• Ago. 9, 2017, media noche

Estimado lector, ¿es usted un inversionista o es un especulador? El mayor riesgo es creer que está invirtiendo, cuando en realidad está especulando. No hay nada malo con especular, pero es fundamental estar consciente de ello.  En este sentido, en unos pocos casos es muy clara la diferencia, pero en la mayoría podemos pasar de estar invirtiendo a estar especulando y no nos damos cuenta. Y es de estos casos, que no son tan claros, de los que deseo conversar con usted.

En primer lugar, recordemos que el rendimiento total de una acción o de un activo en general depende de dos factores: los dividendos que podemos recibir y las ganancias o pérdidas de capital que podemos experimentar.

En segundo lugar, debemos recordar que el rendimiento proveniente de los dividendos, o del flujo libre de caja si deseamos ser más exactos, depende de las características fundamentales del activo, es decir, el valor intrínseco del activo y por lo tanto es mucho más racional; y que las ganancias o pérdidas de capital, debido al cambio en el precio de mercado del activo dependen, no solo del comportamiento futuro del flujo libre de caja, sino también de las simples expectativas del mercado en cuanto al precio de dicho activo, sean estas racionales o irracionales.  Por lo tanto, en la medida en que nuestra decisión de adquirir un activo dependa más del flujo de caja libre, más cerca estaremos de estar realmente “invirtiendo”; pero en la medida en que nuestra decisión dependa más de nuestras expectativas de las ganancias de capital por el incremento esperado en los precios de dicho activo, estaremos más cerca de estar realmente “especulando”.

En tercer lugar, la complejidad no termina con esta diferenciación, ya que, como recordaremos, el valor intrínseco de un activo no está basado en el flujo libre de caja pasado, sino en el flujo libre de caja futuro.  Pero este flujo libre de caja futuro, la mayoría de veces, está condicionado por nuestras expectativas de crecimiento.  Por lo tanto, mientras nuestra decisión de adquirir el activo dependa más del crecimiento esperado del flujo de caja, nuestra decisión estará más basada en nuestras expectativas de crecimiento y, por lo tanto, estaremos alejándonos de la inversión y estaremos aproximándonos a la especulación.

En cuarto lugar, debemos recordar que para que el crecimiento futuro, que ya es una expectativa nuestra, aumente el valor del activo, debe cumplir con la condición de que el rendimiento sobre la inversión sea mayor que el costo del capital invertido.  Pero lo interesante es que, en el largo plazo y en una situación competitiva, ambos parámetros tienden a converger y, por lo mismo, el crecimiento deja de crear valor.  En consecuencia, es fundamental poder tener una expectativa clara sobre “el periodo de ventaja competitiva”, ya que normalmente este no es indefinido, como muchas veces, sin darnos cuenta, llegamos a suponerlo.  En este sentido, es mucho más importante la duración de este periodo, que el margen que exista entre la tasa de rendimiento de la inversión y el costo del capital.  

Sin embargo, mientras nuestra decisión de adquirir el activo dependa más de este periodo de ventaja competitiva, más nos estaremos basando en expectativas, más nos estamos alejando de invertir y más nos estaremos acercando a especular. Sin embargo, y solo para complicar más la situación, cuando nuestra decisión se basa exclusivamente en el margen entre los dos parámetro mencionados y no tomamos en cuenta para nada la duración del periodo de ventaja competitiva, también estaremos realmente especulando, especialmente si la inversión es de mediano o largo plazo.

Por eso, como bien lo dice John Bogle, creador de los fondos de inversión indexados y baratos de administrar: “La inversión no es una ciencia; es una actividad humana racional y emocional” y nos agrega que, “si somos pacientes y tenemos el carácter necesario para evitar caer fácilmente en el pánico, tendremos éxito”, pero si somos impulsivos, impacientes y no tenemos ese carácter, fracasaremos”.  Y por eso, también nos dice que Warren Buffett se puede dar el lujo de manejar directamente sus inversiones, pero que la mayoría de nosotros debería invertir en uno de esos fondos indexados, que son representativos del mercado, cuyo costo de administración sea muy bajo y que se haga con una visión de largo plazo.  Y si le interesa leer más sobre la filosofía de este hombre, le recomiendo leer cualquiera de sus libros y, en especial “John Bogle on investment: The first 50 years”, publicado por Mcgraw Hill en el 2001.

De igual forma, Ben Graham, en 1958 nos decía que, “antes la especulación estaba vinculada únicamente a los aspectos fundamentales de la industria y de la empresa (y nosotros le agregaríamos el entorno económico y político).  Pero ahora, la combinación de supuestos altamente imprecisos con fórmulas matemáticas muy precisas es usada para establecer o justificar cualquier precio. Dados los supuestos oportunistas en cuanto al crecimiento futuro, los periodos de ese crecimiento son lo suficientemente prolongados y por el milagro del crecimiento de la tasa de interés compuesto, ahora usted puede justificar cualquier precio.  Por eso, cuando aparece el álgebra o el cálculo en el tema de la inversión, tenga cuidado, porque le quieren disfrazar una decisión especulativa como si fuera una inversión racional”.  Y por ello, cuando el presidente ejecutivo de la empresa (C.E.O) está interesado en una adquisición y le pregunta a su gerente financiero (C.F.O) cuál es el precio de dicha empresa, casi siempre la respuesta es, 
“la que usted diga señor”.

En este mismo sentido, Alan Greenspan nos dice que “las técnicas para calcular el valor presente de un flujo de caja son elementales.  Sin embargo, en mi experiencia, lo que determina la decisión de inversión es la varianza en el resultado promedio esperado y es aquí donde se cometen los más grandes errores”.  Por ejemplo, según Greenspan, un proyecto con un rendimiento promedio esperado del 20 por ciento puede ser rechazado, si debido a la incertidumbre en el largo plazo, el rango de variación del mismo puede ir desde un 60 por ciento positivo, hasta un 20 por ciento negativo.  ¡Nosotros recordemos que una vez una persona se ahogó en un lago que tenía tan solo 20 centímetros de profundidad promedio.  Su varianza era enorme!  La mínima profundidad era un centímetro y la máxima era de un kilómetro.  

Por eso es que se dice que la inversión es una ciencia y es un arte, y que para reducir estos riesgos potenciales debemos operar dentro de nuestro círculo de competencia, operar con un margen de seguridad y mejorar cada día nuestras habilidades en el análisis de las ventajas competitivas.  

nramirezs50@hotmail.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus