• Mayo 24, 2017, media noche

Hay gente que dice que la fe es un regalo que no todas las personas reciben. Y no estoy hablando de religión.

Cuando mis hijos estaban pequeños y comenzaban a llegar los regalos de Navidad de parte de los abuelos y los tíos, los ponía alrededor del árbol. Todos los días se acercaban al árbol, tomaban los paquetes, les daban vueltas, los agitaban, trataban de encontrar algún huequito donde pudieran ver que había adentro. La tradición en nuestra casa era abrirlos el 25 de diciembre por la mañana. Tan pronto se despertaba el primero, comenzaba el alboroto para que nos despertáramos y fuéramos alrededor del árbol. En medio de gritos, risas y un montón de papel de regalo desperdigado por toda la sala, abrían hasta el último regalo. Nunca ninguno de ellos dejó alguno sin abrir, a pesar de que no sabían que eran.

Siempre he admirado a las personas de fe; por muchos años quise entender qué significaba tener fe. Pensaba que aprendería a tenerla así como se aprende una fórmula matemática. Comencé a escuchar testimonios de hombres y mujeres de la vida real que han enfrentado situaciones sumamente difíciles, siempre creyendo que saldrían de ellas de forma victoriosa. Han emprendido proyectos sin tener un centavo en la bolsa, creyendo que el Señor suplirá todo lo que necesitemos; han creído que un hijo que tomó el camino de las drogas, regresará a la sobriedad… puedo compartir cualquier cantidad de historias de la vida real, de hombres y mujeres de carne y hueso. Además, tengo la dicha de vivir con uno de esos grandes hombres de fe de los que les hablo, mi esposo, quien tiene una “Fe cara de tubo”.

Entonces, si la Fe es un regalo, ¿cómo lo desempacamos? 

1 Cuando nuestro primer hijo se bachilleró y nos dijo que quería estudiar música en una de las mejores universidades en Estados Unidos, mi esposo y yo nos quedamos perplejos; primero, porque es muy competitiva, y segundo porque vale un montón de dinero. Fue aceptado pero no pudo conseguir beca en los primeros años. Con la carta de aceptación fue al Consulado a pedir su visa de estudiante. A esas alturas, un mes antes de tener que pagar el semestre completo, no teníamos idea de dónde saldría la plata… pero decidimos desempacar el regalo; obtuvo su visa por 4 años. Un mes después estábamos poniendo el cheque por DHL. Cuatro años y medio después se estaba graduando de Ingeniero en Producción Musical.
 
2 Hace poco decidimos abrir un kiosco de Ceviche Express, nuestro negocio, en un lugar bien concurrido. Visitamos el sitio, preguntamos si lo alquilaban y el administrador nos dijo que no. Buscamos la forma de llegar al dueño, mi esposo lo llamó y quedaron de verse en el lugar unos días después. Cuál es mi susto que unas horas después de haber llegado al sitio, me estaba enviando fotos del lugar donde construiría el Kiosco. Decidió desempacar el regalo… se llevó con él al contratista y a la persona que lo administrará… sin tener un Sí del dueño del lugar y con el NO del administrador. En unos cuantos días estaremos abriendo.

3 Hace dos años pasé por una experiencia de cáncer de seno, la cual me llevó a enfrentar un tratamiento fuerte de quimioterapia. En aquel momento tuve mucho temor, principalmente, por los efectos colaterales que uno supone tener. Las personas que han recibido un tratamiento de estos le llaman veneno… yo decidí desempacar el regalo y creer que lo que me darían no era veneno, sino, una infusión de vida. Fueron pocos los efectos que sufrí; después de la tercera infusión, el médico estaba revisando los resultados de las pruebas de sangre para aprobar o no la cuarta aplicación. Me quedó viendo y me dijo: a estas alturas, la hemoglobina debería estar en 6 o 7, la suya está en 11!!!

“Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve…” Hebreos 11:1

La Fe es un regalo que todos podemos recibir. No lo deje en el árbol, desempáquelo.

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