• Abr. 5, 2017, media noche

Hace un tiempo alguien puso en Facebook una foto de Mafalda con esta leyenda: “Detengan el mundo que me quiero bajar”. De casualidad lo leí uno de esos días que me sentía abrumada por tantas ocupaciones y obligaciones. Uno de esos momentos cuando uno quiere que el día tenga 72 horas en vez de 24. Tengo 4 semanas de estar viajando casi semanalmente por motivos de trabajo, y esto provoca que las cosas que tengo que hacer se acumulen, no solo las tareas del trabajo, sino, también las personales. Este sábado que pasó, en mi agenda mental tenía hacerme los pies y las manos, ir a clases de cello, cortarme el pelo, visitar a mi hermana y mi sobrino que viajaban al día siguiente, buscar unas decoraciones para la celebración del cumpleaños de mi mejor amiga, comprarle una tarjeta linda para su cumpleaños, y descansar un rato en la tarde para no estar con sueño durante la celebración. Todo lo anterior lo quería hacer entre las 10:00 a.m. y las 5:00 p.m., sin haber tomado en cuenta el tráfico de los sábados que es de horror.

Mientras me dirigía a mi clase de cello, que me queda al otro lado de Managua, iba haciendo un recuento de todo lo que me faltaba hacer, tratando de dibujar un mapa mental de los lugares donde debía ir para calcular tiempos. De la lista de tareas me percaté que lo más complicado, era encontrar esa tarjeta linda que quería darle a mi amiga por sus 50 años. Recorrí en mi mente las tiendas donde tendría que ir a buscarla, y ese lapso de tiempo que tenía para cumplir todas las tareas del día, se me hizo más pequeño. En ese momento se me vino un pensamiento sobre la vida que hemos escogido vivir. Es cierto que el mundo se mueve más rápido hoy que hace 10 años; la tecnología ha venido a meter el acelerador en nuestras vidas, y ahora todo lo queremos ya. No sé si les ha pasado, hay personas que te mandan un mensaje por “whatsapp” y si uno no responde en los siguientes 30 segundos, te mandan un montón de signos de interrogación, como si lo único que tuviera que hacer es responder los mensajes……me saca de quicio esto.

Un poco antes de llegar a mi clase, que para colmo me metí en la calle que no era y tuve que dar un vueltón para encontrar la escuela; después del recorrido mental de la lista de tareas del día, me acordé que en mi casa tenía unas tarjetas en blanco con unos sobres bonitos, y decidí que mi amiga apreciaría más un mensaje escrito por mí, que una tarjeta de Hallmark con el mensaje “lindo” que yo andaba buscando….Uff sentí que me quite 1,000 toneladas de encima y le hice “check” a la tarea.

Estoy clara que la vida que llevamos depende de nosotros. Sí, es cierto que hay momentos donde todo se junta y priorizar se vuelve indispensable, pero la mayor parte del tiempo, somos nosotros mismos los que nos llenamos de tareas sin sentido por andar afanados. ¿Por qué nos cuesta tanto detenernos un momento para escuchar nuestra respiración?, ¿para apreciar los regalos que Dios nos da cada día? Hemos dejado de apreciar el regalo del tiempo. Hoy es el momento de decirle a alguien te amo; hoy es el momento de pedir perdón; hoy es el momento de recapacitar sobre malas decisiones y cambiar el rumbo; hoy es el momento de mirar a nuestro alrededor y ayudar a alguien que lo necesita…….Hay un principio que dice: “……hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar…..Eclesiastés 3:1-3 

¡Es tiempo de “bajarnos” del mundo y voltear a ver el Cielo!

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