• Sept. 11, 2017, media noche

Soy un convencido que uno de los propósitos de Dios para la humanidad está claramente expresado en la palabra: Amado, quiero que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y que tengas buena salud (3ra. Juan 1:2).

Buena salud, es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como: Estado de completo bienestar mental, físico y social; y estudios de los comportamientos humanos demuestran que una autoestima adecuada es determinante para alcanzar ese estado completo de bienestar mental, físico y social, en tanto, representa un potente factor de protección capaz de contribuir a neutralizar diversas conductas de riesgo. 

Un estimado lector nos comentaba que había escuchado que la autoestima es ofensiva a Dios, porque desarrollaba orgullos insanos. 

Desde mi perspectiva, la autoestima, en tanto factor de protección, nada tiene que ver con egocentrismo, o con arrogancia, u orgullo insano, menos aún con complejos de superioridad. 

Sí, tiene que ver con saber amarse a uno mismo,  con amor sano y tolerante. Por el contrario, el egocentrismo es un querer vacío, irreflexivo e intolerante.

A decir de un especialista en el tema, una persona que se ama sanamente no exalta su propia personalidad, no hace de sus sentimientos, pensamientos y opiniones el centro de atención, ni propio ni ajeno. 

Mientras la autoestima fomenta igualdad de pensamientos, sentimientos y comportamientos, el egocentrismo se cree superior en importancia y razón.

La autoestima se basa en humildad. Tiene que ver con emociones y sentimientos; con una percepción de lo que la persona verdaderamente es y vale. La persona con elevada autoestima tiene la firme convicción que no es superior a las demás personas, pero tampoco es menos. Por el contrario, las personalidades egocéntricas y arrogantes, hacen derroche de actitudes y conductas prepotentes y avasalladoras con el prójimo. 

Desde mi punto de vista la autoestima es una de las tantas herramientas que Dios nuestro creador pone en las manos de la ciencia, para servir y apoyar a la humanidad a alcanzar el propósito de buena salud enunciado en 3ra. Juan 1:2. 

Amiga, amigo, Dios quiere lo mejor para nosotros, y qué mejor que una autoestima adecuada, cuya práctica contribuya, entre otros aspectos a: Mejorar el estado de ánimo y estado de bienestar general de las personas; Propiciar energías para conseguir metas y superar de forma saludable los desaciertos; generar actitudes positivas hacia uno mismo y hacia las demás personas. 

Que además contribuya a reducir la probabilidad de ser afectados por problemas de carácter psicológico y social, en estos tiempos de muchos riesgos en que vivimos. 

Amiga, amigo la autoestima es indispensable para disponer de buena salud. Hay que fortalecerla, ello demanda: potenciar la capacidad de autorrespeto; saber apreciar en su verdadera dimensión lo que somos, lo que tenemos; y aplicar en el quehacer cotidiano, habilidades y capacidades de que uno dispone; es necesario conocernos y aceptarnos tal cual somos; Valorarnos positivamente siempre; aceptar errores y fracasos como algo natural de la existencia humana. Proponerse metas realistas y reconocer la propia valía y el mérito de ser amado y respetado por las demás personas.

Seguramente una personalidad con atributos como los mencionados, debe disfrutar de buena salud e irradiar paz y estabilidad.

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com 

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