• Jul. 10, 2017, media noche

“¿Desear el bien a quien te desea el mal? ¿Bendecir a quien te maldice? ¿Perdonar a quien te hace daño? Lindas palabras, poéticas, pero nada más alejado de la realidad. Quizá Jesús, según Ud. dice, es capaz de hacerlo, pero en el mundo real en que vivimos, en donde lo más común es que unas personas critiquen despiadadamente a otras, a partir de hechos ciertos o infundados. Difícil, imposible diría yo, que humano alguno practique esos principios”.  Con estas palabras una estimable lectora de la columna El Taller del Maestro se refería al escrito que publicamos la semana pasada, titulado “Enseñanzas de Jesús y Estabilidad Emocional”.

El comentario en cuestión, válido por demás, es un acicate para quienes luchamos minuto a minuto contra nuestras propias debilidades, limitaciones y tendencias a conductas que impiden contar con estabilidad emocional, que intoxican la salud psíquica y biológica.  Dicho comentario nos hace ver cuán vulnerable somos, y motiva a potenciar capacidades para librar la batalla para reconocer y solucionar defectos, tomados de la mano de Jesús, de sus enseñanzas, plasmadas principalmente en los evangelios.  

El Dr. Augusto Cury, en su trabajo sobre la personalidad de Jesús, nos muestra a un Jesús hombre, que sabía que entre las principales debilidades del ser humano, se encontraba la aparente capacidad de conocer el mundo externo, pero la absoluta y total incapacidad de conocer su propio mundo interior, y de allí, la tendencia al uso de la crítica despiadada contra el prójimo. Jesús sabía que las personas son rápidas para juzgar a los demás, pero lentas en extremo para reconocer, aceptar y corregir defectos y debilidades propias.  

Jesús quiere que renovemos actitudes y comportamientos, que nos apartemos de las prácticas dañinas. En contraposición al uso desmedido de la crítica despiadada, enseña que limpiemos primero la viga en nuestro ojo para después limpiar la paja en el ojo ajeno (Mateo 7:5). Nos dice que no debemos empeñarnos en andar viendo defectos del prójimo, menos cometer el error de juzgarle. Manda a que, en primer lugar, nos enfoquemos en nuestro interior, nos examinemos, y así, evitar caer en actitudes y conductas tóxicas, o si ya hemos caído, abordarlas con la ayuda apropiada para superarlas.  

Con esta enseñanza, Jesús quiere que cumplamos con el gran mandamiento, amar a Dios por sobre todo, y al prójimo como a nosotros mismos. Que para nuestro bienestar, no hagamos con los demás lo que no quisiéramos que hagan con nosotros.

Enseña que pongamos distancia con actitudes y conductas tóxicas, tales como hablar solo cosas negativas; asumir que solo uno tiene la razón;  incapacidad de reconocer cualidades y logros de los demás; ser hiriente; manifestar reacciones  agresivas; no tener ningún reparo en avasallar al prójimo; practicar la manipulación y manejo de medias verdades; hacer bulling social, etc...  

Amiga, amigo, pareciera irreal, utopía, pero es posible trasformar conductas, Jesús sabía que si nos enfocamos en nuestras propias debilidades antes que en las del prójimo, estamos en camino de ser mansos de corazón y compasivos con el prójimo y con nosotros mismos, lo que propicia el disfrute de estabilidad emocional que nos permitirá mejorar la calidad de vida, tanto propia como de las personas con quienes nos relacionamos. 

Queremos saber de Ud. puede escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com

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