• Mayo 22, 2017, media noche

En términos generales cuando se compara la inflación con un índice de independencia de cualquier banco central (hay excepciones) la relación que se obtiene es negativa, a mayor independencia menor inflación. La independencia se refiere exclusivamente a la libertad que tiene el banco central para utilizar los instrumentos de política monetaria. 

En cuanto a los objetivos como el desempleo, el crecimiento económico y la tasa de inflación se obtienen del consentimiento mayoritario de la sociedad (se supone a través de la rama legislativa) conjuntamente a un buen entendimiento de los costos y beneficios de cada opción. Por eso es que se necesitan instituciones sólidas donde se puedan procesar libremente esos consensos. Todo esto viene a propósito de un artículo reciente de The Economist sobre las percepciones controversiales que hay respecto a la utilidad de la independencia de los institutos centrales en vista que no pudieron predecir la crisis financiera de 2007/8 y al fiasco del Banco de Inglaterra respecto al brexit.

La independencia está garantizada por leyes específicas y, en algunos casos, por mandato constitucional. Sin embargo, una cosa es la independencia respecto al proceso político y otra muy diferente sería la independencia respecto al sistema financiero. Ningún país ha favorecido la independencia del sistema financiero ya que este es el mecanismo de transmisión de la política monetaria, de modo que el banco central tiene que estar atento a las posibles reacciones de los bancos comerciales a las decisiones de política que se adopten.

Una cuestión muy relacionada a la independencia del banco central es la credibilidad de sus pronunciamientos y de sus acciones. La institución central es investida de un poder excepcional en el aparato político (en el sentido que sus decisiones monetarias son inapelables) y esa autoridad es un voto de confianza de la sociedad. Por tanto, la sociedad espera con todo derecho a ser informada de manera transparente y sistemática y que los anuncios de la autoridad monetaria sean avalados por sus acciones y resultados. 

En el país el Banco Central de Nicaragua (BCN) goza de autonomía que es un poco menos que independencia pero se orienta conforme al diseño institucional mencionado pero ha sido cuestionado porque sus políticas de tasas de interés no lideran la estructura de tasas de interés de los bancos comerciales, mecanismo que es válido en mercados monetarios más profundos. En el país las decisiones de política se transmiten vía el mercado cambiario (la mesa de cambio) complementado por el encaje legal. El mecanismo vía tasas de interés se interrumpió al separar la función regulatoria de los bancos del BCN. Se creó un vacío y una vulnerabilidad y digo vulnerabilidad porque estoy seguro que las crisis bancarias de 2000/1 no se hubieran dado si la regulación hubiera estado bajo la responsabilidad directa del BCN.

Desde una perspectiva más amplia, la política monetaria actualmente se conduce atendiendo a las condiciones monetarias de la economía, procedimiento similar al de la mayoría de los bancos centrales. Por condiciones monetarias de la economía me refiero a la situación cíclica de la economía, el desempleo, el mercado cambiario y las condiciones externas.

Lo que sí pudiera ser cuestionable es que los mercados ejerzan influencia suficiente como para incidir en las decisiones del BCN a pesar de su autonomía. En este aspecto, algunos puntos llaman la atención siendo el deslizamiento cambiario uno de éllos. Como incentivo no se justifica alterar diariamente la estructura de costos de la economía por promover unas exportaciones que se tendrían que dar con o sin el incentivo, es decir el costo-beneficio de esa medida contiene mucho costo social. A este costo social se le agrega un sistema de indexación cambiaria excesivamente discriminatorio que actúa como un impuesto que no colecta el gobierno sino que representa una enorme redistribución del ingreso en la sociedad. 

Otro punto es el elevado margen financiero que resulta contradictorio en un país tan necesitado del ahorro. Ese margen indica una ineficiencia que tiende a imitar las condiciones cíclicas de las economías avanzadas pero resulta paradójico al observar las condiciones cíclicas propias del país.  Más aún si como afirma Funides en su primer Informe del año hay una depreciación del tipo de cambio real efectivo, el aumento de la tasa pasiva  resulta necesario para mantener la paridad de la tasa de interés interna con la externa. Entonces hay una inconsistencia en el tratamiento del sector externo ya que el deslizamiento cambiario contribuye a la paridad del poder de compra en la parte comercial de la balanza de pagos, en cambio la tasa de interés se rezaga en la paridad de rentabilidad de la sección financiera externa.

Esta cierta dependencia del BCN ante los mercados se observa con reserva ya que ha sido, en otras experiencias una fuente de profecías autocumplidas, o sea el mercado espera que el BCN cumpla algo y esa profecía se realiza. Dada esta particular conexión es importante que la sociedad sea informada periódicamente sobre las condiciones de la economía. El Informe Anual del BCN presenta mucho de esta información pero de manera compartamentalizada y lo que se requiere es un foque que conecte en un modelo al estilo de la programación financiera el flujo intersectorial, como se refleja en ese flujo las condiciones de la economía y cómo se cumplen los objetivos de la política monetaria.

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