• Mayo 17, 2017, media noche

Muchas veces me han preguntado si no añoro haber tenido una hija mujer y mi respuesta siempre ha sido no. Criar a mis tres varones ha sido una aventura inigualable. He gozado al máximo estos 25 años que tengo de ser madre de tres chavalos espectaculares, que de cuando en cuando me han hecho “parir chayotes”. Pero tengo sobrinas muy queridas con quienes he podido compartir; con amigas de mis hijos y con hijas de mis amigas, que en algún momento me han buscado para compartir sus inquietudes o buscar consejo. 

Vivimos tiempos difíciles porque los valores del mundo se han deteriorado de una forma impresionante. Ahora con las redes sociales y medios para mandar mensajes, el  “bullying” puede ser 24/7. Cuando estaba chavala, la baja autoestima no era muy común, al menos, no lo fue entre mi grupo de amigas. Los mensajes que yo recibí en mi casa me enseñaron que debía respetar y ser respetada. Mi papá muchas veces no me dio permiso de hacer algo o de ir a algún lugar, y en el momento me enojaba, pero en el camino fui entendiendo que él quería protegerme y enseñarme que primero yo tenía que valorarme, para que otros me valoraran. Agradezco infinitamente a mi papá porque cuando yo comencé a salir con muchachos, lo más importante para mí no era el físico, sino la forma en que ellos me trataban, y rapidito despachaba al que me hiciera algún mate raro. 

Yo sé que el mundo ha cambiado, que ahora hay que ser “más liberal”, que no importa que las chavalas se acuesten con tantos hombres puedan hacerlo (ideay, para eso existen los condones), o que se emborrachen o usen drogas para ser “cool”, o para evitar las burlas y quedarse sin vida social. 

Me duele hablar con muchachas que están siendo maltratadas, física y/o emocionalmente por sus novios o esposos; o están siendo mal influenciadas por los que dicen ser sus “amigos” o por un novio, y han cedido a las presiones para entrar al mundo de las drogas. 

Quiero decirle a la hija que no tuve: 

1. Abrí los ojos que los signos de un hombre maltratador se pueden ver a tiempo. No te embarqués con alguien que te obligue a hacer cosas que no querés, o te amenace y manipule. El hombre que Dios tiene para vos te tratará como a vaso más frágil, si no es así, mandalo por un tubo. ¡Vos merecés lo mejor! 

2. Preocupada por tu físico, querés tener los ojos de otro color o el pelo de otra forma... así somos las mujeres, está bien, siempre y cuando no sea algo con lo que nos obsesionemos; no te martiricés por el físico. Dios no hace las cosas a medias. ¡Lo más importante es tu corazón!  

3. Tu cuerpo es tuyo, pero no para hacer lo que te dé la gana con él; es tuyo para cuidarlo. Hay un principio que dice que somos templo del Espíritu Santo. Cuando logrés creer eso, pensarás dos veces hacer algo que vaya a dañarlo.

4. Debés encontrar personas que respeten tu “NO”. Verdaderos amigos o alguien que te ame de verdad, no querrán hacerte daño o que te hagás daño. 

No estás aquí por accidente; Dios te hizo especial para cumplir un propósito, no solo para transitar por el mundo y consumir oxígeno; te hizo para dejar una huella, para marcar positivamente a otras personas y para ser ejemplo.  

Una cosa más, hay una promesa que es para vos y dice: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza... Jeremías 29:11

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