• Jun. 14, 2017, media noche

Hoy conversaremos de sicología, pero no se asusten.  Como ya le he comentado, durante mi época de estudiante en New Haven, lo que estaba de moda en los cursos de finanzas era la “eficiencia del mercado”, es decir, creer que los precios contenían toda la información relevante sobre el valor de un activo y por lo tanto, el precio y el valor eran totalmente iguales.  Y esto a pesar que mucho tiempo antes, Ben Graham, en sus obras “Security analysis” y “The inteligent investor”, nos había demostrado lo contrario y por ello Warren Buffett, su discípulo más famoso, nos decía que él estaba dispuesto a financiar a todo profesor universitario que enseñará “la eficiencia del mercado” y especialmente, si lo elevaba a la categoría de “dogma”.  Recordemos que de esta forma, Buffett pretendía eliminar a su competencia.

Sin embargo, con el pasar del tiempo y con la revisión de la historia y el estudio de los episodios de “burbujas” financieras, el dogma se empezó a cuestionar y recientemente, más que atacarlo o defenderlo, los académicos se han dedicado a explicar por qué la naturaleza humana no está diseñada para contribuir a esta eficiencia y con frecuencia nos encontramos con grandes sub o sobrevaluaciones de activos reales y financieros.  Y los que continúan creyendo ciegamente en la eficiencia del mercado, dicen que la solución, a estos “errores” del mercado, es el arbitraje, una palabra elegante pero que simplemente significa comprar donde el activo está barato y venderlo donde está caro. Sin embargo, a pesar del arbitraje, los “errores” del mercado eficiente no han desaparecido y continúan siendo el deleite de los que están convencidos que estos siempre existirán.

A esta nueva rama del conocimiento se la ha llamado “behavioral finance” y sus padres son Daniel Kahneman, que siendo sicólogo ganó el Premio Nobel de economía y Amos Tvesky.  Y si le interesa este tema, le recomiendo leer su obra “Choices, values and frames”, publicado en el 2000 por la Cambrigde University Press.

Según esta nueva escuela, la razón de este comportamiento, que algunos podrían llamar “irracional”, en lugar de llamarlo “humano”, se debe a las siguientes causas:

Primera, la confianza excesiva, que nos lleva a creer, erróneamente, que tenemos un conocimiento mayor del que poseemos, que podemos reducir el riesgo más de lo que podemos y que tenemos un control, sobre la situación que enfrentamos, mayor que el que realmente poseemos.  Esto nos lleva a ser extremadamente optimistas en el futuro y valorar el crecimiento futuro de los activos enormemente y pagar por ese crecimiento esperado, que nosotros lo consideramos garantizado, precios exorbitantes que luego reducen sustancialmente el rendimiento de esas inversiones.  A esto se debe que, en general, las llamadas acciones de crecimiento tengan un rendimiento inferior, no solo al esperado, que desploma los precios de las mismas, sino en relación al rendimiento de las llamadas acciones de valor, adquiridas normalmente por los también llamados “value investors”.

Segunda, el juicio sesgado o la representatividad heurística o arte de inventarnos conclusiones, que en castellano sencillo significa creer que alguien es buena o mala persona si tiene algunos rasgos, que en nuestra mente, tienen las buenas o malas personas, pero sin hacer un mayor análisis y sin determinar con mayor certeza si nuestra conclusión es fundamentada.  Este comportamiento nos lleva, con mucha frecuencia a invertir en activos que están subiendo de precio, simplemente porque que creemos que esa característica es una característica de todo buen activo.  Yo recuerdo, cuando vivía en Costa Rica y establecimos un fondo retiro en la institución donde enseñábamos en un M.B.A., que nos visitaron unos “expertos” para aconsejarnos sobre cómo invertir nuestro fondo y todavía recuerdo al jefe de expertos decirnos que debíamos comprar las acciones que estaban subiendo de precio, sin darnos mayor explicación y muchos le creímos. Por lo menos, yo no había leído el consejo que Steve Forbes recibió de su abuelo en el sentido que el vende consejos casi siempre hace dinero y el que lo compra lo pierde. Esta causa es parecida pero no es la misma que la siguiente causal, ya que esta se basa en creencias erróneas que nosotros mismos hemos ido desarrollando sin mayor fundamento.  Estos prejuicios te hacen ver tendencias donde no existen y eso para el inversionista es peligrosísimo.

Tercera, la mentalidad de las mayorías o “Herd mentality”, o lo que en castellano simple llamamos la “presión de grupo” y contra la cual constantemente aconsejo a mis hijos y, ahora, especialmente a mis nietas y me molesto mucho cuando les pregunto por qué desean hacer algo que, a mi juicio de “viejo retrogrado”, no es correcto y simplemente me responden, “porque todos lo hacen”.  Pero este comportamiento no es exclusivo de los adolescentes, sino que es muchas veces puesto en práctica, incluso, por inversionistas de gran experiencia.  Y si no, veamos las grandes burbujas que se han producido a lo largo de la historia y especialmente la última que causo la gran crisis financiera del 2007 y 2008.  En este caso no actuamos de acuerdo a nuestros prejuicios, sino de acuerdo a la moda de los demás.  Es parecido pero es muy diferente!  Según el profesor Charles Kindleberger, a quien ya se lo he presentado y es un estudioso de las burbujas y las crisis, este comportamiento se debe a que “no hay nada más doloroso y molesto para nuestro propio bienestar y buen juicio, que ver a un amigo acumular riqueza”.

Cuarta, la aversión al riesgo en el sentido que normalmente el valor que le atribuimos a una pérdida es mucho mayor que el que le atribuimos a una ganancia de valor equivalente.  Según estudios realizados, la relación es de 2.5 a 1.00.  Es decir que para aceptar una apuesta donde si tiro una moneda y cae cruz y pierdo US$100, debería tener como contrapartida que si cae cara gano US$250.  Esta característica, aunada al remordimiento o vergüenza de reconocer el fracaso, aunque sea con tu esposa, y posiblemente peor aún frente a ella, te lleva a mantener inversiones donde estás perdiendo, con la esperanza de recuperarte y no tener que pasar por la vergüenza de reconocer tu error.

Y de nuevo si desea profundizar en este tema, le recomiendo leer “Manias, panics and crashes” de Kindleberger, “Irrational exuberance” y “Animal spirits” de Shiller y “a Random walk down wall street” de Malkiel.

nramirezs50@hotmail.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus