• Sept. 27, 2017, media noche

Estimado lector, hace un buen tiempo leí un libro de William Black, titulado “The best way to robe a bank is to own one”.  Sin embargo, aunque usted no lo crea, la gran mayoría de los banqueros son personas de bien y la intermediación financiera cumple un papel fundamental en el proceso de desarrollo económico y social.  Sin embargo, debido al alto “palanqueo” y que no todos actúan racionalmente o en el interés de sus depositantes, deben ser muy bien supervisados.

Cuando nosotros deseamos tener una idea de cómo va un banco, lo que hacemos es visitar al gerente general, al gerente de crédito o al gerente de control del riesgo para preguntarles cuál es el rendimiento sobre los activos, cuál es el rendimiento sobre el capital, cuál es la mora, cuál es la verdadera exposición cambiaria y qué les preocupa de cara al futuro en el corto plazo.  Si nos externan alguna preocupación indagamos un poco más sobre el particular y normalmente preguntamos sobre los márgenes financieros, los ingresos por servicios y los gastos operativos. Para concluir la conversación y después de habernos tomado un buen capuchino, les brindamos algunas ideas para que las tengan en mente. Normalmente estas reuniones son mucho más fructíferas que las asambleas de accionistas, ya que en ellas no hay mucho tiempo para preguntar y para que te respondan, y a veces no es conveniente hacerlo en ese momento. Además, los asistentes están más interesados en saber cuánto fueron sus dividendos.

Como ya le hemos mencionado, nuestra suegra tiene su propio esquema de análisis y consiste en retirar sus fondos del banco, si este, a diferencia del resto de la industria, empieza a subir mucho los intereses por los depósitos.  Brillante y sencillo y no tenés que ir a Yale, Harvard o M.I.T. Otro amigo nos decía que él se sentía tranquilo con su banco cuando su presidente estaba tranquilo, jovial, no muy ocupado con las cosas del banco y dedicado a sus pasatiempos de carácter social. Que en caso contrario se preocupaba por la situación de su banco y de sus depósitos en el mismo. Cada quien tiene su manera de “matar pulgas”.

Sin embargo, hoy hemos deseado compartir con usted las recomendaciones que sobre este tema nos brinda Aristóbulo de Juan, quien fue director del Banco de España, y que se encuentran resumidas en su artículo “De buenos banqueros a malos banqueros”.  Y como podrá ver, el título de nuestro artículo lo tomamos, casi literalmente, de don Aristóbulo, ya que el título y el contenido de su artículo siempre nos han encantado. Según don Aristóbulo, las políticas y prácticas que se deben evitar para no caer en una mala gestión técnica de la institución bancaria son, entre otras, las siguientes:

Primera, la concentración de riesgos, que se produce cuando se conceden créditos o garantías en volumen desproporcionado con el capital del banco a un solo prestatario o a un determinado sector o industria.  En este caso no nos estamos diversificando, que es una de las razones de ser de la institución bancaria y por lo que se le permite operar con recursos de terceros y un elevado “palanqueo”.

Segunda, los créditos vinculados, que se producen cuando el banco presta dinero a sociedades que son propiedad, total o parcialmente del banquero o del banco. Estos son los famosos “préstamos relacionados” que, normalmente, son muy difíciles de identificar y con relación a los cuales la gerencia de crédito tiende a reducir sus estándares de calidad a la hora de administrar el riesgo.

Tercera, el “mismatching” o asimetría, que se produce cuando se conceden créditos a plazos que no guardan relación con los plazos de los depósitos. Sin embargo,los montos y los plazos no tienen que coincidir exactamente, ya que la “transformación” de los plazos forma parte de la esencia de la actividad bancaria, dado que el dinero es fungible y los depósitos permanecen en el banco más tiempo del que establecen sus plazos formales. Y esta “transformación” de plazos es la que le permite a la banca financiar préstamos de largo plazo con recursos de corto plazo y aumentar su margen financiero.  Actualmente mucho se ha avanzado en el desarrollo de las técnicas para manejar adecuadamente las “brechas entre activos y pasivos”.  Esta asimetría también es muy peligrosa en el campo del riesgo cambiario. Muchas veces los bancos se endeudan en dólares para financiar operaciones que no generan dólares y se sienten tranquilos simplemente porque el contrato firmado obliga al deudor a pagar la deuda en dólares.    

Cuarta, cobro ineficaz.  Recordemos que no hay malos pagadores, sino malos cobradores.  Esto es cierto en general, pero muchas veces la política de cobros se debilita expresamente debido a conflictos de interés entre el banco y las empresas propiedad de los banqueros.  ¿Qué abogado de un banco va a ir a ejecutar y embargar al gerente general de ese banco o a su presidente?  Estoy seguro que deben existir algunos, pero todavía no he conocido a uno solo y lo más seguro es que ya no trabaje para ese banco.

Quinta, controles internos inadecuados, especialmente en el área del control del riesgo crediticio. En este caso los incentivos inadecuados, por ejemplo el crecimiento a toda costa o los arreglos institucionales mal estructurados, como el hecho de no separar las responsabilidades del supervisor y el supervisado pueden llevar a graves problemas.

Sexta, la gestión de “maquillaje”, como por ejemplo, establecer provisiones por debajo de lo necesario, considerar como ingresos intereses devengados pero incobrables, revalorizar activos y anticipar la contabilización de los ingresos y posponer los gastos, todo con el fin de aumentar las utilidades y mantener la distribución de dividendos. Es decir, “invertir” el estado de pérdidas y ganancias, empezando por las utilidades. Los problemas más serios de un banco no se encuentran en los préstamos clasificados como vencidos o morosos, sino que están ocultos en los clasificados por el banquero como buenos.

Séptima, la gestión “desesperada”.  Cuando el maquillaje no funciona, el banquero recurre a operaciones de muy alto riesgo, creyendo que saldrá del hoyo, pero se hunde para siempre.

Y octava, el fraude, caracterizado por préstamos ficticios y relacionados.

Según don Aristóbulo, en la industria bancaria, la insolvencia, es decir la quiebra, siempre precede a la iliquidez y nosotros creemos que esta es la realidad, aunque hemos escuchado algunos argumentos en contra, especialmente cuando, por falta de confianza, se producen retiros masivos de depósitos que obligan al banco a vender su cartera a precios de “guate mojado”. 

Recordemos que la rentabilidad sobre el capital del banco depende del rendimiento sobre los activos y el nivel de apalancamiento. Pero cuando ese incremento en el rendimiento sobre el capital se debe únicamente a un incremento en el apalancamiento, no estamos aumentando la productividad, solo estamos incrementando el riesgo.  

nramirezs50@hotmail.com

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