• Mayo 24, 2017, media noche

En uno de mis últimos viajes a San José de Costa Rica, para visitar a mis nietos Noel (ya en maternal) y Luciano (ya gateando), leí unas declaraciones que le atribuían al presidente Óscar Arias Sánchez, diciendo que no tenía interés en competir en unas nuevas elecciones presidenciales, ya que no quería simplemente administrar, pues a él le gustaba gobernar.  Ya en el pasado le he comentado que, según Arias Sánchez, gobernar es educar, gobernar es escoger, gobernar es convencer.

Por otro lado, los clásicos nos han brindado definiciones extraordinarias y muy elegantes; definiciones que se repiten en las mejores escuelas de gobierno y filosofía del mundo.

Sin embargo, hoy deseo compartir con usted mi definición de gobernar, basándome un poco en lo dicho por Óscar Arias,  pero desde ahora le digo que mi definición será considerada totalmente miope por los elegantes profesores de filosofía y gobierno, pero no me importa.  Asumo el costo.  

Lo hago para enfatizar el mensaje y con el sesgo del economista, recordando que para un carpintero todo problema tiene forma de clavo y toda solución tiene forma de martillo. Además, lo hago motivado por una charla que compartimos con un grupo reducido de miembros de la red “Funides”, organizada después de un café con el doctor Juan Sebastián Chamorro, director de este centro de pensamiento.

Lo que deseábamos era que Juan Sebastián cuando haga sus presentaciones no la tenga tan fácil y que le hagan preguntas que vayan al grano, como diría un dermatólogo. Nuestro principio fundamental es que en el corto plazo, por lo general, gobernar es un juego de suma cero.  Lo que le das a un grupo, se lo quitas a otro.  Esto es muy frustrante, pero así es la vida y el instrumento del que disponemos para esta tarea cruel es el Presupuesto Nacional de la República.  

Además, que en el largo plazo, es decir, a lo largo del periodo de gobierno, el objetivo de gobernar es agrandar el pastel a distribuir, eliminando el juego de suma cero.  Ya sé que hay excepciones, pero si tomo ese camino, no les transmitiré el mensaje que les deseo trasmitir.  Por lo tanto, focalicémonos.

Y finalmente, que para bien gobernar, las medidas que tomamos en el corto plazo no deben ser un obstáculo para alcanzar el objetivo de largo plazo.

¿Y por qué le digo lo que le estoy diciendo?

Se lo digo por las siguientes razones:

Primera, porque cada año, debido a que las necesidades, tanto del sector público como del privado, son casi ilimitadas, siempre tendremos que enfrentar una “brecha de recursos”.  

Lo deseable es que esta brecha sea lo menor posible, ya que así gobernaremos con más tranquilidad y ello es necesario para poder alcanzar el objetivo de largo plazo.  En este sentido, dos elementos nos ayudaran a facilitar el poder gobernar con tranquilidad, el saber priorizar y el hacer todo lo posible para aumentar los recursos en el corto plazo.  En este sentido, por ejemplo, una reforma fiscal no aumenta los recursos, solo los traslada de un sector a otro; en cambio, un nuevo préstamo de la comunidad internacional sí los aumenta.

Segunda, porque las dos formas más fáciles de enfrentar esta brecha de recursos en el corto plazo, no son sostenibles en el largo plazo.  Estas formas son, el recurrir a la cooperación internacional (préstamos y donaciones) o el utilizar nuestras reservas internacionales, las cuales son como el oxígeno para el cuerpo humano, ya que sin ellas no podemos importar y por lo tanto no podemos crecer, y tampoco podemos gozar de la estabilidad monetaria que es una precondición para el crecimiento sostenible.

Tercera, porque agotadas las dos opciones anteriores, las alternativas son, el reducir la demanda del sector público y/o del sector privado con un programa de ajuste económico que, si bien tiene sus costos, como cuando nos quitamos la goma tomando un purgante que no nos gusta, también nos permiten retornar a la senda de la estabilidad y el crecimiento; o caer en un proceso inflacionario que además de los costos directos que nos trae, especialmente, sobre las clases menos favorecidas, también nos impide retomar el crecimiento.

 Y si usted se pone a pensar un poco en estas dos opciones y en sus consecuencias sobre los distintos sectores económicos y sociales que componen una nación, se dará cuenta de porqué yo digo que gobernar en el corto plazo es un juego de suma cero. En consecuencia, una definición clásica y elegante de lo que es gobernar le servirá para dar una conferencia sobre el tema en una escuela de filosofía o gobierno, pero para nada más.

En cambio, mi definición, con la humildad de todo masatepino, si es gobernante, le servirá para mejor gobernar y si es empresario, al estar claro que en el corto plazo está enfrentando un juego de suma cero, le permitirá saber si el gobierno le va a dar o le va a quitar y cómo prepararse para incidir en la repartición final o simplemente como protegerse mejor.  

nramirezs50@hotmail.com

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