• Ago. 3, 2017, media noche

Aún antes del sorprendente triunfo de Donald Trump en las elecciones del año pasado, la comunidad educativa ha expresado una serie de preocupaciones sobre el posible impacto que su administración pueda tener en un futuro cercano. Desde cambios en las políticas de visas estudiantiles hasta reducciones en la ayuda financiera, las promesas y declaraciones generales de Trump durante su campaña han creado una imagen alarmante para la educación superior. Y con la reciente emisión del plan de gastos nacionales para el 2018, algunas de las especulaciones se han convertido en posibilidades con fundamentos.

Como medida para completar sus ambiciosas metas (que incluyen inversiones en infraestructura, aumento en gastos militares y alrededor de US$5.5 trillones en recorte de impuestos), la administración de Trump está reduciendo el presupuesto de áreas relacionadas al bienestar social y la educación. Esta es una medida que, de acuerdo a investigaciones académicas, puede interferir con el crecimiento económico. El plan de la actual administración de cortar el presupuesto del departamento de educación por un 13.5% es la reducción más grande desde el compromiso fallido del presidente Ronald Reagan de cambiar el rol federal en la educación estadounidense en 1982. Y aunque la educación primaria y secundaria sería afectada por la eliminación de, al menos, cuatro programas y por la reducción drástica de muchos otros, esta  también tendría una gran inversión en la elección de colegios. Por lo tanto, la educación superior sufriría las mayores consecuencias; con la excepción de las universidades con fines de lucro, quienes e
n realidad podrían beneficiarse de las desregulaciones. 

Ante todo, en la búsqueda de ahorrar un billón de dólares, Trump quiere desechar los préstamos estudiantiles subsidiados – en los cuales el Gobierno federal paga el costo de los intereses mientras los estudiantes continúan cursando sus estudios universitarios. Sin esta ayuda, millones de estudiantes que actualmente luchan para pagar sus préstamos estudiantiles serán afectados en grandes proporciones. Adicionalmente, con la meta de ahorrar US$859 millones, Trump planea eliminar el “Perdón de Préstamo por Servicio Público”, un programa que fue lanzado en el 2007 para motivar a los graduados a participar en programas de servicio público sin fines de lucro y empleos de docencia en áreas rurales a cambio del perdón de sus deudas estudiantiles, generalmente después de 10 años de pago. La primera generación de beneficiarios (con más de 550,000 graduados) estaban a la espera de que su deuda fuera perdonada en octubre de este año, pero ahora enfrentan la incertidumbre. La promesa de reducir la deuda determinó sus deci
siones de vida, es fácil entender por qué ellos están extremadamente preocupados.

También, son notables las reducciones a otros programas que apoyan a estudiantes de escasos recursos y minorías: la Educación Técnica y Vocacional (CTE, por sus siglas en inglés) sufrirá una reducción de US$166 millones. Esto parece contradecir la promesa de campaña de Trump de priorizar el desarrollo profesional y la creación de trabajos. El Pell Grant, una beca federal de la cual depende cerca del 90% de estudiantes afroamericanos, será reducida por US$3.9 billones. La Beca SEOG, que complementa a la ayuda financiera mencionada previamente, sufrirá un corte de US$732 millones. Así mismo, programas laborales para estudiantes tendrían una reducción de US$318,339,000 y solo estudiantes de pregrado serían beneficiados. El programa TRIO/GEAR UP, diseñado para apoyar a estudiantes de bajos recursos y aquellos que son los primeros de su familia en recibir una educación superior, también tendría un corte de US$193 millones. Y por último, “Title III/V”, el cual ayuda financieramente a instituciones que reciben a est
udiantes de escasos recursos, sufriría una reducción de US$86 millones. El llamado plan de presupuesto “Estados Unidos primero” propone “hacer que la educación universitaria sea más accesible”, pero los números muestran que la administración va en la dirección contraria. Basado en la propuesta de presupuesto, las oportunidades para estudiantes con bajos ingresos y aquellos pertenecientes a minorías serán reducidas abismalmente. Las reducciones planteadas podrían obstaculizar la culminación de sus estudios y metas profesionales. 

Las agencias federales también sufrirían cortes que podrían tener consecuencias severas en la educación superior. En la actualidad, las investigaciones científicas son necesarias para encontrar soluciones a problemas de seguridad nacional, desastres naturales, y para mejorar la economía. Sin embargo, la administración de Trump planea reducir el presupuesto de la Fundación Nacional de Ciencia (NFS) en un 11%. Es un reto nacional,  ningún otro presidente, en los 67 años de la Fundación, ha propuesto un corte en el presupuesto actual. En caso de ser aprobado, las investigaciones ambientales y biomédicas, e investigaciones de salud pública sufrirían atrasos enormes. Junto con esta agencia, el Instituto Nacional de Salud (NIH) enfrentaría una reducción del 18% y otras dos agencias, la Fundación Nacional de Arte (NEA) y la Fundación Nacional de Humanidades (NEH) serían eliminadas. 

Las universidades también temen que limitaciones en la visa H1-B podrían impactar de manera negativa el reclutamiento de estudiantes internacionales. Esta preocupación nace del hecho que muchos estudiantes extranjeros se inscriben en universidades estadounidenses con el plan de quedarse en el país después de graduarse y obtener experiencia laboral. Al mismo tiempo, estudiantes internacionales sufrirían un impacto negativo por el clima político actual y la administración de Trump puede crear preocupación. Estos factores disminuyen la motivación de estudiar una carrera profesional en los Estados Unidos. Parece que en la propuesta de presupuesto para el 2018 Estados Unidos viene de primero y la educación superior de último.

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