• Ago. 16, 2017, media noche

Estimado lector, cuando estudiábamos en kínder, en María Auxiliadora, Sor Emilia nos hacía “repasos” de periódicos y, además de que eran muy útiles, los disfrutábamos mucho. Pues bien, ahora, muchísimo tiempo después y sin pretender compararnos con aquella gran maestra, deseamos repasar con usted, los principales errores que, a nuestro juicio, se pueden cometer en el mundo de los negocios y las inversiones. Pero por favor, no se moleste por lo pretenciosa que suena esta introducción, ya que no he encontrado otra mejor. Mis más sinceras disculpas.

Los errores 

Primero, invertir en países y mercados que usted no conoce. Recuerde que su primera obligación es conocer el entorno económico y político del país donde invertirá y que las decisiones no las toman las instituciones, sino las personas. Además, recuerde que para estos fines, el concepto “gobierno” no existe, ya que si el tema que le interesa es la política cambiaria, la opinión que normalmente le debe preocupar es la del presidente del Banco Central y no la del ministro de Relaciones Exteriores.

 Segundo, invertir en industrias que usted no conoce. Recuerde que es más importante el caballo que el jinete, y que si usted invierte en una industria muy competitiva, donde existe una guerra de precios, la imagen de la industria se mantendrá intacta, pero la suya, muy probablemente será destruida. Invierta dentro de su “círculo de competencia”. Y si no posee competencia alguna, invierta en un fondo “indexado”.

Tercero, invertir con socios o en equipos gerenciales que no conoce o que, si los conoce, no son el tipo de personas con los que se sentirá a gusto o el tipo de personas que defenderán, ante todo, sus intereses como accionista. Si usted es un inversionista de largo plazo, que busca el crecimiento rentable y cree en la reinversión de las utilidades para financiar dicho crecimiento, no invierta con personas que lo que buscan son elevados dividendos en el corto plazo. 

Cuarto, creer que el crecimiento por el crecimiento lo esto todo. Recuerde que la mayoría de las quiebras bancarias se producen debido a crecimientos muy rápidos y excesivos, salvo aquellos casos en que los directores y la administración superior los quiebran fraudulentamente. También recuerde que, para que el crecimiento aumente el valor del negocio, el rendimiento sobre la inversión debe ser mayor que el costo del capital invertido. Si el rendimiento es menor, el crecimiento destruye el valor de la empresa y el de su inversión en la misma. Por lo tanto, el crecimiento debe ser rentable.

Quinto, creer demasiado en los beneficios de las fusiones, adquisiciones y sinergias, ya que estas últimas casi nunca se concretizan. Normalmente estas operaciones solo benefician a la dirección superior de la empresa adquirente, a los accionistas de la empresa adquirida y a los abogados y banqueros de inversión. Siempre tenga en mente las fortalezas competitivas clave de su negocio. En todo caso, las sinergias que aumentan las ventas y por lo tanto el crecimiento, son más valiosas que las que simplemente ahorran costos, ya que sus beneficios, si es que se dan, son muy temporales.

Sexto, diversificar por diversificar. La mayoría de las veces con estas decisiones terminamos “matando a la gallina de los huevos de oro”. Nunca olvide su “círculo de competencia”, ni sus fortalezas competitivas clave. No es recomendable querer ser “todo para todos”. La diversidad es compleja y lo complejo es más costoso de administrar. Si su restaurante es de comida italiana, venda comida italiana; pero si es de comida china, venda comida china, de lo contrario los clientes no volverán y recuerde que es mucho más rentable conservar a un cliente que buscar a uno nuevo. 

Séptimo, duplicar el elemento “riesgo”, incorporándolo en el flujo de caja libre (F.C.L.) que vamos a descontar y luego, incorporándolo en la tasa de corte (k). Muchas veces incorporamos el riesgo reduciendo el estimado de las ventas (precios o volúmenes) o aumentando los costos, al incrementarlos debido a una posible devaluación y, luego, lo volvemos a hacer incrementando la tasa de corte.

Octavo, pagar demasiado por la inversión, pensando que la misma es tan buena, que no importa pagar lo que sea. Al invertir en lo que está de moda, casi siempre cometemos este error. Al realizar una adquisición, por el premio que pagamos, casi siempre cometemos este error. Recuerde que un negocio excepcionalmente bueno, no es necesariamente una buena inversión. Si pagamos demasiado, por bueno que sea el negocio, nuestra inversión será una mala decisión. Si a valor en libros las acciones de una empresa están generando un 20 por ciento anual y motivado por el excelente rendimiento que están recibiendo los inversionistas originales, compramos estas acciones a 5 veces el valor en libro, el rendimiento se nos reducirá al 4 por ciento. A la hora de pagar por una inversión, siempre conserve un “margen de seguridad”. No se arrepentirá.

Noveno, comparar la inversión que deseamos realizar con otra que realmente no es “comparable”. La comparabilidad o la similitud dependen del contexto. Si estuviéramos en marte, un chino y un africano serían sumamente comparables, ya que serían humanos; pero si estuviéramos aquí, en la tierra, los veríamos totalmente diferentes.

Decimo, creer que todo lo podemos hacer solos. Recuerde quién es su mejor activo. Pero también recuerde que debe “alinearlo” a su misión y sus valores y debe evaluarlo periódicamente de forma útil y oportuna y deben existir premios y castigos, es decir, consecuencias por su comportamiento.

Si le gustó el “repaso”, al estilo de Sor Emilia, por favor, déjeme saberlo. nramirezs50@hotmail.com

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