• Sept. 20, 2017, media noche

Hemos asistido a varias bodas últimamente y es muy refrescante presenciar a jóvenes enamorados, ilusionados por comenzar una vida juntos, esperando lo mejor; tejiendo sueños de un futuro lleno del amor que se han tenido en los años de noviazgo. Entonces me pregunto, ¿por qué al cabo de un tiempo, se nos olvida ese momento tan precioso? Un amigo me contaba que por primera vez en 15 años, se va con su esposa de vacaciones por dos semanas. Se rio y me dijo: ojalá que aguantemos…

Para nosotros: un buen matrimonio significa que los esposos seamos capaces de gozar de nuestra compañía, que seamos mejores amigos, que mantengamos la complicidad que existía desde que estábamos de novios; de hecho, esa complicidad va aumentando en la medida que la unidad va tomando control de nuestra relación. En las bodas, generalmente se repiten los votos tradicionales: “prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza y amarte y respetarte todos los días de mi vida…”. Son palabras muy profundas y llenas de un compromiso incondicional, pero creo que hoy en día los matrimonios se desbaratan por menos de lo que se prometen el día de la boda. 

Me he atrevido a escribir unos votos que recogen lo que mi esposo y yo, en 26 años de casados, hemos tenido que prometer, y reprometer para poder gozar del matrimonio que hoy tenemos, lejos de ser perfecto, pero lleno de amor y unidad. 

Él:

1 Prometo no gritarte ni hacerte sentir menos.

2 Prometo que no me importará si envejeces o ganas unas cuantas libras, no voy a tener ojos para otra.

3 Prometo que podrás pedirme que pierda peso o deje de tomar o comer cosas que me hacen daño, y no lo tomaré a mal.

4. Prometo trabajar para traer el sustento a nuestro hogar y haré todo lo posible por apoyarte en lo económico, sacrificando tiempo, aspiraciones personales y orgullo.

5 Prometo escucharte y tenerte paciencia cuando necesitas hablar más de lo necesario o desahogarte.

6 Prometo hacer lo que esté a mi alcance para que no perdás el respeto y la admiración por mí.

Ella:

1 Prometo no decirte -te lo dije- cuando te hayas equivocado, y darte el beneficio de la duda antes de juzgarte.

2 Prometo celebrar tus triunfos y estar a tu lado en tus fracasos; y reconocer verbalmente las cosas buenas y bondadosas que haces por tu familia y por otros.

3 Prometo confiar en vos y perdonarte las veces que traiciones mi confianza.

4 Prometo escucharte, cuidarte y atenderte, aunque a veces esté muy cansada para hacerlo; haré mi mejor esfuerzo sin que los hijos sean un impedimento para ello.

5 Prometo apoyarte en lo económico y si es necesario, trabajar fuera de la casa para completar el presupuesto familiar; y ser buena administradora de nuestro dinero y no gastar en lujos y cosas innecesarias. 

6 Prometo respetar y apoyar a tus padres en la forma que ellos lo necesiten

7 Te acepto como sos, no trataré de cambiarte, pero sí voy a orar para que el Señor transforme lo que necesite para que se cumpla el propósito que Él tiene para tu vida. 

El amor es una decisión, la fidelidad es una decisión, el perdón es una decisión, el compromiso es una decisión. No hay una fórmula matemática para que un matrimonio funcione, pero sí hay un mínimo común denominador para tener un buen matrimonio, nosotros lo encontramos hace 22 años –Jesús-. Es lo único que puede transformar lo negativo en positivo, darnos la fortaleza y la paciencia para perseverar a pesar de las circunstancias, pero sobre todo, tejer la unidad espiritual y emocional que se necesita para enfrentar todo tipo de tempestades y no “bajarnos del barco”.

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