• Sept. 25, 2017, media noche

Es triste y doloroso presenciar comó el alcoholismo, cual huracán categoría cinco o terremoto escala nueve, todos los días arranca de raíz, derrumba y entierra vidas y familias. 

Creo que la comparación no es exagerada, ya que los estragos que provoca el alcoholismo no son muy diferentes a los causados por dichos fenómenos naturales. Quizá la diferencia pueda residir en que al alcoholismo se llega a partir de una decisión personal en la búsqueda de sensaciones y estados, supuestamente placenteros, así como, comportamientos que solamente bajo los efectos del alcohol se es capaz de practicar.   

El alcoholismo es una peste silenciosa cuya existencia data desde tiempos inmemoriales, como tal, es promovida abiertamente y aceptada por la conducta social como un hábito normal e inherente al ser humano. 

Las personas, sin distinción de sexo, condición económico-social, religión, raza, etc... se inician en el consumo buscando un supuesto disfrute, y canalizar emociones negativas (miedos, tristezas, pérdidas, etc...) o positivas (triunfos, alegrías, festejos, etc...). Sin embargo, al final del día pasan a un estado de esclavitud al señorío de una sustancia tóxica, que se convierte en el centro de la vida misma.

Muchas personas, debido al alcoholismo  van perdiendo paulatinamente familia, trabajo, amistades, dinero y bienes en general, amén de perder el respeto, la dignidad y responsabilidad para con ellos mismos y para con los demás. 

Cuando uno observa el comportamiento de un alcohólico, no deja de preguntarse: dónde está la responsabilidad y el respeto del adulto que prioriza el consumo de licor  por encima del bienestar psicológico y económico de quienes dependen de él?; ¿Cuál es la responsabilidad y el respeto que muestra quién conduce un vehículo bajo los efectos de unas cuantas copas de licor o cerveza, y causa un accidente?; ¿Dónde está el respeto y la gratitud de quienes a causa del alcohol tiran por el desaguadero los sacrificios de los padres para preparar y sacar adelante a sus hijos(as)?, etc.

La Biblia en proverbios 23 alerta acerca del aparente carácter inofensivo del alcohol al iniciarse en el consumo, así como, el riesgo de convertirse en bebedor crónico: “No te fijes en lo rojo que es el vino, ni en cómo brilla en la copa, ni en la suavidad con que se desliza; porque acaba mordiendo como serpiente y envenenando como víbora. Tus ojos verán alucinaciones, y tu mente imaginará estupideces. Dirás: Me han herido, pero no me duele. Me han golpeado, pero no lo siento. Cuando despierte buscaré otro trago”.

Iniciarse en el consumo de alcohol es sencillo, salirse, eso sí es difícil, no hay fórmula mágica. Para lograrlo se necesita ayuda profesional y espiritual. La terapia de Dios es transformar los pensamientos y creencias erradas del alcohólico. Cuando esto sucede, también la conducta va a ser modificada gradualmente.

Amiga, amigo, si estás lidiando con un ser querido que ha caído en alcoholismo y quizá te sentís cansado, frustrado porque has puesto tu mejor esfuerzo y no ves resultado, quiero animarte a seguir adelante, porque se puede, a lo mejor otras personas consideren al alcohólico un caso perdido, pero tenga fe y esperanza, para Dios no hay casos perdidos, esos son su especialidad. 

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

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