• Mayo 31, 2017, media noche

En el año 2000 recibí del doctor Hans Tietmeyer, presidente en ese entonces del Deutsche Bundesbank, la obra publicada por la universidad de Oxford, titulada “Fifty years of the deutsche mark”.  Esta es una obra de 836 páginas y es una excelente colección de artículos sobre política monetaria, escritos por las mentes alemanas más brillantes en materia económica de aquella época.  

Cuando leí esta obra por primera vez, la considere “la biblia de la política monetaria” y ahora, dos décadas más tarde, sigo pensando lo mismo.  Tan es así que considero que toda persona que desee vincularse a la banca central, a las políticas públicas o a comprender cómo se garantiza la estabilidad financiera de un país y cómo se destruye, debe leer esta obra.

En la actualidad, el marco alemán, aunque lo que circule en Alemania sea el euro, y el Bundesbank, siguen siendo considerados sinónimos de prosperidad económica y estabilidad monetaria.  Y como los principios que crearon esta aureola los siguen practicando en Alemania, Alemania continúa rigiendo la política económica de la Unión Europea.

Sin embargo, como usted lo sabe, no siempre fue así, ni siquiera en Alemania, y por ello también considero que el banco central alemán, a lo largo de su historia, nos muestra lo mejor y lo peor que podemos encontrar en el manejo de la política monetaria y es por ello que tanto podemos aprender al estudiar esta experiencia y al leer la obra que me obsequió doctor Tietmeyer.

Como usted recordará, tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundial, al ser guerras que duraron más de lo que se esperaba, provocaron grandes inflaciones en la economía alemana y la razón era la única que ya todos conocemos, es decir, que la mayor parte del gasto público era financiada por el banco central haciendo uso de la maquinita, es decir, recurriendo a la emisión inorgánica, es decir, la emisión sin una contrapartida en el crecimiento de la producción.

Y lo interesante e increíble es que políticos poderosos de aquellas épocas, todavía  creían que la solución al control de la inflación era simplemente establecer controles de precios e ingresos, aunque para “fomentar” la reactivación económica se continuara con los enormes déficits fiscales financiados por el banco central alemán.

Es más, en uno de los artículos contenidos en esta publicación del Bundesbank, nos cuentan que cuando el presidente del banco, que en ese entonces tenía otro nombre, le dijo a don  Adolfo Hitler que el financiamiento sin respaldo de esos grandes déficits fiscales causaría una mayor inflación y que para estabilizar la economía se requería reducir las emisiones inorgánicas del banco central, don Adolfo, que deseaba reactivar la economía a toda costa, le respondió, “la única forma que yo conozco para estabilizar la economía son los campos de concentración.  El que suba los precios será arrestado”.  

Sin embargo y a pesar del terror que pudiese haber infundido la Gestapo, ni siquiera esta amenaza de don Adolfo pudo, por sí sola, controlar la hiperinflación, la cual al establecer los controles y las amenazas de encarcelamiento lo único que provocaron, como siempre ocurrre en la historia económica de los países que recurren a estas “soluciones”, fueron el racionamiento y los mercados negros. 

Y como siempre en estos casos, los Gobiernos culparon, en la Alemania de aquel entonces a los judíos y en episodios más recientes a la clase empresarial. ¡Gracias a Dios, nosotros ya aprendimos esta lección!

Cuentan que en aquella época, en Alemania, si visitabas un bar para tomarte varias cervezas, no las podías ir comprando una por una, sino que las tenías que comprar todas de una vez, ya que, de lo contrario, el incremento en los precios que se producía mientras te tomabas la primera y la última cerveza, ya no te permitía comprar todas las que originalmente habías pensado tomarte.  Gracias a dios que los alemanes tomaban la cerveza al tiempo, porque si hubiésemos sido nicaragüenses hubiésemos estado en serios problemas, ya que nuestra cerveza preferida es “la que este más helada”.    

Pero después de estas tristes experiencias, el Bundesbank, a mi juicio y al juicio de la gran mayoría de personas que realmente saben de estas cosas, se convirtió en el modelo de lo que debe ser un banco central.

Ahora el Bundesbank es sinónimo de estabilidad monetaria y si deseamos hacer un “benchmarking”, el debería ser el ejemplo a seguir.

Hoy el Bundesbank, no solo te brinda una “proyección” de la inflación anual que experimentara la economía alemana, sino que te ofrece una “meta”, es decir, un compromiso ya que se compromete ante los agentes económicos a conducir una política económica, con la colaboración del Estado alemán, que garantice el cumplimiento de esa “meta” de inflación, que ahora, en la mayoría de los bancos centrales que siguen esta estrategia, anda por un dos por ciento.  Y no quiero que usted pase por alto esta enorme diferencia en el manejo de la política monetaria, ya que pasar de simplemente proyectar la inflación futura, a establecer una “meta” con una política monetaria y fiscal creíbles, es algo fundamental.

En consecuencia, el banco central de Alemania, a lo largo de la historia, se ha convertido en un “experto” en política monetaria, ya que, como dice el científico danés Niels Bohr, “un experto es alguien que ha cometido todos los errores posibles en el campo de su conocimiento”, y les cuento que después de haber leído esta definición, ¡ahora me considero experto en muchos campos!  Por lo tanto, en el futuro compartiré con usted de forma más explícita como el Bundesbank conduce su política monetaria. 

nramirezs50@hotmail.com 

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