usted se debe asegurar que eso es cierto, y ahí es cuando entra en juego la relación entre el “roi” y el costo del capital invertido, que serán las utilidades retenidas.  

Pues bien, lo que necesitamos para incrementar el “roi” es fácil de saberlo, más fácil de decirlo, pero no tan fácil de hacerlo; sin embargo, al menos es útil siempre tener presente lo que debemos hacer para cuando, ya sea por motivaciones propias, o por presiones externas, nos veamos obligados a poner en práctica una “reestructuración corporativa”.

Dado que el “roi” no es más que la razón de las utilidades al capital invertido, para aumentarlo, al menos numéricamente, lo que necesitamos es aumentar el numerador o reducir el denominador y mejor aún si podemos hacer las dos cosas a la vez.  Esto ya lo debe saber hasta mi nieto Noel Ernesto Ramírez Zalles, quien ya está en maternal.  

Pero recordemos gerencialmente cómo lo podemos hacer, empezando por el denominador, es decir, empezando por el balance de la empresa.  Y empezamos por el denominador porque es más fácil, ya que los cambios necesarios no requieren mayor negociación con los grupos de influencia vinculados a la empresa.  Estas decisiones las toma la junta directiva, que supuestamente representa a los intereses de los accionistas y preferiblemente con el apoyo de la dirección superior, la cual si no está de acuerdo debe ser sustituida, luego de haberle dado la oportunidad de, objetivamente, presentar sus argumentos en contra.

Por lo tanto, lo que tenemos que hacer es:

Primero, reducir el flujo disponible para reinversión a disposición de la dirección superior, es decir, las utilidades retenidas.  En arca abierta el justo peca.

Esto lo podemos hacer aumentando la tasa de distribución de dividendos, tomando en cuenta el tratamiento impositivo a estas operaciones, o promoviendo la recompra de acciones a precios razonables, ya que muchas veces la dirección superior recompra acciones a precios exorbitantes solo para incrementar la utilidad por acción e incrementar su bono por ejecutoria, aunque con ello destruya el valor que los accionistas que no venden tienen en la empresa.

Segundo, reduciendo las fusiones y adquisiciones que llevan a diversificaciones sin sentido.  En otras palabras, fortaleciendo el “core”, el negocio original de la empresa.  La diversificación que la realice el inversionista y no la institución, siguiendo únicamente los criterios de la dirección superior.

Tercero, reduciendo las reservas “excesivas” y reduciendo la “sana” capacidad de endeudamiento no utilizada.  Recordemos que las utilidades retenidas al ser reinvertidas, por lo general, no le imponen a la dirección superior condición alguna, a menos que usted, como accionista, exija que el “roi” de las utilidades retenidas sea mayor que el costo de las mismas, que normalmente es mayor que el costo de la deuda, aunque usted no lo crea. En cambio, la deuda impone disciplina a la dirección superior.  Pero claro que no hay que abusar.

Cuarto, cambiando la estructura de financiamiento de la empresa, es decir, aumentando la razón de deuda a capital.  El caso extremo lo tenemos con las “compras apalancadas”, que requieren generar un enorme flujo de caja para hacerle frente al servicio de la deuda contraída, pero siempre hay que incorporar en el análisis el incremento en el riesgo del negocio y en el costo del financiamiento.

Próximamente hablaremos del numerador, es decir, del flujo de caja, pero desde ahora le recomiendo, si le interesa este tema, leer el libro del profesor de Harvard, Gordon Donaldson, “Corporate restructuring”, publicado por Harvard Business School. 

nramirezs50@hotmail.com

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