• Abr. 26, 2017, media noche

Estimado lector, espero que se haya distraído “resolviendo” las preguntas de la semana pasada.  Ahora veamos la “solución” y veamos por qué es tan importante estar familiarizado con este tipo de análisis.

Analicemos el escenario de un proceso inflacionario con distorsión en los precios “relativos”, es decir, en la tasa de cambio real, en la tasa de interés real, en el salario real y en los niveles de protección real frente al comercio internacional, es decir, en los niveles de los aranceles a las importaciones.

En este caso, lo normal es que el pr,oceso inflacionario, acompañado de un populismo mal entendido, nos lleve, en lugar de controlar la inflación que es la causa del problema, a congelar la tasa de cambio nominal, la tasa de interés nominal, los precios de la canasta básica, aumentar los subsidios financiados inflacionariamente y a aumentar los salarios nominales para tratar de convencer a los asalariados de que los estamos protegiendo, y finalmente en algunos casos, a reducir los aranceles a las importaciones para abaratar los bienes de consumo importados, pero en otros a prohibir las importaciones de los bienes “suntuarios” y a veces incluso los de la canasta básica para “proteger” al productor nacional.

Al final terminamos con una tasa de cambio real sobrevaluada, es decir, un dólar artificialmente muy barato, unas tasas de interés reales negativas, unos precios de la canasta básica que no cubren los costos de producción y unos incrementos salariales que no ayudan a resolver el problema.

En consecuencia,  al final terminamos con una tasa de cambio real sobrevaluada, es decir, un dólar artificialmente muy barato, unas tasas de interés reales negativas, unos precios de la canasta básica que no cubren los costos de producción y unos incrementos salariales que no ayudan a resolver el problema sino a hacerlo más grande al desestimular todavía mas la producción nacional, especialmente si se han reducido los aranceles a las importaciones, ya que esto unido a la sobrevaluación de la tasa de cambio real no le permitirá a la producción nacional competir con las importaciones.  

Por lo tanto, en el muy corto plazo los “ganadores” serán los sectores que se benefician del gasto público que originó el déficit fiscal que provocó la inflación, los importadores, mientras existan divisas y muy al inicio del proceso, los asalariados y consumidores que gozarán de fuertes ajustes salariales que en el muy corto plazo los beneficiarán con incrementos muy temporales en su capacidad de compra real y de la existencia de muchos productos con precios controlados o subsidiados, para mientras aparece el racionamiento y los mercados negros.  Finalmente, los deudores también se benefician mientras tienen acceso al crédito con tasas de interés reales negativas.

Sin embargo, los perdedores serán los exportadores, los productores que compiten con las importaciones y los que tienen sus precios controlados a pesar de que los costos de producción se están incrementando, los ahorrantes y los trabajadores que laboran en estos sectores, ya que muy probablemente perderán sus empleos.  Y al final, dependiendo de la rapidez con que perdamos las reservas internacionales y el acceso al endeudamiento externo, todos seremos perdedores.

Ahora, naturalmente que lo correcto es corregir esta lamentable situación económica cuando se presente, pero aunque sea lo correcto, no por ello el proceso estará libre de costos en el muy corto plazo y eso, incluso si todo se hace bien hecho y tenemos éxito al implementar el programa de ajuste.  Es por esta razón que debemos hacer todo lo posible para no caer en estas situaciones, ya que su corrección es siempre muy costosa.

Y con respecto al tema del costo de las medidas correctivas, es decir, de los procesos de ajuste, deseo compartir con usted tres reflexiones finales que ayudaran a reducir ese costo.  Primero, explicarle a la población la necesidad del ajuste; segundo, convencer a la opinión pública que vamos en serio y sin vacilaciones y tercero, contar con la cooperación de la comunidad financiera internacional.  Pero aunque seamos expertos en ejecutar programas de ajuste exitosos, no caigamos en esa necesidad.  Recordemos que la mejor guerra es la que no se tiene que pelear. 

nramirezs50@hotmail.com

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