• Ago. 28, 2017, media noche

Dos fuerzas poderosas han impulsado la prosperidad y el progreso: el comercio y las finanzas. El comercio es un impulso tan primitivo como las necesidades del alimento, la vivienda, el impulso sexual y la cooperación o la competitividad. Y subyacente a cada necesidad está el dinero, definido de muchas formas, dándole fluidez al comercio e incluso impulsándolo con innovaciones financieras.

Las muchas formas del dinero van de las monedas, al crédito, a los bonos, al mercado de capitales, a los mercados a futuro. Marcando cada gran período de la historia se encuentra el ingenio del financiamiento. Por ejemplo, Leonardo da Pisa, mejor conocido como Fibonacci, creador de la serie de números Fibonacci y de la proporción áurea (igual a 1,618) introdujo las matemáticas orientales en la contabilidad, el concepto de tasa de interés, y los tipos de cambio, ya que el comercio se hacía en diversas monedas en la Toscana. Esta innovación fue aprovechada por los Medici, que hicieron fortuna. El milagro de los Medici y su mecenazgo a las artes quedó plasmado en la pintura de Botticelli: “Adoración de los Magos”, donde los tres sabios del oriente representan a otros tantos Medici. 

A pesar de la importancia y de los riesgos en el manejo del dinero, un buen porcentaje de personas expresa desconocimiento del mismo. Por ejemplo, prefiere pagar elevados intereses sobre las tarjetas de crédito sin importarle su uso alternativo, no sabe cuál es el interés que paga, desconoce cómo opera el interés compuesto, y solo un mínimo de personas entiende por qué una acción empresarial es más rentable que un bono gubernamental. Pocas personas se percatan de cuál sería el poder adquisitivo de sus ahorros ante una inflación de siete por ciento y un interés de dos por ciento, eso sin incluir expectativas cambiarias.

Detrás de las crisis financieras se oculta este desconocimiento financiero. El triunfo del dinero no ha sido un progreso lineal, la historia financiera está llena de altibajos, burbujas que explotan, shocks, pánicos bancarios y fraudes increíbles. Desde 1870, se han identificado 148 crisis equivalentes a una probabilidad de 3.6 por ciento, por año. Aún ahora, no obstante la sofisticación en la diversificación de los riesgos las sociedades se muestran vulnerables a las crisis financieras que suceden desde siempre. Como sostiene un estudioso del tema, pareciera que estamos atados, como Sísifo, a una carga llamada “aleatoriedad”. Aún ahora, estamos inmersos en un período deflacionario como resultado de una superburbuja.

Entre los factores explicativos de estas crisis sobresalen la incertidumbre, que es un componente intrínseco en la naturaleza y distinto al riesgo calculable, la incertidumbre no es diversificable. Otro factor es la vulnerabilidad racional de las personas; lo que me choca de las personas son sus inconsistencias, decía Einstein. Un tercer factor asociado a las crisis financieras proviene de la teoría de la evolución, pero no una evolución darwiniana, sino una evolución lamarckiana.

En cuanto a la incertidumbre, los eventos en la vida se repiten y se repiten y son la fuente de datos para formar probabilidades. Pero la ley de probabilidades requiere de una serie de eventos independientes y el pasado solo ofrece una secuencia de eventos donde tendemos a sobreestimar el pasado y a subestimar las sorpresas del futuro. De ahí que ningún modelo predice crisis o, como sugiere el chiste de los economistas, los modelos han predicho doce de las últimas cinco recesiones. 

Esto lleva al segundo factor, la inestabilidad en las decisiones que se juzgan racionales. Una decisión racional implica valorar sus consecuencias. Pero la historia financiera refleja una serie de bipolaridades, se pasa de la euforia al pesimismo por especulaciones ajenas a los fundamentos de los mercados, se observan los “animal spirits” de Keynes, esto es, los comportamientos de manada. Los mercados de valores tienden a imitar las competencias de belleza donde prevalece la reversión a la media, que no es más que una proyección lineal del pasado. Hay una inhabilidad para predecir “cisnes negros”, es decir eventos de baja probabilidad pero con grandes consecuencias, los “riesgos de cola” en la jerga económica. Evitamos el riesgo en los prospectos positivos pero los buscamos en los negativos, procrastinamos en todo. Se sienten más las pérdidas que las ganancias en eventos con igual probabilidad de ocurrencia. Esto lleva al tercer factor.

Una tercera explicación para la errática historia financiera es la teoría de la evolución y aquí entra Schumpeter y su hipótesis de la “creación destructiva”. Lo que está en el centro de las fluctuaciones financieras son los ciclos económicos reales impactados por los cambios tecnológicos, por las revoluciones industriales que se presentan cada vez más en frecuencias cortas, la nueva revolución digital nadie la predijo.

 Y estos cambios comparten características comunes a los sistemas evolutivos. Están los genes que son sistemas de información que pasan de una generación a la siguiente. Hay mutaciones espontáneas que son las innovaciones que nadie predice. Hay procesos competitivos por recursos escasos que determinan qué prácticas de negocios sobreviven y cuáles se extinguen. Hay un mecanismo de selección natural, a través de la administración de recursos, con tasas diferenciales de sobrevivencia. Y hay un margen de diversificación de especies con las innovaciones financieras al igual que hay un margen para la extinción de especies o sea de negocios o incluso de países que no han tenido la capacidad de adaptación al dinamismo de la vida económica. 

La diferencia es que el proceso de selección natural no es un proceso ciego, aleatorio, producto del “blind watchmaker” como dice Dawkins.  Es más un proceso deliberado, consciente, afectado por la investigación y el desarrollo de nuevos métodos de sobrevivencia, no es darwiniano sino lamarckiano, con cabida para el Diseño Inteligente, como argumentan los Creacionistas.

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