• Mar. 27, 2017, media noche

Raúl y Velia Obregón

Nuestra etapa de enamoramiento inició a mediados de los años 60 allá en la vieja Managua, la diferencia de edad entre nosotros es de 3 años, cuando comenzó el filtreo Velia era una preadolescente y Raúl un adolescente precoz, a quien la vida condujo por un camino en el que fue madurado con carburo.

Fuimos novios durante 5 años, período en el cual enfrentamos muchos intentos de nuestras familias para que desistiéramos de la relación; sin embargo, el enamoramiento era de tal intensidad que nada pudo abortarlo.

Nos casamos formalmente en 1969, Velia de 18,  Raúl de 22. Durante 34 años, la relación fue gobernada por las emociones, experimentamos tristezas y alegrías, fracasos y éxitos, desenamoramiento y enamoramiento.

7 embarazos, 3 se interrumpieron en el proceso de gestación; 4 hijos nacidos vivos: 2 mujercitas y 2 varoncitos. Los hijos varones fallecieron en el camino, uno a las pocas horas de nacido y el otro a la edad de 20 años; 6 preciosos nietos. Varias separaciones, 5 quizá, un conato de divorcio.

A principios del año 2002, en el contexto del 5to. aniversario de la desaparición física de nuestro hijo Raúl, después de muchos años de tempestades y tormentos, de estar en el fondo del barril, atrapados en un proceso autodestructivo del matrimonio, de la familia, de la salud, de la estima personal etc., con un divorcio en marcha, problemas de alcoholismo, estados depresivos severos, etc.

En ese año, en diferentes momentos y circunstancias conocimos de un Jesús vivo, que inició un procedimiento de transfusión de amor incondicional a nuestro corazón, de sanación de heridas, procedimiento mediante el cual  empezamos a recuperar el amor propio y el de nuestra pareja, de liberación de alcoholismo, renovación de pensamiento y de conductas que pasaron de destructivas a edificadoras.

Durante este período de vida nueva, hemos enfrentado infinidad de problemas, desavenencias y dificultades, pero aquí estamos. Después de tanto tiempo las adversidades no han podido separarnos.  

El primer paso que dimos en este proceso de restauración fue invitar a Jesús a nuestras vidas y matrimonio, abrimos nuestro corazón para Él, le dijimos: Aquí estamos, Señor, cansados del camino, sin fuerzas,  sedientos de Ud.

La Biblia en 2da. Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas”. Efectivamente, amiga, amigo, el encuentro personal con Jesús representa un nuevo nacimiento, hacer borrón y cuenta nueva, a partir del cual se inicia un proceso de renovación del entendimiento, de creencias y una transformación de conductas, sustituyendo los celos, los pleitos, la violencia, etc. Por amor, gozo, paz, gratitud,  paciencia, mansedumbre, dominio propio.

Amigas y amigos, hemos aprendido que lo que Dios une el hombre no lo desune, porque la unión se sustenta en amor incondicional, que es paciente, bondadoso, respetuoso, dedicado,  comprensivo, no es agresivo, ni envidioso, ni egoísta; y ese amor solamente es posible con Jesús como centro del matrimonio. Por eso, les instamos a invitarlo a su vida, dígale: Jesús mío, le acepto como mi Señor y Salvador, que ese amor perfecto e incondicional que solo Ud. proporciona, sea el cimiento de mi relación matrimonial para que sea sólida.      

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com.

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