• Jul. 18, 2008, 12:43 p.m.
El FSLN siempre nos muestra su estilo de negociación de conflictos desde una posición de fuerza, sin que los intimidados ni los extorsionados lo reconozcan. El gobierno de “underground” practicado desde los 90’s dio sus frutos y nos pone en evidencia la coyuntura de hoy, con un ataque desde
varios flancos y en pinza.
 
El funcionamiento partidario y la experiencia acumulada desde los años 60’s, el proceso doctrinario en la teoría revolucionaria, el desarrollo de una estrategia con una táctica cambiante, practicando la mejor de las políticas de alianzas que ningún partido político nacional ha en todo su existir alguna vez practicado, con líneas políticas para cada sector y con un equipo que a diario suma o resta en el plan estratégico para mantener la táctica de dominio a la que asistimos, son calidades que llevan a encontrar opciones del próximo paso en dicha coyuntura.
 
No importan los comportamientos como el estilo irónico enseñado por Edwin Castro durante la imposición de los fieles magistrados de la Corte Suprema de Justicia del Pacto, la retórica de Wálmaro que a diario muestra a los medios, ni el sepulcral silencio de la nueva juventud sandinista representada en la Asamblea Nacional, que de diputados no tienen ni un pelo en símil postura a los rechonchos liberales, nos pueden estar mostrando que ahora hay dos posibles opciones a la sandunga sobre la que danza el proceso de los CENIS. Sin recurrir u optar por una posición ecléctica.
 
Que el PLC pierda la plaza importante, Managua, con candidatos perdedores, con una amnistía para todos los implicados en los CENIS, incluyendo a don Arnoldo y don Eduardo, es un planteamiento posible.

Al FSLN le conviene tener en la calle al máximo común divisor del voto que representa don Arnoldo, de cara a las elecciones municipales y al proceso electoral pretendido por don Daniel. Sabe el Frente que no podrá nunca más hablarse de unidad en torno al gran Partido Liberal Constitucionalista por lo despreciable que es don Arnoldo a los ojos de otros que no han podido disfrutar de los bienes del estado. Sabe el Frente que de no ser aceptada su presión significa regresar a don Arnoldo a La Modelo y darle una lección de vida a don Eduardo, quien quiso aprender a ser político con disfraz de hombre del pueblo.
 
Paralelamente, sabe el Frente que la coyuntura se le puede ir de su control por que existen fuerzas externas al Pacto que cuentan con la tradición de lucha con la que lograr tomarse las calles, crear anarquía, conducir al pueblo desafecto y hastiado de las condiciones socio-económicas en que lo han mantenido éste y los pasados gobiernos, generar desobediencia civil e ir paulatinamente a través de los ejercicios de las marchas de protesta civil creando la convocatoria necesaria para arrebatarles el voto.
 
Don Daniel en su discurso llama a la “unidad” de los sandinistas y pide a los que ayer se fueron por una u otra razón regresar, sin planteamientos serios sino que apelando a la defensa de lo que pueden perder. Don Eduardo flirtea con el MRS y no cierra las puertas a una alianza de todas las fuerzas desplazadas por el Pacto del FSLN y el PLC.  En esto último la ganancia la lleva el MRS, nueva fuerza política que se consolida aunque don Eduardo logre la Alcaldía de Managua porque don Alexis, somocista ayer vestido de sandinista de nuevo cuño, solo sirve de figura decorativa. El FSLN es derrotado en Managua y su caja chica se desmorona resultando un MRS consolidado que se encamina a ganar las elecciones presidenciales del 2011, con convocatoria creciente, con el apoyo de la sociedad civil y el
respeto de organizaciones y organismos internacionales por los
planteamientos de izquierda democrática y moderna para beneficio del pueblo.
 
Al darle vuelta a la tortilla, que don Arnoldo acceda a las presiones y triunfe la estrategia del FSLN, habrá danielismo para rato, el MRS continuará con su estrategia de consolidación de sus bases partidarias y simpatizantes, desplegando su actuar en las calles y ejercitándose dentro de un ciclo que podría repetir escenarios similares a los de una década antes de las etapas pre-insurreccionales. Así la historia se repite.
 
No se descarta que aunque todos los sectores pujan por no llegar a estadios de violencia, ésta vuelva a tomar por asalto la conciencia del pueblo, la juventud, y la de aquellos que ya no soportan el estado actual de cosas. Muchos esperan que las Iglesias no comprometidas con actitudes partidaristas, al igual que los jerarcas o pastores, logren jugar no un papel apaciguador sino de concientización en torno a que no vuelva más a derramarse la sangre de hermanos.
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