• Jun. 19, 2017, media noche

Esta época en que se celebra a los padres, experimento emociones contradictorias: por una parte la alegría de ser padre y abuelo, por otra,  nostalgia y tristeza por no contar con su presencia física. 

En esta etapa de la vida, observando detenidamente el paisaje desde la atalaya del adulto mayor, cuando me ha tocado transitar por todo tipo de circunstancias en la vida: alegrías y tristezas; éxitos y fracasos; felicidad y llanto; etc... He llegado a entender los consejos y mensajes de advertencia de mi padre cuando yo era un adolescente. 

Mi padre desde muy joven se entregó a la música, no fue estudiado, pero era un lector incansable, leía la biblia y mucha filosofía oriental, lecturas que presumo eran la fuente de sus conocimientos. Lo digo porque cuando uno cometía una falta, sin importar la gravedad de la misma, se esmeraba en amonestar enseñando, utilizando palabras suaves y aleccionadoras; nunca fajazos, nunca palabras groseras que abrieran heridas incurables en el corazón de sus hijos.

En cierta ocasión, que una persona intentó empujarnos a mis hermanos y a mí, a contender con un familiar por una herencia que supuestamente nos correspondía, nuestro padre al enterarse, nos dio una lección de integridad diciendo: olvídense de eso, cuando lleguen a tener algo, que sea porque se lo han ganado con el sudor de su frente. Con ese consejo evitó que iniciáramos una confrontación familiar que quizá hubiese dividido la familia, y nos dio una lección para toda la vida. 

En más de una ocasión que asumí conductas exigentes, mi padre en lugar de exasperarse y reprimir, enseñaba diciendo que los hijos creen que se merecen todo, que los padres están en la obligación de cumplir todas sus exigencias; pero cuando les toca ser padres, pretenden exigir a sus hijos comportamientos que quizá nunca tuvieron con sus padres. Te acordarás de mí, advertía. 

El mejor homenaje que puedo hacer a mí padre es reconocer que supo dar amor a sus hijos, que nos amó por lo que éramos y somos y no por lo que hacíamos; fue y desde la eternidad sigue siendo el mejor amigo; nos enseñó a tener sensibilidad humana ante los más débiles y necesitados; a tomar decisiones y asumir las consecuencias de las mismas; a ser íntegros, a arroparnos siempre con la verdad y la honradez. 

Mi padre como hombre que amaba a Dios enseñó a sus hijos que lo más importante para que los seres humanos tengamos calidad de vida, es el amor, haciendo referencia al libro de Mateo 22:37 que dice: Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, y amarás a tu prójimo como a ti mismo. 

Amiga, amigo, ame y honre a su padre en todo tiempo y circunstancia, si ya no está físicamente con Ud., téngalo presente siempre, actúe de acuerdo a sus enseñanzas y trasmítaselas a sus hijos. Si goza del privilegio de tenerlo, celébrelo este y todos los días, prodigándole amor, atención, gratitud, y proveyendo para sus necesidades. Si lo hace, estará honrando a su padre, y entonces  tendrá larga vida y le irá bien en todo lo que emprenda. Esta es promesa de Dios. 

Queremos saber de Ud. puede escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com . 

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