• Mayo 10, 2017, media noche

Estimado lector, estoy seguro que usted está muy familiarizado con el principio fundamental de microeconomía en relación con la oferta y la demanda, en el sentido que cuando el precio sube la demanda baja y cuando el precio baja la demanda sube.  Esto es de sentido común.  

En Yale, mi profesor de microeconomía fue William C. Brainard que, con James Tobin, desarrolló la teoría “q” (relación entre el precio y el costo de reposición de un activo) para explicar las decisiones de inversión.  

Ya de esto hemos hablado.  Pero Tobin y Brainard, además de haberme dado clase, también le dieron clase a David F. Swensen y lo convencieron, después de trabajar unos pocos años en Wall Street, que regresara a Yale y manejara su fondo patrimonial que hoy, gracias sus decisiones, asciende a muchísimos miles de millones de dólares que le permiten a jóvenes brillantes sin recursos económicos recibir una de las mejores educaciones que se pueden recibir a nivel mundial.

Sin embargo, me refiero a Brainard y a Swensen por dos razones.  Al primero por el tema de la microeconomía y las leyes de la oferta y de la demanda y al segundo, por el tema de la “eficiencia” en el mercado financiero.  Cuando yo estaba en Yale, a nivel académico la moda era al eficiencia del mercado de Burton Maikel, quien en resumen decía que el mercado era tan eficiente que los precios siempre representaban el valor exacto de un activo.

Con respecto a este tema siempre disfruto al recordar la respuesta de Warren Buffet en el sentido que estaba dispuesto a financiar las cátedras de todos los profesores de finanzas corporativas que promovieran la “eficiencia del mercado”, ya que ello le brindaría más oportunidades de hacer más dinero al realizar sus inversiones.  

¡Recuerde que el adversario de su adversario puede llegar a ser su gran aliado!  Y si alguien le va a recomendar a su adversario cómo continuar haciendo las cosas mal, pues usted debe contribuir a ello.  Posiblemente mi hija María Paola me reprenderá por decir esto.

Recordemos que Buffett, como discípulo de Graham, es un “value investor”, es un inversionista que no cree en la “eficiencia” total del mercado y siempre ha creído que existen distorsiones que te permiten, si realizas bien tu trabajo, encontrar empresas que están subvaluadas y que al adquirirlas obtienes excelentes tasas de rendimientos.

Pues bien, la razón de referirme a Swensen, no es para que los administradores de universidades y centros educación superior aprendan a administrar sus fondos patrimoniales, ya que me imagino que lo saben hacer muy bien, ya que están en esas posiciones y el mercado es “eficiente”.

 Me refiero a Swensen porque según él la discusión de que si el mercado como un todo es “eficiente” o no lo es, es totalmente estéril, y que lo fundamental es reconocer que existen distintos segmentos de mercado y que por sus propias características, unos son más eficientes que otros, aunque en todos, con paciencia y con el análisis correcto, siempre podrás encontrar grandes oportunidades.  

Por ejemplo, según Swensen el mercado de bonos del Gobierno de los Estados Unidos es extremadamente eficiente, seguido por el mercado de acciones de las grandes empresas norteamericanas, pero el mercado de las acciones de las pequeñas empresas norteamericanas y de las empresas en economías “emergentes” o en vías de desarrollo es mucho menos eficiente y por lo tanto en el mismo existen más oportunidades para un inversionista que sabe analizar una empresa, determinar su valor intrínseco y tiene la paciencia suficiente para comprar en el momento adecuado.  Si le interesa el tema le recomiendo dos libros, “Pioneering portfolio management”, de David Swensen y “lo más importante para invertir con sentido común”, de Howard Marks.

Sin embargo, no bastan el conocimiento y la paciencia, ya que también se requiere el carácter necesario para ir contra la corriente y la convicción en lo que uno sabe y en lo que uno está haciendo, aunque el “mercado” este haciendo lo contrario y por eso es que me he referido al principio básico de la microeconomía.

Curiosamente la gran mayoría de los inversionistas actúa en contra del principio fundamental de la oferta y la demanda, ya que cuando sube el precio de una acción, o de un activo en el que está pensando invertir, corre a comprarlo, en lugar de esperar a que baje el precio o venderlo y si ya lo había adquirido.  Y lo peor es que actúa sin tomar en cuenta la relación entre el precio y el valor del activo.  Y por el otro lado, cuando el precio de la acción baja, sin analizar las causas de la baja y sin analizar la relación precio valor, corre a venderlo, en lugar correr a comprar más si la relación valor intrínseco precio así lo recomendaran.  Lo curioso es que estos inversionistas en todas sus demás decisiones económicas si respetan las leyes de la oferta y la demanda.

Para concluir deseo compartir un ejemplo de que siempre existen oportunidades incluso en los mercados más eficientes.  Jesús de Santiago, director ejecutivo de Hispamer, conoce muy bien el mercado de los libros y yo también lo conozco muy bien, ya que siempre me ha gustado comprar buenos libros y a buenos precios.  

Por lo tanto, cualquier operación entre Jesús y mi persona debería ser “eficiente”.  Sin embargo, desde hace varios meses había estado enamorado del libro “En busca del valor”, pero su precio estaba por encima de los US$30.  Cada vez que visitaba Hispamer me aseguraba que estuviera disponible, revisaba el contenido y cada vez me gustaba más, pero no lo compraba por el precio.

 Hace unos pocos días volví a realizar mi tarea y para mi sorpresa el libro, en pasta dura, estaba en US$5 y el libro no se había deteriorado y lo compre.  ¡Pero no solo compre una copia para mí, sino que compre otra para mi hijo Noel! 

nramirezs50@hotmail.com

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