• Jul. 18, 2008, 12:50 p.m.

La definición de mi titular, no es mía, lo leí en alguna parte y hace muchísimos años; no recuerdo donde fue esa lectura y por ello no cito al autor. Pero como lo he sufrido y sigo sufriendo aún en mi vejez, confirmo ello por mis múltiples experiencias.

El trabajo más pesado y más ingrato, es el de pensar, pensar y analizar la realidad que  rodea al ser humano. La mayoría no tiene capacidad inteligente para ello y además les da miedo enfrentarse con las realidades; de ahí que la mayoría huya, sólo pensando en llenar la panza y el bolsillo, o drogándose de mil formas físicas o psicológicas, pero huyendo de su más o menos miserable realidad.

El resultado es el que estamos viendo y padeciendo; por el contrario si una cantidad considerable se dedicara a pensar, leer mucho y variado, saber el por qué de las cosas que se pueden saber; no habría hueco para tanto demagogo, cuando no bandidos e incluso asesinos sin remordimiento alguno; puesto que no es que sean inmorales; es que llegan a ser y son amorales; desconocen la moralidad y por tanto son capaces de todo... "sálvese el que pueda"; pues ya estamos viendo que incluso son caníbales; se canibalizan entre sí y se "comen los unos a los otros en ese canibalismo a que llega el poder y el dinero"; puesto que poder y dinero son la misma cosa, si se llega al exceso.

Los que gobiernan a lo que más temen es a la inteligencia deductiva; a que se le hagan preguntas que no pueden contestar, a que se les ponga "en cueros vivos", que es en el lugar donde están, pese a los múltiples enmascaramientos con que se cubren. Pero mientras controlen a la masa, embruteciéndola cada vez más; seguirán seguros y sin responder a nadie; ratifico todo ello y más en este y otros muchos escritos que he publicado y que tristemente no van a servir apenas para nada... "pero si al menos a algunos les hace despertar", bien empleados estarán.

El avance intelectual del ser humano no es que sea duro, es que es durísimo y siempre llegan momentos de flaqueza, por lo que  hay que buscar de nuevo fuerzas enormes para continuar en esa realidad; y aún suponiendo que se llegara o aproximara a ese estado a que llegara el sabio de los sabios, cuando sorprendido por que lo consideran sabio, humildemente confiesa. "Yo sólo sé que no sé nada" –Sócrates-. pero la vida y marcada por "las fuerzas desconocidas que sean y como sean", es implacable y nos hace pasar por todas esas pruebas, de las que nadie escapa ni va a escapar; puesto que lo que no realice bien en esta vida, tendrá que realizarlo en otra, y si no en otra y así ininterrumpidamente e implacablemente, hasta llegar a la perfección que preconizan y preconizaron los sabios filósofos, los que presentaron una religión sin concesiones para nadie. pero "con perdón para todos". perdón que no es instantáneo  y que por descontado ningún hombre puede conceder, por mucho que lo asegure. "Hay que ganárselo con el propio esfuerzo y con la reposición de todo lo contravenido en esa ley no escrita, que los orientales denominan "del karma" y que nosotros denominamos de "causa y efecto" o de acción y reacción.

Por ello hay que leer constantemente a los verdaderos sabios, que como Pitágoras, aconsejaba hace dos mil quinientos  años: "No aspiréis jamás a la vanidad de ser ricos; contribuiríais a que hubiese más pobres. No temáis
morir. La muerte no es más que una parada en el camino. La verdadera muerte es la ignorancia".

Es por lo que conviene pensar y deducir y no eludir o huir. antes o después hay que emprender el verdadero camino. "alguien ya lo dijo. Dios no tiene prisa".

*El autor es escritor y filósofo
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