• Jul. 31, 2017, media noche

Jesús de Nazaret, el maestro de las emociones a como muy bien lo define el Dr. Alberto Cury, tenía sólidamente interiorizado su autoconcepto. Él afirmaba con firmeza y determinación que Dios era su padre; ello se constituía en fundamento de autoestima sana y de la humildad que le caracterizaban, lo que le permitía administrar y canalizar óptimamente las emociones.

Él sabía que era hijo de Dios, su hijo amado; sin embargo, no hacía ostentación de ello. Cuando pregunta a sus discípulos ¿quién dice la gente que soy?, recibió diversas respuestas, entre ellas la siguiente: Tú eres el Cristo, el hijo de Dios. Les instruye que no divulguen esto.

Seguramente, que aun cuando ninguno de los discípulos hubiera dado esta respuesta, ello no hubiese sido causa para que Jesús pusiera en tela de juicio su identidad, su autoconcepto: hijo de Dios. 

Ser hijo de Dios, el hijo amado, no es cualquier cosa, sin embargo, la autoestima alta y sana interiorizada en Jesús, le permitía no hacer ostentación de ello, y por ende no ubicarse por encima del prójimo, menos aún desvalorizarse y sentirse menos que otras personas.  Jesús sanaba enfermos e instruía a los sujetos de dichos milagros a no decirle a nadie lo que les había sucedido; le decían: Maestro bueno, y Él respondía: por qué me dices bueno, bueno solo mi Padre. 

La solidez de su autoconcepto: El hijo amado de Dios; la autoestima sana de que disponía: no sobrevalorarse ni infravalorarse, le proporcionaban capacidad de practicar en todas sus acciones una humildad tal, que la manifestaba callando sus virtudes. Sencillamente, Él distinguía entre autoconcepto y egolatría, Él no era hijo de hombre para andar alardeando u ostentando, consciente de que nadie está más vacío que quienes están llenos de sí mismo. Estos últimos, destilan y contaminan el entorno con arrogancia, prepotencia y egocentrismo.    

Amiga, amigo, Dios quiere que vivamos plenamente en esta tierra, para ello es importante que nos apropiemos de autoconcepto, autoestima y humildad, entre otros valores. Tenemos el modelo, el mentor, el ejemplo, Jesucristo. 

Todos (as) tenemos la oportunidad de ser como Jesús; la Biblia en Romanos 8:16-17 le proporciona el autoconcepto: El Espíritu mismo da testimonio que somos hijos de Dios, y si hijos también herederos de Dios y coherederos con Cristo. Y lo reafirma en Efesios 2,10, cuando dice que somos hechura de Dios. 

Amiga, amigo, somos obra de Dios, sus hijos (as) amados (as), no se vale desperdiciar esta riqueza dejándose llevar por miserias y mezquindades humanas (envidia, egoísmo, arrogancia, prepotencia, avaricia, odio, vicios, contiendas, etc..) que solo tristeza, dolor e infelicidad producen. 

Amiga, amigo, al igual que Jesús, aprópiese de su identidad (autoconcepto) hijo (a) de Dios; no se sobrevalore ni se desvalorice (autoestima), usted como hijo (a) de Dios, es coheredero (a) con Jesucristo; sea humilde en sus actuaciones. 

Hacerlo le proporcionará una vida sana, psíquica, física y social. Clame a Jesús para que le guíe y apoye en este proceso, dígale: Jesús mío, yo le acepto como mi Señor y Salvador, le pido que me ayude a construir y fortalecer mi identidad como hijo (a) de Dios, a tener autoestima sana, a ser humilde y vivir a plenitud. 

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com

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