• Ago. 14, 2017, media noche

Estando en una actividad social me ofrecieron una copa de vino, la que sin ningún asomo de duda, pero con la debida cortesía, rechacé.  Un amigo, a pesar de ser conocedor que no ingiero bebidas alcohólicas, me hizo la observación que solo era una copa, que una no es ninguna.

Ciertamente, quizá para quienes nunca han sido adictos a estas sustancias, una no es ninguna, pero para personas como yo, que por años estuve sometido y dependiendo del alcohol, una puede ser muchas, y peor aún, retroceder al estado en que los pensamientos y comportamientos son controlados por la adicción. 

Alcohólicos anónimos enfatiza un NO rotundo a la primera copa, porque no hay segunda sin primera. La Biblia, en Proverbios 23, dice: no mires la sidra (bebidas alcohólicas) cuando rojea, al inicio se bebe fácilmente, pero al final muerde como víbora, y envenena cual serpiente. 

Le explicaba al amigo que, en estos meses, cumplo 15 años de haber renacido, por la misericordia y el poder de Jesús, a una vida libre de ataduras, particularmente de la perversa adicción alcohólica. Capaz de destruir moral, sicológica, física y económicamente a quienes son atrapados en sus garras, amén de pulverizar familias.        

Soy convencido de que el coqueteo con la primera copa puede significar una recaída, un retroceso a esa vida odiosa, gobernada por el alcohol y  sus nefastas consecuencias. 

Si bien, considero que no es necesario experimentar recaídas para avanzar en el proceso de recuperación y liberación de la adicción; también creo que la recaída a veces es parte de dicho proceso. Es decir que, la recaída proporciona aprendizajes para el manejo adecuado de factores de riesgo. 

Por lo general las recaídas son dolorosas, porque cuando sentimos que hemos superado la adicción, descuidamos flancos débiles, propiciando condiciones para recaer, haciéndonos sentir culpables por lo que hicimos y nunca debimos haber hecho; hemos fallado a Dios, a quienes nos han creído y a nosotros mismos.   

En circunstancia de recaída lo que cabe, es levantarse lo más rápido posible y continuar el proceso de lucha para librarse de la adicción.

La ciencia indica que los seres humanos, disponemos de resiliencia, entendida como la capacidad para enfrentar adversidades, debilidades, superarlas y seguir adelante. La Biblia, en Gálatas 5, nos dice que el fruto del Espíritu nos proporciona longanimidad, que es la constancia y la fortaleza ante las situaciones adversas de la vida. 

Amiga, amigo. si Ud. está en medio de un proceso de recuperación de adicción, sea a sustancias o a una relación tóxica o a hábitos alimenticios dañinos, etc., aléjese de todo lo que traiga a su mente dicha adicción. Aprópiese de longanimidad y dominio propio (Gálatas, 5:21), y si por circunstancias recae, el fruto del Espíritu lo ayudará a levantarse y continuar en la lucha.

Amiga, amigo, si tiene una recaída que sea acicate para reiniciar el proceso con nuevas fuerzas. Clame a Jesús y pídale apoyo, dígale: “Jesús mío, respáldeme para vencer la adicción; si caigo, ayúdame a levantarme; renueve mis fuerzas, sé que con su apoyo saldré airoso del desierto que he estado atravesando, porque quienes pasan y salen del desierto están destinados a grandes propósitos suyos, y yo soy uno(a) de ellos(as).

Queremos saber de usted. Lo invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

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