• Ago. 21, 2017, media noche

Tres eventos distinguieron el período entre 1840 y 1890 en EE. UU.: la esclavitud, la expansión al Medio Oeste y Oeste, y el predominio de los Robber Barons, los magnates depredadores comenzando por Vanderbilt hasta Henry Ford. Fue, a comienzos de este ciclo que aparecieron los Rothschild en el escenario americano, escenario también de la secesión del Sur al crear la República Confederada.

La superioridad económica del Norte era neutralizada por la superioridad política del Sur, que controlaba el 60% del congreso. Al salir electo Lincoln como presidente de la Unión con apenas el 40% de los votos, la guerra era inevitable. Según los historiadores, el curso de la contienda se definió con la toma de Vicksburg, que permitió, al Norte el control de Nueva Orleans, principal puerto del Sur por donde salían las exportaciones de algodón hacia Inglaterra, lo que había servido para que el Sur colocara bonos entre los estados del Sur. Sin embargo, la toma de Vicksburg al paralizar las exportaciones de algodón implicaba que esa fuente de financiamiento ya no era posible. 

Así las cosas, el Sur se aproximó a los Rothschild en busca de apoyo financiero, tal como había sucedido con Wellington al vencer a Napoleón. La idea era factible ya que los Rothschild habían mostrado simpatía por la causa del Sur, después de todo el presidente de la Confederación, Jefferson Davis, era judío al igual que su secretario de Estado. El Sur había tratado de vender bonos en Europa sin resultados y los Rothschild dudaron, mostrando aversión al riesgo.

Pero el Sur se innovó a sí mismo. Se les ocurrió emitir bonos garantizados por el precio del algodón, los llamados bonos esterlinos, a 7% el cupón y plazo de 20 años, con el atractivo de que el precio de garantía era el de preguerra, lo que los volvió muy codiciados. A pesar de las derrotas militares del Sur, primero a manos de un general bohemio, Grant, que como dice un historiador, de la noche a la mañana se despertó, como Lord Byron, convertido en una celebridad, y después a manos de Sherman, la demanda del bono aumentaba debido a que el precio del algodón también aumentaba por la guerra. Prácticamente el precio del bono se quintuplicó. El bono esterlino estaba firme. 

Las cosas no eran tan simples. La paralización de las exportaciones de algodón puso en evidencia que la garantía no podría realizarse, pues no había control sobre la producción del algodón. La demanda del bono se vino abajo y al Sur solo le quedaba emitir su propio dinero. El Norte también emitió su propio dinero pero lo respaldaba su producción industrial, en cambio el dinero del Sur carecía de respaldo. Al final, la inflación explotó, los precios en el Sur aumentaron cuatro mil por ciento, en el Norte fue de 60%. Los Rothschild acertaron al no intervenir pues el Norte desconoció las deudas del Sur y los tenedores de bonos lo perdieron todo.

La práctica de desconocer deudas ya había sido descubierta en Latinoamérica donde se convirtió en el deporte favorito. Entre 1826-9, Perú, Colombia, Chile, México y Guatemala hicieron defaults en préstamos de Londres, pero el campeón fue Argentina que hizo defaults doce veces entre 1870 y 1914 y luego repitió en 1982, 1989, 2002 y 2004. 

La saga del financiamiento tuvo repercusiones profundas en la Primera Guerra Mundial aunque el centro financiero pasó a manos de J.P. Morgan, primero y luego el Tesoro Americano, cuando los montos alcanzaron los millardos de dólares, financió a la Entente (Inglaterra y Francia) que, a su vez, financiaban a la Rusia zarista.

 La Entente resultó victoriosa, pero Woodrow Wilson le negó la garantía a Kerensky y al Gobierno Provisional de Petrogrado,en los comienzos de la Revolución Rusa, y por la misma fecha, también se la negó a Wu, el Wilson Chino, permitiendo el triunfo de Lenín, a quien elogió una y otra vez para horror de la Entente y condenando cualquier intento de democratización en China. Treinta años después, Rooselvelt hizo lo mismo financiando a Stalin y mostrando favoritismo a Mao, provocando en ambos casos profundas dislocaciones históricas en las que todavía estamos enfrascados.

Como sugiere un historiador, los triunfos de Lenín, Stalin y Mao señalan la falta de lógica en la historia, un lapsus surrealista de la diosa Minerva. 

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