• Ago. 21, 2017, media noche

Muy difícilmente una persona puede vivir aislada, ya que la convivencia y, por ende, la interacción con otras personas es  indispensable para el adecuado desarrollo, y para el bienestar sicológico y fisiológico individual y del conjunto de la sociedad. 

En el quehacer cotidiano, lo más probable es que debamos convivir con personas que manifiestan actitudes y comportamientos que no necesariamente son de nuestra total aceptación. Si no estamos preparados para aceptar y respetar dichas actitudes y conductas, corremos el riesgo de ser atrapados por la intolerancia,  el enojo, e incluso la ira.

La ira es una de las emociones negativas más destructivas de relaciones interpersonales. Cuando nos atrapa puede impulsarnos a agredir sicológica, verbal y hasta físicamente al prójimo. Nos desnaturaliza y nos puede impulsar a ridiculizar, humillar, avergonzar, vociferar, aplastar, intimidar, e inducir a la venganza. 

Amiga, amigo, la ira es una emoción súper negativa, que se apodera de pensamientos, actitudes y conductas de quienes son atrapados por ella, conduciéndolos inevitablemente a la destrucción. Como dice un estudioso de las emociones, si le da rienda suelta a la ira destruirá a otras personas, y si se la guarda, destruye a su portador. 

Amiga, amigo, para mantener relaciones interpersonales que propicien la convivencia pacífica, es importante capacitarse en el manejo de las emociones, particularmente las negativas, y específicamente la ira, considerando que la ira aniquila la capacidad de pensar y es un fuerte impedimento a la solución de problemas y conflictos. 

No se trata de taparse los ojos y los oídos ante aquellas situaciones o comportamientos que, a su juicio, son incorrectos. Lo que se sugiere es que sabiendo administrar las situaciones conflictivas, cuando algo nos molesta podemos y debemos expresar enojo, mas no ira. Considerando que la ira ciega,  destruye, tiende a salirse de control y magnifica problemas y conflictos; mientras el enojo es una emoción controlable, que proporciona energía para expresar molestia y permite la búsqueda de soluciones a problemas y conflictos.

Dios, nuestro creador, nos insta a que utilicemos adecuadamente el enojo y no nos dejemos atrapar por la ira, porque cuando ello sucede, afloran conductas agresivas, que pueden desembocar en violencia, física y/o verbal, y cuando se llega a ese punto, entonces, se está ofendiendo y dañando al prójimo, a uno mismo y por tanto a Dios.

Amiga, amigo, en aras de contribuir a la práctica de relaciones interpersonales en las que se privilegie la convivencia pacífica, se impone aprender y enseñar a hacer el bien a quien hace mal; a no reaccionar violentamente cuando alguien pretende maltratarlo o no hacer las cosas como uno quiere; a tener conciencia que la dignidad no se defiende con conductas violentas; que ante el insulto o la ofensa no se debe reaccionar agresivamente.

Actuar con responsabilidad en situaciones conflictivas implica luchar consciente y oportunamente contra la ira, y ello se logra apropiándose de dominio propio, este es uno de los frutos que el Espíritu Santo de Dios nos da. 

Amiga, amigo, armados de dominio propio somos capaces de tolerar cualquier diferencia, molestia, incomodidad, insulto, agresión, traición, etc... Si lo logramos estaremos haciendo una importante contribución a la erradicación de la ira y a la construcción de convivencia pacífica en nuestra sociedad. 

Queremos saber de Uds. Los invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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