• Abr. 19, 2017, media noche

Hay una anécdota que mi esposo me contó una vez, y que en estos días la utilizó para ilustrar su punto en una conversación que tuvimos con una pareja, que está enfrentando problemas matrimoniales por motivos financieros. La anécdota es así: una pareja tenía dos hijos, uno era bien negativo y el otro bien positivo. En una Navidad, hicieron un experimento con los dos. Al negativo le regalaron el último PlayStation con varios juegos; al positivo le regalaron una caja llena de estiércol. El día que abren los regalos, el niño pesimista se comienza a quejar; cuando llegan a la habitación del optimista encuentran la caja abierta pero no ven al niño. Se quedan viendo preguntándose si tal vez se había enojado, entonces salen al jardín y lo encuentran corriendo de un lado a otro. Cuando le preguntan qué estaba haciendo, les dice: “si hay estiércol en esa caja, debe haber un caballo por algún lado”. ¡Creo que mi esposo es el mayor buscador de caballos que conozco! 

La vida está llena de retos, de problemas, de pruebas difíciles. Algunas veces son consecuencias de malas decisiones, otras simplemente suceden; y en todos los casos toca enfrentarlas de una u otra manera. Dependiendo de la actitud con la cual las enfrentemos, el proceso será más o menos doloroso. 

En la conversación con la pareja les decía, que cuando uno está en situaciones difíciles ya sea económicas, laborales, de salud, matrimoniales, con los hijos, etc., tenemos una tendencia a meternos en la caja de estiércol y quedarnos paralizados en medio del mal olor; en vez de cerrar la tapa de la caja y correr en busca del caballo.

Hace dos años me diagnosticaron cáncer de seno. Tuve que enfrentar dos cirugías y un tratamiento de quimioterapia bien fuerte. Cuando recibimos el diagnóstico, mi esposo, el buscador de caballos, me dijo saliendo del consultorio médico: todo es para bien a los que amamos al Señor (Romanos 8:28). Ese fue nuestro lema para enfrentar todo lo que implicó ese diagnóstico. Pasamos prácticamente todo el año 2015 en función de esta prueba de salud. Pero decidimos no meternos en la caja de estiércol; del consultorio del médico salimos a buscar el caballo. No les voy a decir que fue fácil; es bien duro enfrentar un diagnóstico de esa naturaleza. El temor se activa, la aflicción y la incertidumbre lanzan sus tentáculos para tratar de atraparte y asfixiarte, pero al final nosotros tenemos la última palabra. Fe y actitud positiva son la clave para la victoria.

De esa situación difícil encontramos varios caballos. Mi fe aumentó varios escalones, pude experimentar el abrazo de Dios y escuchar su voz de una forma impresionante; tuve la oportunidad de pasar tiempo con mi mamá, con quien no vivo desde que tengo 14 años (exilio en los años 80), y a quien perdí unos meses después debido a un cáncer fulminante; se restablecieron relaciones entre miembros de mi familia que estaban distanciados; escribí un libro sobre mi experiencia de cáncer que a la fecha tiene dos ediciones y ya está traducido al inglés y vendiéndose en Amazon. Descubrí que Dios me había regalado el don de escribir (un gen que heredé de mi mamá, q.e.p.d.) y que ahora estoy usando para escribir semanalmente estas columnas con el objetivo de llevar esperanza y ánimo a las personas que las lean. 

Los animo a probar esta filosofía de vida; detrás de una caja de estiércol siempre habrá un caballo. 

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