• Jun. 9, 2017, media noche

A propósito de la Estrategia Nacional de Reconversión Ganadera presentada recientemente por el INTA, existen razones suficientes para analizar el tema de la ganadería en el país, no solo por su contribución económica sino también por los grandes retos sociales y ambientales que tiene por delante en un contexto de mercados globalizados y fuerte incidencia del cambio climático. 

Desde el punto de vista económico la ganadería es sumamente importante, no solo por su rol en el PIB y en las exportaciones totales y agropecuarias sino por ser el principal medio de vida para miles de familias campesinas que utilizan las reses como mecanismo de ahorro, de seguridad o de emergencia ante cualquier eventualidad;  por esa razón la ganadería esta tan arraigada en el país y no se pueden pensar soluciones de fondo para los problemas del agro sino se toma en cuenta a los sectores que viven de ella con lógicas e intereses distintos y si no se apuesta a  la transformación de los sistemas de manejo predominantes, que además de poco productivos tienen un impacto ambiental negativo. 

El modelo extensivo desarrollado alrededor de la ganadería en Nicaragua, hace de esta una de las actividades económicas más ineficientes, con indicadores productivos entre los más bajos de Centroamérica. 

Por ejemplo, en vez de producir 7 litros por vaca como en Costa Rica producimos la mitad; en lugar que una vaca pueda parir un ternero a los 2 años, lo hace en 3 o 4, en lugar de llevar un novillo de 400 kg a matadero a los 2 años, lo hacemos al doble. 

En fin, no podemos sentirnos orgullos de ser el país mas ganadero de la región con tantas debilidades como las ya mencionadas, y tampoco es cierto que somos “competitivos”, sino consideramos los elevados costos ambientales de producir carne o leche. En realidad, la competitividad del sector ha sido históricamente a costa de la relativa abundancia de tierras y su fertilidad natural, ocasionando degradación de suelos y de las mismas pasturas donde se alimenta el ganado, deteriorando además las fuentes de agua superficiales; por consiguiente, este modelo ya está agotado y se requiere cambiar, pasando de sistemas ganaderos extensivos en tierra y mano de obra, a sistemas más intensivos en esos dos factores; en lugar de dedicar 2 manzanas para mantener un animal poder manejar 4-6 en esas mismas áreas y en lugar que 100 manzanas de tierra den empleo a 5 personas, que ocupen a 10 o 20. 

Pero ¿qué tipo de modelos tecnológicos pueden garantizar una mayor productividad y sostenibilidad ambiental y a la vez una mayor inclusión social en las zonas ganaderas?  Estamos hablando de sistemas con divisiones más pequeñas de potreros y una rotación más corta de las pasturas, adicionalmente con una suplementación energética, basada en pastos de corte y/o, ensilaje, y también proteica, que incorpora árboles en forma de bancos forrajeros (madero negro, marango, guácimo, etc.), más el suministro de sales minerales, incluido el aporte de pro bióticos en la dieta del ganado, lo cual contribuye, tal y como lo demuestra la experiencia que ha venido desarrollando el Instituto Nitlapan-UCA en alianza con la Financiera FDL, a alcanzar una mejor productividad lechera, ganancia de peso vivo, mayor carga animal y por tanto un excedente económico superior, en comparación a fincas con sistemas de manejo más extensivos. 

Pero este nuevo modelo tecnológico requiere algunas inversiones claves en las fincas y asesoría técnica que no todos los productores y productoras pueden costear por falta de acceso a recursos financieros, lo que implica formular productos financieros adecuados al sector de la pequeña y mediana ganadería. La vinculación de servicios financieros y no financieros (en este caso el crédito con asistencia técnica) podría acelerar los procesos de reconversión e intensificación de las fincas ganaderas, sobre todo en zonas con mejor acceso a mercado.  La asistencia técnica, además de crear condiciones para una mayor productividad, también es un instrumento de gestión del riesgo financiero, porque asegura al prestador de los servicios el reembolso de los créditos, haciendo más segura la actividad y generando beneficios tanto para los productores y productoras ganaderos como para las entidades financieras.

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