• Sept. 18, 2017, media noche

En los tiempos actuales, adiestrarse en la administración de las emociones, debería ser una actividad de obligatorio cumplimiento para toda persona que pretenda disponer de vida de calidad, libre de ataduras o emociones negativas y a sus consecuencias.

Los humanos somos seres sociales; la psique ejerce fuerte influencia en el estado de salud físico y en las conductas de las personas. La psique adecuadamente adiestrada contribuirá a comportamientos asertivos, sanos y alejará a la persona de trastornos emocionales que puedan dificultar la existencia de dicha persona.

Diversos estudios muestran que en el mundo actual, miles de personas experimentan trastornos causados por el estrés, el miedo, la angustia, etc... que les impiden  desarrollar al máximo sus capacidades en las actividades cotidianas, y para lograrlo deben recurrir al consumo de fármacos. Al respecto, el siquiatra y sicólogo Augusto Cury, alerta acerca de la existencia de “miles de personas que viven como esclavos modernos, paralizados por el miedo, la inestabilidad y la angustia; carecen de ataduras físicas, pero se sienten agobiados por preocupaciones irreductibles, por pensamientos perturbadores y por una mente inquieta, ansiosa, agitada, que piensa descontroladamente y que jamás puede relajarse”.

El incremento de trastornos emocionales es más visible en la actualidad, y sus manifestaciones destructivas y autodestructivas se reflejan en el entorno y en el contenido noticioso, mediante el cual diariamente somos informados acerca de hechos violentos, agresiones sicológicas, verbales y físicas  cometidos generalmente por personas que probablemente adolecen de falta de racionalidad adecuada, que son esclavas de emociones negativas. Personas que quizá en un contexto se muestran afectivas y condescendientes, pero en el seno familiar se tornan intolerantes, agresivas, incapaces de ejercer control sobre sus emociones negativas. Estas personas enmascaran en conductas agresivas sus trastornos emocionales, conflictos internos, frustraciones, miedos quizá infundados, inseguridades y angustias. 

Son incapaces de administrar y controlar sus emociones, son nocivas y peligrosas para su entorno, por ende, la posibilidad de coexistencia con ellos, sin que medie un proceso de aprendizaje para administrar adecuadamente las emociones negativas, es de mínima a nula.

Jesús, el maestro de las emociones, nos proporciona enseñanzas y mediante su extraordinario manejo del equilibrio emocional (como cuando es abofeteado por un aguacil y su respuesta, en vez de agresividad, denota apacibilidad y mansedumbre, enviando un mensaje de coherencia a sus seguidores, indicando que hacía lo que predicaba) ejemplifica y demuestra que con Dios en el corazón se pueden enfrentar positivamente las reacciones subjetivas que producen situaciones en el entorno.

Las emociones son innatas en nosotros, creo que no las podemos evitar, pero sí las podemos moldear y direccionar en favor nuestro y del entorno, y en eso es que hay que enfrascarse para lograr vida plena, de calidad y en libertad.

Direccionarlas en nuestro favor requiere ejercitar el autocontrol, que pasa por conocer las manifestaciones de las situaciones que nos afectan, así como tomar control sobre las reacciones para impedir que nos  lleven a conductas de las que podamos arrepentirnos después.

Amiga, amigo, si usted siente la necesidad de adiestrarse en el manejo de emociones negativas, inicie abriendo su corazón para Jesús, acéptelo como su Señor y Salvador; busque ayuda especializada y dedique tiempo a la lectura de la palabra. 

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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