• Mayo 17, 2017, media noche

Mi padre fue muy buen amigo de dos grandes expresidentes del Banco Central de Nicaragua, el doctor Gustavo Guerrero y el doctor Roberto Íncer Barquero.  Cuando me estaba bachillerando en el colegio Pedagógico de Managua, el doctor Guerrero me preguntó, “’Noel, ¿qué pensás estudiar?” a lo que le respondí que deseaba estudiar economía y él me dijo que si deseaba ser economista y desarrollarme profesionalmente en el país, debido a que el campo de acción para economistas era bastante restringido en el sector privado, que antes estudiara leyes, ya que solo así sería un buen economista, ya que si deseaba formular y ejecutar políticas económicas, que es lo que normalmente hace un economista, debía comprender el marco legal en que operaría.  Por eso, antes de estudiar economía, estudié leyes y esa combinación me brindó, como diría Porter, una “ventaja competitiva sostenible”.  Y ahora creo que por haber estudiado leyes, fue que luego el doctor Roberto Íncer me apoyó para que realizara mis estudios de posgrado en economía. Pero, dicho sea de paso, a mis hijos y nietos siempre les he dicho que no estudien economía, a menos que estén interesados en obtener un P.hD.  y que, en todo caso, mejor estudien administración de empresas o ingeniería industrial, para que luego la complementen con un buen M.B.A.

Les comento esta anécdota porque, después de haber obtenido un Ph.D. en economía, haber enseñado economía por más de dos décadas y haber sido presidente del Banco Central, he llegado a la conclusión que para ser un buen economista, además de conocer el marco legal y aprender a pensar como jurista, debes entender la política, ya que, como siempre lo hemos dicho, no hay nada más político que la política económica, y tomar conciencia de ello es fundamental para tener éxito en la ejecución de la misma.  

Yo nunca tomaría en serio el consejo de un economista que me diga que él es un “tecnócrata” y que nada sabe de política, ya que este economista sería un incapaz o un mentiroso,  de la misma forma, nunca recomendaría para presidente o gerente general de una empresa a un D.B.A. de Harvard, M.I.T. o Yale que, aunque me diseñe la mejor estrategia empresarial que se pueda diseñar, no tenga la habilidad de poderla ejecutar exitosamente.

Hace mucho tiempo conocí a Juan Carlos de Pablo, a quien considero uno de los mejores cronistas económicos y quien, en uno de sus artículos, titulado “cómo fracasar rotundamente como ministro de economía”, nos dice lo siguiente:

“Una política económica exitosa en forma indispensable requiere un par de insumos, a saber: un buen fundamento técnico y poder político por parte de las autoridades que pretenden llevarla a cabo”. Y agrega: “el pecado aquí radica en creer que el poder político y los fundamentos técnicos sólidos de un programa económico son sustitutos duraderos, más que complementos necesitándose uno al otro.”

A los responsables del diseño y la ejecución de la política económica de un país, les recomiendo buscar y leer este artículo de Juan Carlos. Y si no lo encuentran, les recomiendo leer el libro que escribimos hace ya algún tiempo, “Los secretos de la política economía y la economía política”.  Pero si no desean leerlo, les recomiendo tener en cuenta las siguientes reflexiones:

Primera, usted debe estar claro que en términos generales el éxito de toda política económica o programa de ajuste depende de la credibilidad del Gobierno, de la credibilidad del programa económico y de la disponibilidad de los recursos necesarios para su ejecución.

Segunda, usted debe ganarse al presidente de la Republica, al partido político y a la burocracia estatal.  Por lo tanto, el presidente necesita un partido político que lo respalde.  No puede ser un “huérfano” político. 

Tercera, usted debe ganarse a la opinión pública, pero sin adelantarse a ella.  Las decisiones anticipadas, como las retardadas tienden a ser contraproducentes. Y como dice Gregory Berns, “una persona puede tener en su mente la idea más maravillosa del mundo, pero si no puede convencer al resto de la gente, de nada le sirve”.

Cuarta, no debe incumplirle a la opinión pública y mucho menos sorprenderla. Recuerde que según el secretario de prensa del presidente Hoover, ningún presidente ha logrado satisfacer a la prensa, sino hasta después de muerto y sepultado.  Y yo le agrego, “y eso a veces”.  ¿Qué es más recomendable? ¿Decir que la inflación será tanto por ciento en tantos días y que no devaluará? o simplemente anunciar que el Gobierno se compromete a mantener una tasa de cambio real competitiva.  Recuerde cuando el primer presidente Bush dijo “lean mis labios. No más impuestos”,  y luego tuvo que poner impuestos y perdió las elecciones. 

Quinta, usted nunca debe hacer de un instrumento de política económica un objetivo nacional. Recuerde cuando López Portillo dijo que defendería al peso como un perro defiende un hueso y luego tuvo que realizar una gran devaluación.

Sexta, mantenga de aliada a la comunidad financiera internacional y siempre conserve una “zanahoria” y ¡anúnciela!

Séptima, genere un sentimiento de equidad y trate de proteger a los grupos menos favorecidos.

Desafortunadamente el espacio se nos ha agotado y además, no lo quiero aburrir.  Por lo tanto, le recomiendo leer el libro que le he mencionado.  Lo puede encontrar en “Hispamer”.  nramirezs50@hotmail.com

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