• Jul. 26, 2017, media noche

No sé cuánta gente es como yo, que desde que abrimos los ojos en la mañana, nuestra mente empieza a hacer un repaso de las tareas del día; lo cual incluye revisar los problemas que no se han resuelto y que de alguna manera se han convertido en angustia. Por años invertí mucho tiempo valioso de mi día haciendo este ejercicio, no solamente al despertarme, sino, en varios momentos del día. Es muy difícil vivir tranquilos si no aprendemos a “dosificar” los tiempos dedicados a esta actividad. 

Para ilustrar lo que quiero compartirles hoy, haré una analogía de la vida con la guerra. En la guerra hay momentos de mucha crisis e incertidumbre, pero también hay momentos de descanso y de paz. Por lo que he visto en las películas, cuando un soldado se enlista, recibe entrenamiento, uniforme, armas y municiones. No puede ir a la guerra con armas y sin municiones.

La vida es similar, con la diferencia que muchos de nosotros “nos enlistamos” y no pasamos por el entrenamiento, ni por el almacén recogiendo nuestro uniforme, armas y municiones.  Somos tan autosuficientes y altivos que creemos que solamente necesitamos nuestra capacidad física, intelectual, y emocional. Entonces, cuando se juntan las batallas caemos en combate con mucha facilidad; hay personas que son más fuertes que otras, pero tarde o temprano, las fuertes, sin municiones, caemos desgastadas.

En el contexto de este artículo, las municiones a las que me refiero son las siguientes (Gálatas 5: 22-23)

1. Amor  
2. Gozo; yo lo defino como felicidad intensa, a pesar de las circunstancias.
3. Paz
4. Paciencia
5. Comprensión 
6. Compasión  
7. Fe: ver las cosas que no son como que si fueran.
8. Serenidad
9. Dominio propio

Todos los días necesitamos de estas municiones; dependiendo de las situaciones que nos toque enfrentar, necesitaremos más de unas que de otras. Antes yo abría mis ojos en la mañana, hacia el repaso de los clavos, me abrumaba, y arrancaba el día mal. Hace dos años, cuando pasé por un tratamiento de quimioterapia por cáncer de seno, una de las tantas cosas que aprendí durante esa batalla fue a pedirle a Dios “la dosis” de las municiones que necesitaba, no para todo el tratamiento, no para un mes o una semana, sino, para el día. Recuerdo meterme en la ducha y decir “gracias Señor por las energías que necesito para bañarme”; la quimioterapia me provocó mucha fatiga. 

Hay una historia en la Biblia que me gusta mucho. Cuando Moisés se llevó a los Israelitas al desierto, para librarlos de la esclavitud, tuvieron alojamiento, ropa y comida mientras duró la travesía; Dios les mandaba lo suficiente para el día. Una vez, uno de ellos se quiso pasar de vivo y decidió acaparar maná (alimento), y al día siguiente se dio cuenta que estaba podrido.

En la medida que vamos estrechando nuestra relación personal con Jesús, y conociendo al Espíritu Santo, vamos recibiendo estas municiones. Él sabe lo que necesitamos para cada día; dejemos de ser “bachilleres” tratando de enfrentar los días con nuestras limitadas fuerzas.

Les pregunto: ¿qué municiones necesitan hoy? Una dosis de compasión para no arrancarle la cabeza a nadie; o tal vez un poco de gozo para distribuirlo a su alrededor; quizás un tanto de dominio propio para no caer en la tentación……pídale al Señor la dosis del día…….El sabe la cantidad y sus inventarios están siempre llenos para nosotros.

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