• Mar. 29, 2017, media noche

Hace dos semanas estaba haciendo fila en la caja de una tienda y cuando me tocó pagar, la cajera me preguntó si andaba dos córdobas porque no tenía suficiente cambio. Detrás de mí estaba un mensajero que, cuando vio que yo no andaba, se metió la mano en la bolsa y se los entregó a la cajera. Ella lo quedó viendo sorprendida, yo le agradecí y le dije que no se preocupara, pero me quedé pensando por un momento….y le dije al muchacho: sabe qué, no le voy a robar la bendición...

Gracias, le acepto los dos córdobas. Esa cantidad de dinero será poca para muchos, pero para él probablemente era el pasaje del bus de esa tarde. Salí de la tienda conmovida, esos gestos no se ven muy a menudo en estos tiempos.

Mi esposo y yo visitamos una granja donde compramos legumbres y verduras frescas.

El dueño es un hombre de edad avanzada, pero tiene unas energías y una lucidez mental impresionante. El personalmente se encarga de cortar las legumbres, y desde el primer día que fuimos, nos impresionó que al momento de poner en la balanza lo que está despachando, si uno le pide 2 libras, te da 2.5 libras. La explicación que nos dio fue que no le gusta entregar la medida exacta de lo que le piden sus clientes, sino que siempre echa un poquito más. Qué curioso, ¿no?, generalmente es al revés, balanzas alteradas para entregar menos de lo que uno está pagando. Cada vez que vamos, hace lo mismo y nos da la misma explicación. Este sábado que pasó, me tocó ir sola. Hizo lo mismo; salí con mucho más de lo que pagué y cuando me iba a montar al carro me dijo: no me voy a volver más pobre, ni me voy a volver más rico por darle más a las personas… en ese momento miré a mi alrededor, los campos que rodean su propiedad repletos de “verdes”… y mientras me montaba en el carro no pude contener las lágrimas, fue como que Dios me dijo ¿te fijás lo que soy capaz de hacer por un corazón generoso?

Para la mayoría de las personas, dar es algo muy difícil, especialmente cuando a uno le hace falta. Mi esposo dice que la billetera es lo último que se convierte… tiene razón.

A continuación les dejo algunos principios que aprendimos en el libro de Wayne Myers titulado “Viviendo más allá de lo posible”:

1 Rechace el temor que le dice, que si da le va a faltar.

2 Ponga las necesidades de Dios antes que las suyas (las necesidades de Dios son las necesidades de nuestro prójimo).

3 Láncese en fe y obedezca cuando Dios le pone en el corazón darle a alguien.

4 Dé conforme sus ingresos, no sea que Dios reduzca sus ingresos conforme a lo que da.

5 La prosperidad no se mide por lo que tiene, sino por lo que da.

6 No ha empezado a dar, hasta el momento en que se siente bien cuando lo hace. Dios ama al dador alegre.

7 La provisión de Dios se encuentra depositada a lo largo del camino de la obediencia.

8 Alimente su fe y sus dudas se morirán de hambre.

Me encanta lo que le dijo el profeta Elías a la viuda de Sarepta, cuando ella le dio lo último que tenía para comer ella con su hijo: “El Señor, el Dios de Israel, me ha dicho:

No va a faltar harina en la tinaja, ni va a disminuir el aceite de la vasija, hasta el día en que El Señor haga llover sobre la tierra” (1 Reyes 17:14).

Hay poder sobrenatural en “dar”… cuando damos nunca nos hará falta nada; hagan la prueba y me cuentan.

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