• Abr. 19, 2017, media noche

Durante todos mis estudios universitarios, siempre escuché a los profesores hablar de cómo formular las correctas políticas económicas, tanto a nivel macroeconómico, como a nivel sectorial y empresarial.  Sin embargo, nunca los escuché hablar de cómo ejecutarlas exitosamente.  En otras palabras, la dimensión política de la ejecución de la política económica siempre estuvo ausente.  

Sin embargo, posteriormente cuando me vinculé a una escuela de negocios de la región, desarrollé una buena amistad con dos colegas que eran analistas políticos, o mejor dicho “politólogos” y trabajando con ellos tuve que aprender mucho sobre la dimensión política de los desajustes y posteriores ajustes en el manejo de la política económica.  También quisiera creer que ellos aprendieron algo de la política económica.  

Este proceso a mí me ayudó a desarrollar mi capacidad de análisis político, en el buen sentido de la palabra, ya que soy de los convencidos que para ser un analista político serio, debes dominar el análisis económico.  De lo contrario solo llegas a ser, en el mejor de los casos, un agitador “articulado”.

Antes de esta experiencia, lo único que sabía era lo que recomendaba Maquiavelo, en el sentido que cuando el Príncipe toma una decisión hay que asegurarse que los costos se sufran de una sola vez y lo más rápidamente posible y los beneficios hay que irlos brindando gota a gota.

Siempre he creído que la mejor política social es aquella política económica que contribuye a la generación de empleos productivos y que en nombre de la política social, desvinculada de la política económica, se han cometido los mayores abusos en contra de los pueblos y especialmente de los más pobres, lo cual es una de las más grandes paradojas que todavía existen en el campo de la política económica. 

Esto no significa que no crea en los programas sociales en beneficio de los sectores menos favorecidos cuando son focalizados, financiados sanamente, es decir, sin crear inflación y no crean distorsiones en el mercado.  A esta política, hace mucho tiempo le llame “populismo responsable” en una conversación que sostuve con mi querido amigo el doctor Arturo Cruz Sequeira.  

Naturalmente que aunque el concepto es correcto, el término “populismo responsable” es un total contrasentido, ya que es como decirle a un alcohólico que aprenda a tomar licor.  Y dicho sea de paso, el doctor Cruz si sabe de política económica. 

Además, gobernantes y gobernados y especialmente empresarios y líderes de opinión, deben estar claros que, en el corto plazo, a menos que la economía esté creciendo con estabilidad de precios a una tasa bastante mayor al crecimiento de la población y ese crecimiento sea intensivo en el uso de la mano de obra, preferiblemente calificada, cualquier “paquete” de políticas económicas que se ponga en práctica generará un costo social y que así como habrá ganadores habrá perdedores al modificarse el status quo.  

Es como cuando padeces gangrena, si no te amputan el miembro afectado, lo cual es el costo menor, morirás, lo cual es el costo mayor.  

Así funciona la economía en los casos en que el crecimiento suficiente y con estabilidad de precios no está presente y hay que proceder a realizar la cirugía que nos volverá a la senda del crecimiento con estabilidad de precios y generación de empleo.  Por eso no hay que perder esta senda cuando ya se ha alcanzado.

Veamos algunos ejemplos.

En un escenario donde el déficit fiscal ha crecido mucho en relación al crecimiento de la producción nacional y ese déficit ha sido producto de un gran crecimiento en el gasto del sector público y, peor aún, si es un crecimiento en el gasto corriente financiado con emisión inorgánica, porque no hay reservas internacionales ni acceso a recursos externos y para proteger a los más pobres se congelan los precios, incluyendo la tasa de cambio y como medida social se aumentan los salarios también para proteger a los asalariados, ¿quiénes ganan y quiénes pierden?

Y cuando la crisis explota y tenemos que recurrir al ajuste para volver a la senda de la estabilidad macroeconómica para luego volver a crecer y tenemos que recortar el gasto público, liberar los precios, ajustar la tasa de cambio para estimular al sector exportador y reducir los ajustes salariales para que la producción sea competitiva a nivel internacional, ¿quiénes ganan y quiénes pierden, al menos en el corto plazo?

Y si por temor al costo de corto plazo de este ajuste, o por no entender las reglas de la economía, no actuamos  ¿qué pasaría entonces?  ¿Quiénes ganarían y quiénes perderían?  Les dejo esta tarea para la próxima semana.  Que se diviertan!  

nramirezs50@hotmail.com

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