• Mayo 1, 2017, media noche

La humanidad vive una época de grandes avances tecnológicos en todos los ámbitos del quehacer humano; sin embargo, al igual que hace miles de años, el ser interior continúa prisionero de mezquindades tales como irritabilidad, impaciencia, agresividad, celos, intolerancia, envidia, egoísmo, soberbia, etc. 

La mayoría de los liderazgos, independiente del sector de que se trate, particularmente políticos y religiosos de todas las latitudes, por lo general sus comportamientos están guiados por una o más de esas mezquindades, en tanto por lo general anteponen intereses de grupo por encima de la globalidad.

La humanidad demanda paz, estabilidad y bienestar. Ello no será una quimera, cuando los corazones de los liderazgos y ciudadanía en general se impregnen de tolerancia y amor. 
Posiblemente se piense que es una ingenuidad hablar de amor en un mundo donde reina la violencia, pero millones tenemos la plena convicción de que es posible, porque tenemos frente a nosotros el gran testimonio de tolerancia y amor a seguir, Jesús de Nazaret.

El Dr. Augusto Cury, en su obra “El Maestro de Maestro”, dice: Jesús no dejó un símbolo, señal o dogma religioso, Él dejó amor. En Juan 13:34 dice: Un mandamiento nuevo les doy: Que se amen unos a otros; como yo les he amado.

El Dr. Cury continúa diciendo: El cristianismo está dividido en muchas religiones. Cada uno sigue la suya de acuerdo con la propia conciencia, pero es raro percibir un amor ardiente entre cristianos de religiones distintas. Es raro encontrar expresiones de afecto, reuniones sociales u oraciones en común entre aquellos que no comparten las mismas ideas. Jesús comía tanto en la casa de un fariseo como en la de un cobrador de impuestos. Valoraba a los éticos y daba especial atención a los inmorales. Amaba a personas muy diferentes. 

Desgraciadamente, no solo se adolece de amor entre cristianos de religiones distintas, sino también de la misma. Recientemente escuché a un hombre que se ha entregado a Dios sirviéndole al prójimo, diciendo que las personas se ufanan de su condición de cristianos, pero se olvidan que son humanos, y por tanto, imperfectos, y cuando alguien falla, en vez de darle la mano para que se levante, la sentencia es lapidación, incumpliendo con lo que manda Jesucristo: Compasión quiero y no sacrificio. Mateo 12:7.

Los que pretendemos seguir a Jesucristo estamos llamados a predicar con el ejemplo del amor, es decir, amar a Dios con todas nuestras fuerzas y al prójimo como a nosotros mismos. Si queremos que los liderazgos de todos los sectores, colores y tamaño cambien, y practiquen la tolerancia y el amor, primero debemos hacerlo nosotros, en tanto ese es el mandato que tenemos de nuestro Señor Jesucristo. 

Vivimos tiempos complicados, de conflictos por todos los puntos cardinales del planeta, unos más peligrosos que otros, pero conflictos al fin. A nosotros nos corresponde llenarnos de Jesús, de su amor, de sus valores y patrón de comportamiento, es decir: ser pacientes, bondadosos, no ser envidiosos, no ser arrogantes, no ser egoístas, no ser violentos, no ser vengativos. Tener presente siempre que Jesús es amor y  el amor es Jesús.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com . 

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