• Sept. 18, 2007, 3:07 p.m.
A veces, en mis ratos de ocio, me pongo a echarle un vistazo al Blog de EL NUEVO DIARIO y aunque en innumerables ocasiones noto cómo acaban los comentarios de quienes se aventuran a dejar sus pensamientos, opiniones y hasta cuechos de la vida misma o ajena; yo me aventuro a esas “turbulentas aguas” pues estoy consciente que existen la libre expresión además de la tolerancia.

En este espacio, me gustaría compartir con todos (as) algunas cosas que no dejan de suceder en nuestras cotidianas vidas. Asaltos, llegadas tardes, ponchadas de llantas, inasistencia de la nana que te cuida a tu retoño, pleitos con tu pareja, y demás gajes del oficio o la vagancia, en otro de los casos.

Bien, al grano y ya que en el detalle anterior empecé por los asaltos, me detengo a comentar y poner en tela de discusión la falacia, y a la vez la diplomacia por llamarla de alguna forma; que utilizan los amigos, confidentes o hasta familiares de lo ajeno; cuando hacen sus fechorías y para rematar la situación, cuando se frustra un intento de hurto, ¡se arrechan!

Con esto me refiero a una reciente experiencia. Una mañana, cuando me dirigía a mi centro de labores tomé la ruta 105 pues según yo iba poco llena. Me acomodé entre la multitud que con sofocación buscaba lo mismo que yo: asegurarse de no ser empujada (o), pisada (o), golpeada (o); o en el peor de los casos, hurtada.

¡Y miren que esa gente no te baja ni los pantalones cuando te sacan los calzones! Ojo al cristo mis queridos usuarios pues con la experiencia de circular de arriba para abajo en ruta no te hacen conocedor de las mañas de estos delincuentes, pues al igual que las tecnologías, sus “técnicas” también se van actualizando.

Cuando al fin me logré acomodar en el sarcófago con ruedas, de esos que circulan en nuestra ajetreada capital, se suben dos féminas. Una de ellas se acomoda delante de mí simulando que no le daban paso para avanzar y es ahí cuando la otra “usuaria” aprovecha y con un tamaño bolsote, de esos en los que te caben hasta las maldiciones, se lo acomodó delante de ella con el propósito de tapar lo que hacía con sus manos.

Imagínense el cuadro: yo pegada como masate, de ladito, agarrándome del espaldar de la silla en donde iba un pasajero y una de las mujeres a mi izquierda haciéndose la sofocada. Por el otro lado, a mi derecha; la otra mujer del bolsón casi encima mío, o mas bien de mi cartera. Y aunque intenté muchas veces separarme de aquella sospechosa pegazón, la trama era repetitiva: yo me apartaba, ella de pegaba y así sucesivamente.

La historia se puso más interesante cuando sentí que aquella chavala de aproximadamente unos 20 a 25 años, sin ningún impedimento físico ni psicomotor; se me abalanzaba, pero del otro lado tenía aquel “poste” empujándome del lado contrario.

En ese momento mi ángel de la guarda se acordó de mí pues el pasajero que iba sentado en la silla de la cual me iba agarrando, hizo lo suyo. Yo solo vi que lanzó un manotazo a la mujer del bolso y le gritó: “¿Qué onda con la cartera?”.

Aquella mujer se sorprendió, y sin embargo le lanzó a mi defensor unas cuantas mentadas de madre, además de algunas groserías que si las repito aquí me censuran, lo sé. Pero al igual que ella, traté de defenderme mientras se alejaba adentrándose en el bus, debido a que lo abordó por la puerta de adelante. “Por qué no buscás como trabajar mamita, sos una vaga”, le grité molesta. La verdad se me vino a la mente que en ese momento aquella mujer se regresara y me “adornara” el vientre con unas cuantas puñaladas pues es un hecho que circulan bien armadas, pero gracias a Dios no fue así…

Le di las gracias al pasajero que impidió el hurto y me bajé algo nerviosa de la bendita ruta. Caminando el resto del trayecto hacia mi trabajo pensaba: ¿Por qué con tal descaro la gente hace esas cosas y encima, sin pena alguna se pone a discutir con la gente cuando sabe que lo que hace no esta bien? Tal vez sonaré algo tonta e inocente, pero es decepcionante que esas cosas pasen y cada vez con mas empuje.

Muchos se estarán diciendo ahora: es que no hay trabajo. Trillado. Hay gente que busca trabajo rogándole a Dios no encontrar. Les aseguro que si a una de esas mujeres le hubiese ofrecido trabajo para lavarme o plancharme la ropa, me hubiesen puesto miles y miles de pretextos con tal de no trabajar. Eran mujeres jóvenes, y como mencioné antes, saludables y sin problema alguno en su aspecto físico. Tampoco parecían locas ni mucho menos…

Otra cosa que hace años me pasó fue por la parada de Plaza El Sol, donde en las narices de la Policía, un tipo con tanta frescura me asaltó a vista y paciencia de la gente que estaba muy a las nueve de la mañana esperando su ruta.

Lo más divertido del caso es la elegancia con la que ahora te asaltan. Venía detrás de mí y a continuación me puso un pica hielo en las costillas y con tal frescura me dijo: “A ver muñeca, dame tu cartera por favor”… ¡Ja! POR FAVOR. ¿Se fijan? Encima que con halagos, te lo piden POR FAVOR. Pues ni modo que le diga que no, ¿verdad? Menos mal que tenemos ladrones educados.

Es que si no me hubiese dicho POR FAVOR, le hubiera reclamado por tan mala educación, pero a cambio tal vez me hubiera recetado una buena picada de costillas.

Al final, cuidado con los ladronzuelos de hoy en día, pues además no solo los que tienen la cara de serlo, lo hacen; sino que ahora hasta el mas perfumado, mejor vestido y más elegante se aprovecha de uno que, con el sudor de su frente se gana el pan de cada día y los muy diaca&%$• te lo sacan o te lo obligan a dárselo así sin asco. Agárrense duro lo valioso que anden, mejor aún, porten en sus bolsas o carteras lo menos posible. No se arriesguen que aunque lo material se repone, el trauma psicológico queda bien marcado.
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