• Sept. 20, 2017, media noche

Estimado lector, siempre hemos creído que la mejor política social es la política económica que promueve el crecimiento económico y que la primera responsabilidad de la dirección superior de una empresa es analizar el entorno económico, político y social. Por eso hemos considerado volver a conversar con usted, no cómo establecer una tasa de crecimiento económico, sino cómo podemos aumentar estas tasas y promover que las mismas alcancen su máximo potencial.

Cuando estuvimos al frente del Banco Central, nunca nos impusimos tasas de crecimiento a ser alcanzadas, pero sí hicimos lo posible para crear las condiciones necesarias para garantizar la estabilidad monetaria y que la economía creciera a su potencial de forma sostenible. El resultado fue un crecimiento promedio anual de más o menos un 5 por ciento y una inflación promedio anual inferior al 10 por ciento. ¿Fue lo que deseábamos? No. Pero hicimos lo que las condiciones objetivas nos permitieron lograr.

Cuando la economía está sujeta a una gran inflación, la pregunta es: ¿Cómo terminar con ella? Y cuando lo hemos logrado, la pregunta pasa a ser: ¿Cómo podemos crecer? Y cuando tenemos estabilidad financiera y crecimiento, la pregunta es: ¿Cómo podemos crecer más? Sin embargo, si politizamos el tema, podemos perder la oportunidad de discutirlo con seriedad y rigor. Por lo tanto y como desde hace un buen tiempo hemos estado disfrutando de la estabilidad financiera y del crecimiento económico, ya desde hace un buen rato nos hemos estado preguntando cómo podemos crecer más rápido y para que usted pueda abordar este tema responsable e inteligentemente, hoy compartiremos algunas consideraciones sobre el particular.  

Los estudiantes de países en desarrollo que, en mi época, estudiamos en Yale, debíamos tomar cursos en política monetaria con James Tobin; en comercio internacional, con Carlos Díaz-Alejandro; y en desarrollo económico, con Gustav Ranis y John Fei, autores del clásico “Development of the labor surplus economy” y los fundadores, con Arthur Lewis, del área del desarrollo económico. Esto nos obligó, después de salir de Yale, a continuar leyendo lo que se publicara sobre el particular y por eso ya les hemos recomendado leer “Word economic growth”, de Arnold Harberger, de la escuela de Chicago, que nos dice que para crecer necesitamos mantener controlada la inflación y aprovecharnos del comercio internacional, y “Keys to prosperity: free markets, sound money and a bit of luck”, de Rudi Dornbusch, de M.I.T., que nos dice que para crecer necesitamos economías de mercado, estabilidad monetaria, apertura al mercado internacional y un poco de suerte.    

Sin embargo y para seguir profundizando en cómo abordar este tema, le recomendaremos que lea la obra de Chenery, Robinson y Syrquin, publicada por el Banco Mundial y titulada “Industrialization and growth: a comparative study”. Al día de hoy, las cifras ya no son relevantes, pero las conclusiones son fundamentales.  Recordemos que para el FMI su prioridad es la estabilidad monetaria, pero que para el Banco Mundial la prioridad ha sido el crecimiento económico y los ajustes estructurales necesarios para fortalecerlo. Por eso vale la pena leer a Chenery, quien además de enseñar en Harvard, fue vicepresidente del banco. Y para motivarlo a leerlo, compartiré con usted algunas de sus reflexiones sobre cómo acelerar el crecimiento económico y reducir la pobreza. Chenery nos ayudará a abordar este tema con un esquema conceptual sólido y relevante.

Sus conclusiones empíricas están basadas en varias decenas de países, con distintas características y analizados por más de dos décadas. ¿Y cuales son algunas de sus conclusiones?  Estamos seguros de que usted ya las conoce, pero lo interesante es la forma sistemática en que nos las presenta.

Que el crecimiento económico se logra y se fortalece aumentando el capital, aumentando la mano de obra o aumentando la productividad de estos factores de la producción. Pero que cuando todos estos factores se juntan, el crecimiento es mucho más fuerte. Sin embargo, cuando la mano de obra es redundante, por razones de subempleo o desempleo, su crecimiento pierde toda importancia.

Que el aumento en la productividad del capital y la mano de obra se puede obtener mejorando la calidad de cada uno de ellos, del capital con innovación tecnológica y de la mano de obra con educación útil y relevante.

Que el aumento en la productividad de estos factores de la producción también se puede obtener reasignándolos a sectores más productivos.  Por ejemplo, trasladándolos de la agricultura a la manufactura y ahora a los servicios; trasladándolos del sector público al privado, o trasladándolos de producir para el mercado local al mercado internacional, es decir, al sector exportador.

Que la reasignación de los recursos al sector exportador es crucial para economías pequeñas, ya que el mercado local es muy reducido y no permitirá un crecimiento fuerte y sostenido, además te permitirá importar tecnología, atraer la inversión extranjera y obtener una fuente de divisas creciente que te permitirá mantener una capacidad de importar, también creciente, que es una condición necesaria para mantener altas tasas de crecimiento económico. Sin divisas no hay importaciones y no habrá crecimiento. La estrategia del endeudamiento externo se agota rápidamente.

Que para ser exitoso en el mercado de exportación, antes debes haber sido exitoso en producir para el mercado local, por lo que diversificar exportaciones sin haber tenido esa experiencia previa con el mercado doméstico, puede ser extremadamente riesgoso. Sin embargo, esto no significa que solo vamos a exportar los excedentes que no pudimos vender localmente. Necesitamos saber qué es lo que demanda el mercado internacional.

Que para lograr este proceso de reasignación de recursos e incrementos en la productividad, siempre se ha requerido de un entorno económico favorable, es decir, una estabilidad financiera, una estructura de precios que estimule la producción y una tasa de cambio real que promueva al sector exportador.

En las etapas iniciales del crecimiento, la acumulación de los factores ha sido más importante que el incremento en la productividad de los mismos, pero luego la productividad ha venido ganado importancia relativa, pero sin que la acumulación de recursos deje de ser crucial. Estos planteamientos no son exhaustivos, pero es mejor que nada y ahora ya sabe a donde recurrir. Sería interesante que la Presidencia de la República autorizara al Banco Central para que, con el Cosep y el apoyo del Banco Mundial, se realizara un ejercicio para ver dónde estamos y cómo podríamos crecer más rápido.  

nramirezs50@hotmail.com

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