• Mayo 3, 2017, media noche

Estimado lector, como ya lo hemos mencionado, cuando usted compra un activo esperando que haya un tonto más grande que esté dispuesto a pagarle por el mismo activo un precio mayor al que usted pago, usted está especulando, basándose en la “teoría del tonto mayor”.  

Y puede ser que al final encuentre a ese tonto y usted gane mucho dinero, pero debe estar claro que está especulando y que no está invirtiendo.  Pero también puede ser que usted sea el tonto más grande y termine perdiendo mucho dinero.  Por lo tanto, no hay nada de malo con especular, pero le recomiendo que al hacerlo no crea que está invirtiendo y evite ser el tonto mayor.

Por el otro lado, usted está invirtiendo cuando usted está comprando, como ya lo hemos dicho, un flujo futuro de beneficios.  Sin embargo, como estos beneficios no se reciben todos el día de hoy y no son seguros, usted, para ponerle un valor a ese activo, traerá los beneficios a “valor presente”.

Pero como este proceso depende de las expectativas que usted tenga sobre qué tanto crecerán estos beneficios en el futuro y qué tan riesgosos son los mismos, el valor de este activo será diferente para diferentes personas, ya que cada una de ellas tendrá una percepción diferente con relación a estas dos variables.  Por eso es que siempre decimos que el valor está en el ojo del potencial inversionista, aunque el precio lo determine el “mercado”.  Y si el valor es mayor al precio, compramos, de lo contrario, vendemos.

Ya esto lo sabemos, pero lo curioso es lo que está por venir.

A nivel macroeconómico siempre hemos dicho que para crecer necesitamos que haya más inversión, nacional o extrajera, y para que haya más inversión es necesario que haya un buen “clima de negocios”, es decir, un estado de derecho que brinde seguridad jurídica a la inversión, estabilidad macroeconómica y una estructura de precios que promueva la rentabilidad de dicha inversión.  Incluso siempre nos gusta recordar que la inversión ya no tiene nacionalidad y que no está haciendo fila para llegar a nuestros países.  Hay que atraerla y retenerla, ya que como ocurre con los clientes en general, es mucho más rentable retener a un cliente que atraer a uno nuevo.

Cuando a nivel nacional se dan estas condiciones el “riesgo país” es menor, por lo que la tasa de descuento con la que evaluamos nuestras inversiones es menor y por lo tanto, más proyectos de inversión deberían ser rentables, impulsándose el crecimiento económico.

Sin embargo, a nivel individual, lo curioso es que a medida que el clima de negocios es más favorable, el precio de los activos productivos en los cuales nos gustaría invertir, tienden a incrementarse, con lo cual la rentabilidad futura de dicha inversión tendería a reducirse.

Y por el contrario, a medida que el clima de inversión se deteriora, si bien es cierto que a nivel nacional la inversión se puede estancar e incluso reducirse, afectando el crecimiento macroeconómico, también es cierto que a nivel de los proyectos individuales, si los beneficios futuros no resultan afectados, el rendimiento futuro de estas inversiones tiende a incrementarse ya que el precio al que se realizan las mismas tiende a reducirse.

Sin embargo, para tomar la decisión de invertir en este segundo escenario, es necesario no dejarse conducir por la “manada” y para ello debemos saber lo que estamos haciendo, es decir, actuar dentro de nuestro “circulo de competencias” y tener confianza en nuestro criterio.  Esto parece fácil, pero no lo es.

Todos conocemos el principio de que para hacer dinero debemos comprar barato y vender caro; sin embargo, a la hora de la verdad, la gran mayoría de nosotros salimos corriendo, vendiendo todo a precio de “guate mojado”.

¿Y por qué la mayoría actúa de esta forma que va en contra de lo que repetimos permanentemente?  

Algunas veces actuamos así porque no tenemos el coraje de creer en nosotros mismos, pero la mayoría de las veces porque no estamos bien informados o no sabemos lo que estamos haciendo.

Recientemente, desayunando en “Zacatelimón”, un gran académico me dijo que alguien le había asegurado que la inteligencia y el valor no se llevan muy bien, pero yo no creo que esa sea la causa principal. Después de todo, a lo largo de la historia hay muchos ejemplos que nos han demostrado lo contrario.

Recordemos lo que ahora todo el mundo repite, que los chinos dicen que toda crisis es una oportunidad.  Creo que ya está expresión ni siquiera es elegante repetirla, pero continua siendo cierta y por ello es que durante las crisis muchas fortunas se destruyen, pero muchas también se construyen.

Posiblemente usted se estará preguntando si al escribir este artículo Noel Ramírez está abogando por un deterioro en el clima de negocios; pero no, ya que lo único por lo que estoy abogando es que cuando vaya a tomar una decisión de inversión, este bien informado, actúe dentro de su círculo de competencias y no se deje conducir por la “manada”, que muchas veces no sabe para dónde va.  Como diría el famoso inversionista John Templeton, “el mejor momento para invertir es en el punto de máximo pesimismo”. 

nramirezs50@hotmail.com

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