• Abr. 17, 2017, media noche

En estos días, la humanidad y particularmente los cristianos conmemoramos la resurrección de Jesucristo. El diccionario define el vocablo resurrección como el proceso mediante el cual se obtiene como resultado recuperar la vida después de estar muerto, en otras palabras, resucitar es volver a vivir.

La noción de resurrección puede ser enfocada desde la fe, pero también, según mi entendimiento, desde la ciencia del comportamiento humano, dejando claramente establecido que comparto la tesis que la ciencia llega hasta allí donde inicia la fe, pero también considero que la fe puede condicionar y hasta determinar el comportamiento humano, cuando de resurrección del espíritu se trata.  

La biblia en 2da. de Corintios 5:17 dice: "De modo que si alguno está en Cristo (encuentro personal con Jesús), nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas".

Efectivamente, amiga, amigo, el encuentro personal con Jesús, representa un renacer, un recuperar la vida después de estar muerto, hacer borrón y cuenta nueva, iniciando un proceso de renovación del entendimiento, de creencias, sustituyendo frutos de la carne, tales como: enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios; por frutos del espíritu: amor, gozo, paz, gratitud, paciencia, mansedumbre, dominio propio. Es decir: pensamientos, sentimientos, emociones, voluntad y conducta son sujetos a cambios trascendentales.  

Hablar de un resucitar espiritual implica pasar de la práctica de mandatos sociales muchas veces equivocados, a nuevos que se sustentan en la palabra de Dios.

Conlleva trasformación de conductas: de una vida con ataduras quizá a adicciones, o a enfermedades del alma y/o físicas, a lo mejor a temperamentos que atentan contra el bienestar psicológico de la persona y de su entorno; a pasar a vivir en libertad, con sanidad y templanza para enfrentar la enfermedad si esta llega a tener un corazón suave, amoroso, lleno de gozo, de paz, agradecido, paciente, manso.

Considero que la resurrección es una promesa de la cual en fe me apropio. Pablo, en 1ra. Corintios 15 dice: "Si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe".

También, creo firmemente porque lo he y estoy experimentando en esta vida terrenal, que he pasado de vivir de la oscuridad a la luz; de ser rencoroso a ser amoroso, a amar a Dios con todas mis fuerzas y con toda mi alma, y a mi prójimo como a mí mismo; de vivir en tristeza a saber hacerlo en gozo; de ser gobernado por la preocupación a vivir en paz; en fin, he pasado de muerte a vida, he renacido, he resucitado y ¡Honra y Gloria a Jesucristo por ello!

Amiga, amigo; Dios quiere regalarle ese renacer, ese resucitar, quiere que viva en libertad y a plenitud. Nuestra parte es iniciar un proceso de cambio en el ámbito afectivo, cognitivo y conductual; el primer paso es aceptar a Jesús como señor y salvador, dígaselo: "Jesús lo invito a morar en mi corazón, le acepto como señor y restaurador de mi vida, llene mi corazón con los frutos de su Santo Espíritu, deme ese renacer, ese resucitar en el espíritu y poder vivir intensa y plenamente, tanto en lo personal, como en lo familiar y como ser social".

Queremos saber de usted., Le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

 

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