• Ago. 16, 2017, media noche

¿Podrán creer que a mis casi 50 años decidí aprender a tocar el Cello? Bueno, si bien podría parecer un acto de “crisis de mediana edad”, realmente es un deseo de mi corazón de retomar la música en mi vida. Cuando tenía 9 años comencé a tocar guitarra clásica y lo hice hasta que cumplí 16. La dejé porque me sentía demasiado presionada por mis padres para tocar enfrente de la gente. En cada reunión en mi casa, generalmente mi papá, me llamaba para que tocara unas cuantas piezas enfrente de sus amigos. Yo era sumamente tímida y me escapaba de morir cada vez que tenía que hacerlo. Recuerdo una vez que alguien me dijo que los talentos Dios nos los daba para compartirlos con los demás, si no para guardarlos para uno mismo. Me sentí tan mal y tan culpable de no querer compartir el mío con otras personas, pero mi timidez me venció.

Ahora que soy mamá entiendo por qué mis papás insistían tanto que tocara delante de sus amigos; ellos se sentían orgullosos de mí, de mi disciplina y excelencia ejecutando el instrumento. Por muchos años los culpé y me arrepentí una y mil veces de no haber continuado. 

Cuando nuestro hijo mayor tenía como dos años, su pasatiempo favorito era tocar tambores. Agarraba baldes y porras o los bongos de su papá, encendía la música y se sentaba a tocar tambor. Prefería eso que sus juguetes. A los diez años comenzó clases de batería; le compramos una batería usada que se la “rencauchamos” varias veces hasta que vimos que iba en serio, y para una Navidad le regalamos una nueva. Alejandro es tímido, pero por alguna razón, cuando se sienta en su batería se transforma y puede tocar enfrente de miles de personas... definitivamente mucho más valiente que yo. 

Nuestro hijo Andrés también sacó los genes musicales, pero ha sido más reservado. Aprendió a tocar bajo y guitarra (eléctrica y acústica), y tiene un talento deportivo nato. Desde niño practica algún deporte; comenzó nadando, luego jugó tenis y al final se dedicó al futbol. 

Sebastián canta desde que puede hablar. Ese niño cantaba desde que se despertaba en la mañana hasta que se dormía en la noche; en el colegio cantaba y era un problema porque interrumpía la clase. Tiene una voz privilegiada y toca el piano.

Desde pequeños les hemos dicho que no es suficiente tener talento, que tienen que trabajar duro para perfeccionarlo. Nuestros consejos para ellos han sido:

1. Amar y perseverar en lo que hacen, mantener viva la pasión
2. Creer que lo pueden lograr
3. Enfocarse 
4. Mantenerse “afilando el hacha” (estudiar, actualizarse, practicar)
5. Buscar las oportunidades, hacer lo que les toca y dejarle a Dios el resto
6. Ser humildes y agradecidos

Los padres jugamos un rol muy importante en el desarrollo de los talentos de nuestros hijos. Nuestra presencia y respaldo son la clave para que busquen la excelencia siempre. Hemos invertido horas de horas en partidos de futbol y presentaciones musicales. Recuerdo por muchos años en la Kermés del colegio, correr de un campo de futbol al vehículo para mover instrumentos musicales de un lado a otro. Hoy extrañamos esos momentos y esas actividades, pero si de algo estamos satisfechos como padres, es el haber apoyado a nuestros hijos con el desarrollo de sus talentos.

No sabemos hasta donde Dios los va a llevar en el futuro; cuántas vidas impactarán en el camino, pero lo que si estamos seguros es que los planes que Dios tiene para ellos son planes de bien y no de mal para que tengan un futuro lleno de esperanza (Jeremías 29:11)

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus