• Jul. 30, 2008, 3:46 p.m.
Han pasado cuarenta años de bregar por la vida, caminando con la pertinencia y disciplina espartana y doy gracias a Dios en primera instancia por la oportunidad de compartir algunos minutos con ustedes amigos lectores. El tiempo pasa y ese no perdona a nadie se escucha con vehemencia, especialmente cuando al filo de las madrugadas se aprecian mundos de constelaciones y grabados estilizados  bajo la inspiración del silencio, penetrando con ahínco  las ideas donde el cerebro perpetua  lo incondicional de la palabra vivida.
La verdad es que las caminatas se hacen siempre y de la manera que a cada quien le calce respecto a su propio tiempo y espacio. El hábito se fue forjando y los pasos que bien apurados eran en un principio con la niñez, hoy siguen siendo beligerantes, pero con menos ritmo. Llega el momento en que las articulaciones y los huesos crujen; aunque lo mejor y satisfactorio es haber cumplido con la cuota semanal de caminar al menos cuatro horas, es decir, 240 minutos, más allá del diagnostico medico que señala que 30 minutos por cinco días es lo recomendable para tener el aparato cardio- pulmonar en condiciones estables.
La dieta es fundamental para no hacer doler áreas corporales sensibles; no se puede tener un estómago carbohidratado en exceso. Resulta incómoda la caminata, pues si bien se eliminan toxinas no se cumple la función primordial de que a determinada estatura exista una compensativa y estilizada cantidad de libras, proporcional a una dimensión aceptable desde el punto de vista de lo que se conoce como un cuerpo atlético.
El principio de que todo se puede es cierto, siempre y cuando el valor de las actitudes y aptitudes vayan de la mano. Todos los días siempre tienen un especial sentir, pues respirar la ternura matutina es rejuvenecer la sonrisa corporal, pero fundamental es poner el pie al borde de la cama, de ahí en adelante se estremece las palabras en el pecho… caminantes no hay camino, se hace camino al andar.
Y el propio cuerpo obedece de una manera inteligente a dicha actividad, la costumbre se hace ley. No existe nada ni nadie que evite hacer patria con uno mismo, la salud se gana y fundamenta un cuerpo que desea amanecer junto a los mismos pasos de siempre. Ganando libertad y pasión, eliminando las enfermedades inventadas y llevando a un equilibrio manifiesto al individuo.
El ejercicio se construye con escuela, con educación, es un manifiesto cultural el amanecer del nuevo día, es la tarea que pone en movimientos las razones que nos hace existir, decirlo no es un problema, hacerlo tampoco lo es. Tan solo es cuestión de  conocer a ese otro yo, que a veces esta muy distante de nosotros mismos. Ese que hay que invitar a caminar para que aprenda a soñar que las caminatas son el paseo mas duradero para la relativa existencia.
   

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