• Abr. 3, 2017, media noche

Raúl y Velia Obregón

En días recientes fuimos invitados a participar en un grupo de matrimonios, con el fin de compartirles nuestras vivencias y transmitirles un mensaje de cambio que podría ser beneficioso para sus vidas.

En dicha reunión, una de las parejas participantes sugería se escribiera sobre lo que esa noche habíamos compartido. La columna anterior a esta fue una especie de primera parte del testimonio y hoy nos disponemos a continuar con dicha exposición.

En síntesis, la columna anterior se refería a la etapa de enamoramiento inicial y posterior tránsito por el desierto de nuestro matrimonio, etapa que duró un poco más de 30 años. Asimismo nos referíamos a lo que fue el punto de inflexión, el momento en que inició el proceso paulatino de salida del desierto, ocurrido en abril del 2002.

El primer paso que dimos para iniciar este proceso de restauración fue renunciar a continuar siendo gobernados por el odioso ego, e invitar a Jesús a nuestras vidas y matrimonio; abrimos nuestro corazón para él, le dijimos: Aquí estamos Señor, cansados del camino, sin fuerzas,  sedientos de usted.

Meses después dimos el segundo paso, que consistió en renovar votos matrimoniales.

En una ceremonia familiar,  preciosa e inolvidable, nos volvimos a dar el “sí quiero”, conscientes de la trascendencia del momento, y del compromiso que estábamos asumiendo. Esto fue algo increíble, éramos sobrevivientes de un matrimonio que había naufragado, pero por la misericordia de Dios, logró llegar a tierra firme.

En tercer lugar, hemos aprovechado toda oportunidad que se nos ofrece de participar en actividades tales como: seminarios, talleres, retiros matrimoniales, etc..; así como de trasladar a otras personas las enseñanzas y experiencias acumuladas durante estos años.

En cuarto lugar, decidimos poner en práctica mandatos establecidos en la Biblia, tales como: 1ra. Pedro 3:7 que dice: Maridos convivan de manera comprensiva y respetuosa con sus esposas, trátenlas como vaso más frágil, dándole honor como coherederas de la gracia de la vida; y Efesios 5:33 que dice: Mujeres respeten a sus maridos.

Hemos aprendido que en el matrimonio, el amor debe ser cultivado, protegido y deseado, que es fruto de un proceso deliberado de ejercitación diaria, que lo mantiene vigoroso y hermoso.

En ese ejercicio cotidiano ponemos en práctica tres factores: amistad, compromiso y comunicación. Para nosotros ser amigos implica: confiar sin reservas el uno en el otro; respetarnos mutuamente; compartir alegrías y tristezas; nos hemos comprometido a sostener una relación plantada en roca firme, en Jesucristo, basados en una necesidad permanente y sincera de estar juntos; y a practicar la escucha activa en nuestra comunicación.

Amigas y amigos, la relación de pareja debe ser abonada con detalles, así como: el empleo de palabras afables y de admiración mutua, ambos, determinantes para la edificación de matrimonios sanos y duraderos.

Una relación sana y duradera demanda entrega, paciencia y tolerancia, ello es posible, nosotros lo hemos logrado tomados de la mano de Jesús. Pruébelo, dígale:

Jesús mío, aquí está mi corazón abierto para usted., hoy le acepto como mi Señor y Salvador, respáldeme para edificar una relación de pareja conforme a sus propósitos.

Queremos saber de usted., Le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

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