• Mar. 29, 2017, media noche

Hace un buen tiempo publiqué el libro “Populismo: ilusión y realidad”, que contenía, a mi juicio, los mejores artículos, de los mejores economistas que, a nivel mundial, habían escrito sobre este tema. Entre ellos estaban Rudy Dornbusch, Sebastián Edward y otras autoridades especialistas en este tema de tanta importancia para el diseño de la política económica y para el desarrollo económico y el combate sostenido a la pobreza.

Recientemente les comenté, que aunque era nieto ideológico de John Maynard Keynes, al haber sido discípulo de James Tobin, la realidad me había transformado en un monetarista “moderado” y esto, a pesar de no haber ido a la escuela de Chicago, liderada en ese entonces por el profesor Milton Friedman.

El keynesianismo ha alegado que en caso de una crisis económica, la solución para salir de la recesión es poner en práctica una política fiscal y por lo tanto monetaria, que sea contracíclica, estimulando la demanda interna y por lo tanto, estimulando la producción nacional y la generación de empleo.

Este enfoque, aplicable posiblemente de forma temporal a economías “grandes y cerradas”, es decir, autosuficientes y que creo que con la globalización ya no existen en la actualidad, fue erróneamente desnaturalizado y aplicado a economías en desarrollo que son “pequeñas y abiertas”, y de allí nació lo que hoy conocemos como “populismo” y que según algunos es la antítesis ideológica del monetarismo que algunos, políticamente llaman el neoliberalismo, cuando le agregamos  la existencia de precios de mercado.  

Según “el enfoque monetario de la balanza de pagos”, que es la biblia del monetarismo, en economías pequeñas y abiertas, como las nuestras, la autoridad monetaria no puede controlar la demanda de dinero, que depende de las preferencias del público en general, y tampoco puede controlar directamente la liquidez del mercado financiero doméstico, por lo tanto, la forma de controlar el nivel de reservas internacionales, que es, en última instancia, la garantía de la estabilidad monetaria, que es condición necesaria para el crecimiento económico sostenible, es controlando el crédito doméstico total, es decir, al sector público y privado, y el cual debería crecer más o menos al ritmo que crece la producción real de la economía nacional si es que deseamos mantener una tasa de inflación cercana a cero. Cualquier crecimiento mayor al indicado, primero provocará una caída en las reservas internacionales y agotadas estas, provocará un proceso inflacionario.

Por otro lado, según el “populismo”, aplicado a países en desarrollo y especialmente si son economías pequeñas y abiertas, la solución para salir de una crisis económica es incrementar el gasto público y por lo tanto el déficit fiscal, déficit fiscal que sería financiado, primero con la ayuda externa que será “solidaria” con el país en cuestión, luego con las reservas internacionales y finalmente con la inflación.  

En este momento y para evitar que se sigan deteriorando la reservas internacionales, que ya estarán en su nivel más bajo, y para “controlar la inflación” creada por la misma política económica “populista”, el gobierno establecerá controles cambiarios, eliminando la libertad cambiaria que es fundamental para atraer la inversión productiva, y establecerá controles de precios generalizados que desestimularán la producción nacional y promoverán los mercados “negros”, acompañados de incrementos salariales que no tienen relación alguna con la productividad de la mano de obra y por lo tanto agravarán el desestímulo a la producción nacional.

En una primera etapa la demanda interna crecerá, el consumo crecerá, el comercio, los servicios y la producción doméstica crecerán, con la grave excepción de la producción exportable, la cual es fundamental para el crecimiento sostenido de una economía pequeña y abierta.

En una segunda etapa, todo caerá, salvo la mera especulación, y el país entrará en una grave recesión económica.

En la tercera etapa el gobierno cambiará su política populista, o el pueblo cambiará al gobierno, y tratará de poner en práctica un programa de “ajuste” al mejor estilo “monetarista” y posiblemente acusará a la comunidad internacional y al sector empresarial de conspirar contra la “economía popular”.

Este es el ciclo y continuará siendo el ciclo.

Por lo tanto, la pregunta es, si ya sabemos lo que ocurrirá, ¿porque todavía algunos países en desarrollo recurren al “populismo”?  Posiblemente la respuesta sea muy sencilla: porque así somos los seres humanos. Se nos olvida la historia y no nos gusta aprender en cabeza ajena.  Creemos que “nosotros somos diferentes” a todos los demás y que con nosotros, todo será diferente, porque somos “arrechos”.

Pero la gran pregunta es, ¿cuánto tiempo dura cada una de estas etapas?
Para serles honesto, no se cuándo se dará la tercera etapa, pero sí les puedo decir que la primera etapa durará lo que duren la cooperación internacional y la reservas internacionales.

Por lo tanto, el “populismo” durará lo que duren la cooperación internacional y las reservas internacionales.

nramirezs50@hotmail.com

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