• Jun. 7, 2017, media noche

Estimado lector, para no aburrirlo, esta será la última conversación que tendremos sobre la banca central por un buen tiempo y por ello permítame hablarle una vez más sobre un tema que, no solo es fascinante para los economistas, sino fundamental para la estabilidad monetaria y que es una condición necesaria, aunque no suficiente, para el crecimiento económico, ya que sin estabilidad monetaria no hay crecimiento económico.

 Además, por lo menos le servirá para una conversación elegante en un buen restaurante o en una mesa de tragos.  Y como le he dicho, a mi juicio, el Bundesbank es el banco central por excelencia, a pesar de que cometió los peores errores que un banco central puede cometer.  Sin embargo, recordemos que en el cristianismo San Pedro fue el primer Papa, a pesar de haber negado por temor tres veces al mismo Cristo y a pesar de haber sido advertido de ello.

Lo bueno del Bundesbank y por lo que hay que copiarse de él es lo siguiente:

El Banco estableció claramente sus prioridades institucionales.  Su prioridad es la estabilidad monetaria y para sonar “políticamente correcto” no se sintió obligado a agregarle “y el crecimiento económico” a su razón de ser.  Esta declaración que parece intrascendente es vital, ya que cuando un banco central declara que, además de la estabilidad monetaria, su objetivo es también el crecimiento económico y cooperar con la política económica, especialmente fiscal, del Gobierno central para alcanzar este objetivo, estamos corriendo el gran riesgo de poner en peligro la misma estabilidad monetaria, disfrazándola de una política monetaria “contracíclica”, es decir, acomodaticia o sometida a la política fiscal del Gobierno central. Este riesgo tiende a ser mayor cuando hay un estancamiento económico o al final de un periodo presidencial, cuando muchas veces por razones eminentemente políticas, y con una visión de muy corto plazo, se tiende a aumentar el gasto público para ganar más votos, produciéndose lo que en materia de política económica se ha dado en llamar “the political business cycle”, concepto desarrollado por mi profesor de macroeconomía, en la universidad de Yale,  William Nordhaus, quien al concluir el curso que nos impartió, fue nombrado miembro del “consejo de asesores económicos” del presidente de los  Estados Unidos.  A los que les interese este tema, les recomiendo leer el artículo del profesor Nordhaus, publicado por la universidad de Yale, por medio de la “cowles foundation”, paper no. 425, en 1975.

El banco estableció claramente su independencia profesional. Su ley orgánica estableció que “el banco no estaba sujeto a instituciones de formación política ni a oficina pública alguna, salvo las resoluciones del poder Judicial”.  De la misma forma, el Consejo de Directores no era propuesto únicamente por el poder Ejecutivo y sus plazos eran normalmente mucho más largos (el doble) que lo que duraba lo que nosotros llamaríamos un periodo presidencial.  Además los nombramientos de todos los miembros no se realizaban en la misma fecha, para evitar tener que sustituirlos a todos también en la misma fecha, las calificaciones personales en cuanto al dominio de la materia eran excelentes y la mayoría eran nombrados ya a una edad que, normalmente, esta era su última responsabilidad profesional antes de retirarse, todo lo cual fortalecía la independencia personal del directorio del banco.
En este sentido es interesante el episodio que se dio en 1956 entre el canciller Adenauer, uno de los fundadores de la nueva Alemania, y el señor Vocke, presidente del banco central de Alemania en ese entonces.  

Recordemos que los gobiernos muy pocas veces celebran que los bancos centrales sigan una política monetaria restrictiva, por sus supuestos efectos negativos en el corto plazo en los niveles de actividad económica.  En consecuencia, cuando el banco central decidió subir las tasas de interés para evitar un “sobrecalentamiento” de la economía, es decir, el inicio de un proceso inflacionario, el canciller atacó públicamente al banco culpándolo de los costos sociales que esta medida podría provocar y al respecto, refiriéndose al presidente del banco, en una nota oficial le decía que “le agradecería que la próxima vez que deseara tomar este tipo de medidas incisivas (me imagino, costosas políticamente para el canciller Adenauer) nos consulte con anticipación”.  Afortunadamente, el presidente Vocke, aunque se trataba de Adenauer, fundador de la nueva Alemania, le respondió, “tomar estas decisiones incisivas son parte de nuestras responsabilidades”, posición que fue apoyada no solo por la opinión pública, sino por dos ministros que formaban parte del directorio del banco. También recuerdo una anécdota que se cuenta del doctor Roberto Íncer Barquero, una vez que el presidente Somoza Debayle le pidió que, sin existir los recursos necesarios, financiara un programa que le interesaba al Presidente, a lo cual el doctor Incer le respondió, presidente, sin embargo, primero dígame a cuanto quiere que ponga mañana el precio del córdoba en relación al dólar”.   

Finalmente, el banco estableció su capacidad técnica.  La independencia profesional sin capacidad técnica es peligrosísima.  Es como obsequiarle una metralleta automática a un joven de 10 años.  El daño que puede crear es enorme,  pero el Bundesbank estaba compuesto de grandes profesionales en materia de política monetaria.  Esto le permitió, desde muy temprano reconocer que la política monetaria para enfrentar una inflación causada por un excesivo crecimiento en la oferta monetaria no es la misma que se necesita para enfrentar una inflación generada, por ejemplo, por un incremento en el precio internacional de un insumo importado que sea clave para la economía nacional.  Así mismo, desde muy temprano le permitió reconocer que es un grave error establecer simultáneamente como prioridades del banco central, el control del crecimiento en la oferta monetaria y la estabilidad de la tasa de cambio nominal.  Por ejemplo, cuando se produce una entrada masiva de divisas, el precio de la divisa tiende a caer, revaluándose nominalmente la moneda local y si el banco central se compromete con la estabilidad cambiaria nominal, tendría que empezar a comprar divisas con la moneda local, incrementado enormemente la oferta monetaria y por lo tanto, creando un proceso inflacionario en el sector de los “bienes no transables” (inmuebles y servicios) aunque este acompañado por un gran incremento en las reservas internacionales.

Creo que ningún presidente de banco central está totalmente libre de haber cometido algunos “pecadillos”, ninguno de nosotros estamos libres de todo pecado para lanzar la primera piedra.  Pero estoy convencido y por eso lo digo, que la mejor combinación para garantizar la estabilidad monetaria es tener un presidente de la república que sepa que si la destruye, eventualmente perderá el poder político y un presidente de banco central que domine el tema y no esté aferrado al cargo, aunque “la calle este muy dura”.  

nramirezs50@hotmail.com

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