• Jul. 18, 2017, media noche

En noviembre de 1999, en Seattle, el mundo contempló estupefacto cómo fracasaba lo que se ha llamado “reunión ministerial de los gases lacrimógenos”. Un abigarrado grupo de descontentos sacudieron la primera ronda de negociaciones comerciales desde la Ronda Uruguay. Desde entonces estas reuniones de alto nivel se han transformado en iracundas batallas callejeras tal como se ha observado recientemente en Hamburgo, con la reunión del G-20.

Hay una extensa variedad de problemas que afectan las relaciones comerciales internacionales no siendo el menor el hecho de que el comercio crea ganadores y perdedores. No obstante, a partir de 1960 ha surgido evidencia sólida a favor del libre comercio aunque anteriormente este beneficio se producía de manera cíclica.

En 1995, Jeffrey Sachs y Andrew Werner investigaron este tema con una metodología que dividía a los países en desarrollo en economías abiertas, semi-cerradas y completamente cerradas. Las abiertas mostraron el mayor crecimiento del ingreso per cápita comparado con los otros dos grupos, las cerradas tuvieron el menor ingreso per cápita. 

No obstante esta evidencia también corroborada por otros investigadores, Paul Krugman, un mes antes de recibir el Nóbel en 2008 comenzó una exposición sobre el comercio internacional diciendo que su ponencia era la manifestación de una conciencia culpable. Otros economistas se hicieron eco de estos sentimientos en otros foros entre éllos Larry Summers, Alan Blinder y Dani Rodrik, más indudablemente el antipapa de la globalización Stiglitz.

Aunque el comercio ha beneficiado enormemente a los países en el agregado también ha producido perdedores. La futura expansión del comercio seguirá creando más ganadores y también perdedores lo que se evidencia en la creciente desigualdad económica entre países y a lo interno de los países. En un estudio sobre la desigualdad de ingresos el 20% superior aumentó dramáticamente y el 80% inferior bajó también en forma dramática. Al repetir el mismo ejercicio con el 20% de los ingresos más altos de nuevo aparece la concentración a favor de niveles aún más altos y así hasta llegar al 1% versus el 99%.

Este fenómeno de la desigualdad no significa un mayor desempleo, en EE . UU. el desempleo está por debajo del 5%. El libre comercio lo que produce es el desplazamiento de los trabajadores menos calificados ya que la ocupación emigra a países con salarios más baratos. A medida que la tecnología profundiza especialmente en los servicios –que era el tema en Seattle- y los países se abren a dichos servicios se van desplazando trabajadores con calificación simple, después con entrenamiento estándar y van quedando los más calificados y con entrenamiento sofisticado. Se produce una concentración en una minoría que demanda elevados premios salariales. El trabajador desplazado o acepta ocupaciones de menor calidad con salarios mucho menores o queda fuera del mercado de trabajo. Es en este sentido que Samuelson dice que el comercio deteriora la calidad de vida de los países. De hecho, la mediana de ingresos, esto es aquel ingreso que se sitúa a la mitad de la distribución no ha variado en más de una década, sin embargo 
el ingreso promedio ha seguido aumentando sesgando la distribución hacia los tramos más altos.

Este fenómeno de la desigualdad creciente se explica con la tesis de Michael Kremer (Harvard) con su teoría “The O-Ring Theory of Economic Development”, llamada así por la explosión del Challenger en 1986 en donde la la falla de un solo o-ring condujo a una catástrofe completa e inspiró este modelo. La teoría se aplica cuando la elaboración de un producto muy complejo requiere de una serie de tareas y el proceso está condicionado a que una simple falla o reducción de calidad en una de las tareas por un trabajador con menor calificación que el promedio ocasiona la reducción total del valor del producto. Es decir, no se puede sustituir un buen profesor por dos profesores mediocres o un  buen médico por dos mediocres.

En otras palabras, considérese el levantamiento de una cosecha agrícola. Si un trabajador ineficiente deja pasar un producto defectuoso, digamos al 5% de rechazo, esto es tiene una eficiencia de 95% el resultado será un salario ligeramente inferior a otro con una eficiencia de 97.5% de eficiencia. Ahora suponga una fábrica que produce microchips muy complejos con un trabajador con 95% y otro con 97.5% de eficiencia, el diferencial de salarios en este caso es enorme, de tipo exponencial, ya que un pequeño error produce el fracaso de toda la cadena de producción y se debe a que hay rendimientos crecientes en la habilidad laboral. Recuérdese el fracaso del Samsung N-7, hubo que retirarlo completamente del mercado.  El corolario es que en economías con manufacturas y servicios muy avanzados, los trabajadores o los innovadores demandarán elevados premios salariales o beneficios en comparación con economías menos avanzadas con sencillos procesos de producción.

Algunos economistas atribuyen la desigualdad a la tecnología, otros al comercio, Lo más probable es que hay una combinación de ambos factores. La solución no está en el proteccionismo o en la regulación de la tecnología sino en compensar a los perdedores, pero con qué recursos, nadie quiere pagar más impuestos.

En todo este drama, en donde continuarán los Seattle y los Hamburgo, permea la psicología de los conflictos y una relación de amor-odio ante lo inevitable, en expresión  de Susanita, la amiga de Mafalda: “Amo la humanidad, lo que me revienta es la gente”, sobretodo, la gente que triunfa y que muchos desean terminen en una Hoguera de Vanidades.

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