• Jun. 28, 2017, media noche

Estimado lector, usted posiblemente está familiarizado con el principio de Paretto, que nos dice que normalmente el 80 por ciento de las utilidades de una empresa proviene del 20 por ciento de sus productos o líneas de negocio.

En este caso, lo recomendable es concentrarnos en mejorar esas actividades que representan el 80 por ciento del esfuerzo que hace la empresa, pero que solo genera el 20 por ciento de las utilidades. Y si no las podemos mejorar, pues debemos deshacernos de ellas.

Sin embargo, aunque esta conclusión es “obvia”, como siempre me dicen mis nietas, en la práctica no es tan fácil de ejecutar. Con frecuencia me he reunido y conversado con presidentes y gerentes generales que enfrentan esta situación y antes de continuar con nuestra conversación, me dicen: “Noel, no creas que no conozco el principio de Paretto, pero…” Es más, cuando he asumido posiciones gerenciales, he tenido que escuchar ese “pero” e incluso, algunas veces, lo he tenido que aceptar.

Y ese “pero” puede consistir en la tradición, la inercia, la pereza o el evitar tener un conflicto con otros miembros de la familia, especialmente con yernos o nueras, o miembros de la junta directiva.

Y ¿cuál es la causa de esta situación?

La causa es muy sencilla y ya la conocemos; consiste en financiar proyectos o realizar adquisiciones o fusiones que no cumplen con el principio fundamental de las finanzas corporativas, que nos dice que el crecimiento por el crecimiento no tiene sentido para los accionistas, a menos que su rentabilidad sobre el capital invertido sea superior al costo de ese capital.

El crecimiento por el crecimiento solo tiene sentido para la gerencia general, que es a la única que beneficia, al menos en el corto plazo, para mientras los accionistas se dan cuenta que el mismo en lugar de estarles creando valor, ¡se los está destruyendo!

Incluso si realizamos una adquisición o una fusión y la formalizamos por medio de un intercambio de acciones, donde nuestras acciones están mucho mejor valoradas, en el corto plazo, incluso, se puede mejorar el indicador de las utilidades por acción y, por un rato, creeremos que hemos hecho un excelente negocio. 

En resumen, podemos agrupar los posibles proyectos de inversión, incluyendo las fusiones y adquisiciones en tres categorías: los de la categoría A, cuyo rendimiento supera el costo del capital invertido y al ejecutarlos incrementan el valor de la empresa y de los accionistas; los de la categoría B, cuyo rendimiento es igual al costo del capital y que, por lo tanto, es un crecimiento que no incrementa el valor de la empresa ni el de los accionistas; y los de la categoría C, cuyo rendimiento es inferior al costo del capital y que, por lo tanto, al ejecutarlos destruimos el valor de la empresa y el de sus accionistas.

Recordemos que cuando incorporamos el concepto del “ciclo de vida” de un producto o de una industria, lo normal es encontrarnos con una situación en la cual al inicio y por un período que depende de la ventaja competitiva de la industria y la estabilidad económica y política del país, el rendimiento será superior al costo del capital invertido; que luego al alcanzar la “madurez”, el rendimiento será igual al costo del capital, ya que nuestras ventajas competitivas habrán desaparecido y que, al final, porque la industria cambió y se deterioró y no estuvimos “ojo al cristo”, el rendimiento será inferior al costo del capital.

Sin embargo, siempre he creído que si escogimos una buena industria y siempre estamos “ojo al cristo”, es muy probable de que nunca nos veamos en la etapa final del “ciclo de vida”, y que si la industria es excelente y somos creativos, siempre nos mantendremos en la primera etapa.

Pero para concluir, deseo hacerle la siguiente pregunta: ¿A usted le gustaría ser el propietario de una empresa donde el 20 por ciento de los productos o líneas de negocio produce el 200 por ciento de las utilidades totales? Lea nuevamente la pregunta, ya que va un poco más allá del principio de Paretto. Puede ser que usted diga, “claro que sí.  ¡Qué felicidad sería poseer una empresa donde solo el 20 por ciento de mis productos me generan el 200 por ciento de mis utilidades totales!”. 

Pero luego, usted puede decir: “mejor lo pienso con más calma, ya que Noel me puede estar lanzando una bola ensalibada”.

Y al pensarlo mejor, usted puede concluir lo siguiente: “no la quiero, porque esto significa que con el 80 por ciento del negocio la empresa está perdiendo el 100 por ciento de las utilidades totales y esto es un desastre”.

Pero también puede decir: “después de pensarlo mejor, sí me gustaría ser el propietario de esa empresa, ya que con solo deshacerme del 80 por ciento que está destruyendo el 100 por ciento de las utilidades, estas aumentarían 100 por ciento.  Pero, incluso, también puedo evaluar que puedo salvar de ese 80 por ciento y hacerlo rentable”.  

nramirezs50@hotmail.com

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